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Por Teresita Miñones de García - 12 de Septiembre de 2020 - Nota vista 1287 veces

No tiene precio...

Así lo titulaba Walter Ch.C. un escrito que realizó, y que una amiga me lo envió desde España, que dice así. ''Un joven bajó al Metro de Nueva York vistiendo un jeans y camiseta, sacó de una valija y de adentro un violín, y se puso a tocar durante 45 minutos, música clásica. Lo hizo justamente en la hora pico de más transeúntes.

''Lo curioso es que nadie, se paró a observar y escuchar tan bellas melodías. Todos pasaban apurados, con celulares, otros absortos en sus pensamientos. Este joven era Joshua Bell uno de los mejores violinistas del mundo, y su instrumento era un Stradivarius, de 1713 estimado en 3 millones de dólares.

''Días atrás este joven había tocado en la Symphony Hall de Boston y la entrada para escucharlo costaba 1.000 dólares. Este ejemplo nos lleva a una reflexión, que es valorar las cosas que no se compran. Que son, por ejemplo, la amistad, la naturaleza, el aire que respiramos. El abrazo de un niño que forma como un collar alrededor del cuello con sus bracitos, y que es como un collar que no se compra en ninguna joyería, la familia que es algo que no tiene precio, y es lo principal por el vínculo del amor''.

De allí es que pienso, debemos ser agradecidos, porque están, pero a veces no nos damos cuento de su valor y que no tienen una etiqueta de precio, pero que son lo valedero y que hay que cuidar por, sobre todo.

Otro ejemplo nos lo da el padre Adolfo Güemes. Con un tema de dos cajitas, una dorada y una negra. En la dorada poner todas las alegrías, las cosas buenas, y en la negra todos los problemas y tristezas. Pasado un tiempo por curiosidad las abrió y la dorada le decía Dios, todo esto te regalo por todo lo bueno que hiciste a los demás y te devuelvo a ti, para que disfrutes de alegrías, te las regalo. Y la otra está vacía, porque me ofreciste a mí y compartiste con fe, tus penas y sacrificios y yo cargué con ellas por tu confianza.

Qué bueno en estos duros momentos que estamos pasando, estos pequeños relatos para que nos sirva, para reflexionar de pequeños ejemplos, para buscar y encontrar un alivio en pensamientos espirituales.

Y para finalizar deseo saludar a todos los maestros en su día y contarles que a mí me tocó estudiar en 7 colegios y escuelas diferentes, y en distintas provincias y de distintas modalidades: mixta, laicas, religiosas y de cada uno recuerdo con cariño sus diferentes enseñanzas; que todo me sirvió para mi formación, pero hoy quiero recordar una en especial. La escuelita Sarmiento, en Mendoza.

Allí eran prioridad las reglas del maestro Sarmiento. Primero y principal jamás faltar a clase y obtener el premio de asistencia perfecta, la enseñanza de la ortografía, y la matemática, la educación, que fuera como el pan para la cabecita de los niños, y la educación para todo el país para llegar a ser importante ante el mundo. Todos sabemos, todo lo que trabajó, para lograrlo y todo lo que logró con gran sacrificio y tenacidad por la Educación de la Nación.

Finalizo saludando en especial a todas las maestras del 55 que fue cuando me recibí y que este año cumplimos 65 años de recibidas de Maestras. Toda una vida dedicada a la bella y noble tarea de pasar conocimientos a los niños y jóvenes que formamos, y a todos los maestros que con tanto cariño y esmero nos educaron en enseñanzas éticas, y morales, y que tratamos de trasmitir de la mejor manera. Muchas de mis compañeras yendo a escuelas rurales de gran esfuerzo y de valedera presencia.

Termino, con un fragmento de un Soneto, de Cupertino del Campo que dice así.

Sin doblar jamás la altiva frente en arduos tiempos del país naciente, tu misión fue enseñar y combatir.

Y maestra de escuela, o Presidente.

Sembraba en los surcos del presente.

La hermosa floración del porvenir.

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