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Por Dario H. Garayalde para El Heraldo - 20 de Febrero de 2021 - Nota vista 1122 veces

Futuro de unidad o decadencia asegurada

Tendría plena confianza en el porvenir de Argentina si viera signos definidos de apertura mental por parte del gobierno. El contraste entre lo que se percibe públicamente y la realidad que se advierte en la real visualización es tal, que acusa una marcada dosis de anormalidad. No es necesario recordar la repugnancia que produce casi todo lo que se refiere a la “gestión oficial”, a muchas instituciones, a algunos medios oficiales y otros marcadamente oficialistas especialmente en la televisión denominada pública y que está sucediendo, como ya sucedió antes – transformarse en instrumento de propaganda–.

En este encierro forzoso, pero aun así he podido ver lo que sucede en otras partes y atisbar el increíble deterioro en el que nuestra vida pública y en mayor medida la privada. El día en el que no nos hemos dejado tomar en esta división que nada bien le hace a las Instituciones de la República, en primer lugar a la Constitución nacida “con el objeto de constituir la Unión Nacional”, como dice el Preámbulo que trabajosamente aprendimos en la escuela, nos hace entender, claramente esa anomalía de la política actual. Pero no me gusta engañarme si desde el propio gobierno no dejan de hacer referencia “a los 4 años anteriores” o “el gobierno anterior, estableciendo de hecho la división, porque “si los otros” gobernaron, es porque ganaron la elección, simplemente porque el votante los eligió. Por lo tanto, es natural que esa mitad se sienta agraviada por quienes no se hacen cargo de las culpas propias.

Creo que los pases de factura mantienen la división, por lo tanto su inconveniencia. Además todos estamos esperando que empiecen de una buena vez a gobernar y dejen de describir lo que ven. Se supone que si se postularon para resolver los problemas, lo menos que se debe pensar es que ya los conocían. No fueron elegidos para “sorprenderse de lo que encuentran”. Si no lo pueden hacer sería lo apropiado un llamado sincero para establecer un programa común de coincidencias; reunirse unos y otros para superar esta mediocridad perenne en la que estamos sumidos y retomar el camino de “las grandes cosas”.

Para eso hay que superar el “enquistamiento mental”, es decir esa cerrazón, esa actitud que se parece mucho a los moluscos que cierran sus valvas y no dejan penetrar nada. En el caso de las personas, lo que queda afuera es la visión de conjunto, de consenso. Esta propensión se estimula hábilmente por los que tienen interés en mantener el statu quo de un país enfrentado. (Laclau)

Uno de los recursos más usados es “dar por supuesto” lo que no es evidente ni mucho menos.

Hace muchos años, quizás medio siglo el Dr. Germán Bidart Campos decía que eso era una forma de terrorismo aplicado a lo intelectual y creo que no se equivocaba.

Se puede comprobar en gran número de “debates”; o “coloquios” que nos ofrece la televisión. La selección de las personas que intervienen– y los pequeños públicos amaestrados– y profesionalizados, casi siempre permanentes, ya se asegura la operación. Pero si se examina el contenido de la mayoría de las intervenciones dan por supuesto algo que en modo alguno puede tener validez automática. Con ello se da una especie de “pie forzado” a los que intervienen en el diálogo. Parece que tienen que “partir” de ahí, lo que ya es inaceptable; en segundo lugar, si se atreviera a discrepar, dan la impresión de estar negando la evidencia, de ser arbitrarios o una especie de intolerantes.

Es patético ver a algunas personas de buena intención, pero demasiada ingenuidad, debatirse penosamente en las redes que les han tendido. Los organizadores tienen buen cuidado de no llevar a alguien capaz de “pincharles el globo” o de decir “nego suppositum” algo tan necesario que suele ser salvador.

Esta es solo una pequeña muestra del tipo de sociedad que conduce indefectiblemente a la decadencia.

Lo que me parece indispensable es la necesidad de la percepción de lo real, la toma de posición personal ante ello, el ejercicio de la estimación y la preferencia.

Esto me parece que es lo deseable y condición indispensable para que el cuerpo nacional recobre la salud perdida es que se eliminen los enquistamientos, se deje que la realidad penetre en las mentes, como el aire cuando se abren las ventanas.

El hombre no puede más que vivir si no es justificando lo que hace; si le falta la justificación deja de comportarse como una persona y se convierte en instrumento pasivo de otros o de alguien que ha dimitido de su condición. Hay grupos bastante numerosos, concentrados en algunas provincias con gobernadores vitalicios con mentalidad feudal aferrados al poder y prefieren gerenciar la desigualdad y el atraso provinciano.

No existe el cuco los neoliberales tan pregonados. Lo que sí existen son los malos gobiernos incluido este, que no se diferencian en nada, salvo en el discurso, de fracasos anteriores. Y además vemos por donde se encamina, para saber de antemano que nuevamente se equivocan en las propuestas y nos conducen a un destino de fracaso y enfrentamientos.

El único tratamiento posible es “el aire libre”, la apertura de las mentes a los aires del contexto y bregar para que los argentinos nos entendamos entre nosotros.

Nadie nos va a regalar la prosperidad, tenemos que logarla nosotros sobre la base de un programa común a todos y entender que el futuro es una construcción colectiva, que no surgirá de la visión de ningún iluminado.

Tomemos como ejemplo a esa tan vapuleada y denostada GENERACION DEL 80 por los delirantes de siempre, que fue capaz de imaginar y crear un modelo económico que puso a la Argentina entre los primeros países del mundo, sin analfabetismo a través de la escuela pública, fomentando la colonización, con líneas telegráficas cubriendo toda la geografía, ferrocarriles que integraron la Nación, haciendo nacer nuevos pueblos en torno a sus estaciones y llevando el progreso a la producción.

Julio A. Roca, Carlos Pellegrini, Roque Sáenz Peña, Aristóbulo del Valle, Juan Bautista Alberdi, Nicolás Avellaneda quienes en realidad fueron la continuación de la Generación del 37. Así ese progreso se extendió también durante toda la primera parte el siglo veinte, aunque ya con otros hombres, otros actores, pero aun así, esa prosperidad se extendió durante 70 años de ininterrumpido progreso.

Estamos a tiempo de intentarlo de nuevo ¿Por qué no?

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