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Colaboración de “Encuentro Cinematográfico” por Dr. Jorge Norberto Mario - 21 de Noviembre de 2020 - Nota vista 703 veces

El cine argentino del año 1934 (2da. Parte)

“RIACHUELO” Es una película filmada en blanco y negro de Argentina Sono Films con 81 minutos de duración; dirigida por Luis José Moglia Barth sobre su propio guion escrito en colaboración con el peruano José Bustaman te y Ballivián según un argumento propio de este; con música original de Edgardo Donato y Máximo Orsi. Protagonizada por Luis Sandrini, Maruja Pibernat, Alfredo Camina, Héctor Calcaño, María Esther Gamas, Joaquín Pérez Bilbao, Juan Sarcione, Margarita Solá, Froilán Varela, Vicente Forastieri, “Riachuelo” contó con la fotografía de Francis Boeniger siendo responsables del montaje Edgardo Donato y Máximo Orsi, y de la escenografía se encargó Juan Manuel Concado.

Fue la tercera película de este director para la productora Argentina Sono Film, que tuvo grandes dificultades para reunir el dinero necesario para terminarla pues los socios capitalistas se habían retirado de la empresa. Obtuvo buena recepción del público y de la crítica, costó menos de 80.000 pesos y dirante el primer año de exhibición le rindió a la productora un millón de pesos.

Al comienzo de la película Berretín, interpretado por Luis Sandrini, sale del viejo remolcador de su padre anclado en el Riachuelo donde vive y comienza a caminar alternando con marineros de distintas nacionalidades le hacen consultas. Berretín es un hábil carterista que lleva consigo un paraguas en cuyo interior va guardando lo que roba, como el reloj de bolsillo que le roba a un señor elegante al que le pide fuego para su cigarrillo. Así es como llega a un boliche donde toca una orquesta de señoritas cuya cantante Rosa, le dedica el tango Berretín. Un clásico guapo cuyo apodo es El Carancho con un compinche; pretende llevarse a Rosa cuando él la acompaña a su casa con otra chica; y aparece Remanso, en su ayuda derribando a los matones a puñetazos. Remanso a quien recién conocen en ese incidente, les acompaña, y Berretín le ofrece alojamiento en su remolcador, ya que le comenta que no tiene a dónde ir; y allí le comenta que acaba de salir de la cárcel, adonde fue a parar por culpa de una mujer. Berretín le propone ser carterista, pero Remanso desea trabajar. Al día siguiente se va dejándole una nota, que luego Berretín le pide a una chica que se la lea, porque no sabe leer. Remanso ingresa a trabajar en el astillero y empieza a interesarse románticamente por Rosa. Cuando Berretín le saca dinero a una pobre gente, Remanso lo obliga a devolverlo y por ello recibe un beso de una muchacha agradecida. Esto lo sorprende y lo transforma, por lo que decide volverse honrado, y comienza a trabajar en el astillero. Remanso después le invita a ir a vivir a una pieza en un conventillo donde conocen a los demás inquilinos. El Carancho, con su cómplice inducidos por dos delincuentes, roban el astillero; y resultan acusados Remanso y Berretín, que se escapa por los techos. Más adelante y por azar, está en un boliche vestido de marinero, al que entran los dos policías que le buscan, y se esconde en el depósito; al que llega Remanso y los otros tres, discuten por el reparto y se pelean entre sí; lo que aprovecha Berretín -armándose de valor y una botella- y los golpea desmayándolos a los cuatro y llama a los policías que los atrapan recuperando el dinero robado. El dueño del astillero agradecido, le otorga un cheque de $ 50.- Berretín se casa con aquella muchacha que le ha enseñado a leer y a escribir; y el dueño del astillero como regalo de bodas le repara totalmente el remolcador para que trabajen con él. Así navega bautizándolo “Juanita” con su esposa, y con Remanso que va con Rosa y que también se han casado por el Riachuelo. Para el crítico Domingo Di Núbila se trata de una historia hábilmente urdida que se desarrolla en segmentos entre los cuales se insertan a modo de separadores “otros montajes de imágenes que, sin llegar a tener el estilo de la pintura de Quinquela Martín, amplían la visión del mundo del gran artista boquense, le confieren color y fuerza ambiental y, por otra parte, la oxigenan luego de las secuencias de interiores”. Destaca luego los eficaces toques reideros, el ritmo ágil, el diálogo sainetesco, la gracia y simpatía de Luis Sandrini, la excelente fotografía del técnico suizo Francis Boeniger concluye que “Riachuelo no llegó a desprenderse de influencias del cocolichismo nacido de los circos del siglo 19 que contaminó al teatro, al sainete, y a través del sainete llegó al cine. Ciertos personajes vistos a través de filtros caricaturescos y no escasos detalles invalidados por una aproximación primaria le impidieron llegar a ser un clásico de la comedia porteña. Pero lo que hubo de genuino en sus elementos de cine popular la impusieron y la establecieron como útil referencia para los aprendices de cineastas que luego aparecieron por docenas”. El crítico de cine Néstor (seudónimo de Néstor P. Tato) opinó que “la fotografía ofrece una calidad muy satisfactoria; que el sonido está a la altura del filme, una película muy bien lograda tanto en la faz técnica como en la artística” y también se escribió: “Definición del estilo Sono: buena producción, tema popular bien filmado, canciones y personajes. Sandrini en una de sus mejores películas con un papel en el que definió al personaje sin caer en estereotipos”.​ El estudioso del cine Claudio España escribió que en Riachuelo “se amalgaman un retrato honesto de una situación social reconocible y una actuación, la de Luis Sandrini, en un personaje que perfeccionaba el que venía haciendo desde “Tango” y “Los Tres Berretines” y en el teatro sin traicionarlo en su proyección popular y en su trascendencia y contenido humanos. El argumento encomendado al peruano José Bustamante y Balliban; fue el guion más cinematográfico entre los producidos en Buenos Aires hasta la fecha si bien muchos de sus componentes salían del sainete y del tango, todos los personajes se volvían queribles, eran humanos y tenían el aliento poético suficiente como para no quedar abandonados en la pantalla una vez que el espectador dejara la sala; Berretín llevándose lo ajeno en el interior de un paraguas y con un gesto de circo inolvidable, ya que hilarante esta presente el disloque surrealista de los hermanos Marx -cuando Carlos se lleva lo ajeno en el interior de un paraguas- la capacidad de observación de las mejores obras del cine cómico, cierta soltura con el instrumental técnico y una preocupación por regalar humanidad a sus actores pareció adueñarse de Luis José Moglia Barth”. “Riachuelo” fue estrenada el 4 de Julio de 1934, en el cine Renacimiento de la ciudad de Buenos Aires.

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