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5 de Junio de 2021 - Nota vista 737 veces

“Dimensión social de la fe”

“El Creador no nos abandona, nunca hizo marcha atrás en su proyecto de amor, no se arrepiente de habernos creado. La humanidad aún posee la capacidad de colaborar para construir nuestra casa común.” (Encíclica: Laudato Si¨,13 Papa Francisco)

SALVAGUARDAR EL MEDIO AMBIENTE:

EL HOMBRE Y EL UNIVERSO DE LAS COSAS:


La relación del hombre con el mundo es un elemento constitutivo de la identidad humana. Se trata de una relación que nace como fruto de la unión todavía más profunda, del hombre con Dios. El Señor ha querido a la persona humana como su interlocutor: sólo en el diálogo con Dios la criatura humana encuentra la propia verdad, en la que halla inspiración y normas para proyectar el futuro del mundo, un jardín que Dios le ha dado para que sea cultivado y custodiado. Ni siquiera el pecado suprime esta misión, aun cuando haya marcado con el dolor y el sufrimiento la nobleza del trabajo.

La visión bíblica inspira las actitudes de los cristianos con respecto al uso de la tierra, y al desarrollo de la ciencia y de la técnica. El Concilio Vaticano II declara que “tiene razón el hombre, participante de la luz de la inteligencia divina, cuando afirma que por virtud de su inteligencia es superior al universo material”. Los Padres Conciliares reconocen los progresos realizados gracias a la aplicación incesante del ingenio humano a lo largo de los siglos, en las ciencias empíricas, en la técnica y en las disciplinas liberales. El hombre “en nuestros días, gracias a la ciencia y la técnica, ha logrado dilatar y sigue dilatando el campo de su dominio sobre casi toda la naturaleza”.

Puesto que el hombre “creado a imagen y semejanza de Dios, recibió el mandato de gobernar el mundo en justicia y santidad, sometiendo a sí la tierra y cuanto en ella se contiene, y de orientar a Dios la propia persona y el universo entero, reconociendo a Dios como Creador de todo, de modo que con el sometimiento de todas las cosas al hombre sea admirable el nombre de Dios en el mundo”, el concilio enseña que la actividad humana, individual y colectiva o el conjunto ingente de esfuerzos realizados por el hombre a lo largo de los siglos para lograr mejores condiciones de vida, considerado en sí mismo, responde a la voluntad de Dios”.

Los cristianos “lejos de pensar que las conquistas logradas por el hombre se oponen al poder de Dios y que la criatura racional pretende rivalizar con el Creador, están por el contrario persuadidos de que las victorias del hombre son signos de la grandeza de Dios y consecuencias de su inefable designio”. Los padres Conciliares subrayan también el hecho de que “cuanto más se acrecienta el poder del hombre, más amplia es su responsabilidad individual y colectiva” y que toda la voluntad humana debe encaminarse, según el designio de Dios y su voluntad, al bien de la humanidad. La iglesia católica no se opone en modo alguno al progreso, a contrario, considera “la ciencia y la tecnología…, un maravilloso producto de la creatividad humana donada por Dios, ellas nos han proporcionado estupendas posibilidades y nos hemos beneficiado de ellas agradecidamente”. Por eso, “como creyentes en Dios, que ha juzgado “buena la naturaleza creada por Él, nosotros gozamos de los progresos técnicos y económicos que el hombre con su inteligencia logra realizar”.

Bibliografía: Conferencia Episcopal Argentina, “Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia” 2005. Argentina


Grupo Peregrinos Parroquia Ntra Señora del Santísimo Rosario de Pompeya. Concordia.

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