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21 de Marzo de 2020 - Nota vista 1938 veces

Entre virus, miedos y esperanzas

A la cotidiana vida de cada uno, se le suma esta preocupación sobre una enfermedad contagiosa, que entre otros efectos, activa los “mecanismos persecutorios” de algunas personas, que habitualmente viven en estado de alerta y ahora tienen un nuevo motivo.

Estos “mecanismos” son estados de preocupación y sospecha que nunca le faltan razones para estar vigente. Causa principal por la que viven con continua desconfianza, ligera distancia social y cierta antipatía.

Hoy, con las actuales noticias sanitarias, se les multiplican los viejos temores, que sumados al miedo al contagio, incrementan sus síntomas. Para ellos, toda medida preventiva es poca.

Quizás, su comportamiento diario no tenga la entidad científica suficiente para formar parte de un Manual de Diagnóstico de Psiquiatría, pero en la universidad de la vida, en el barrio, trabajo o familia, son personas claramente “diagnosticadas” y reconocidas. Tienen la persistente ocurrencia e información para transmitir sus preocupaciones en cada momento que intercambian con otros. Claramente lo hacen con más insistencia en sus ámbitos privados. Pero en los contextos sociales, no se quedan atrás.

Portadores de una lógica explicativa, logran que algunas almas queden atrapadas en sus discursos que al poseer grandilocuencia y una base de razonabilidad, provoca alianzas para sumar al “frente” de sujetos preocupados y combativos contra todo aquello que perturba.

Cuando el virus que actualmente nos visita, sin ser invitado, y pese a su inexplicable o al menos el misterioso o sospechoso origen, logró imponerse en el concierto mundial y hoy, en condición de Pandemia, forma parte de la preocupación de vecinos de países remotos que en diferentes idiomas y otras costumbres, en estos momentos hablan de lo mismo que nosotros. Que si bien podemos llamarnos a silencio, estamos inundados de informaciones ciertas e inciertas, que bajo la lógica de los grandes intereses económicos comunicacionales, someten al oyente o espectador a estados de hipnosis, que por supuesto es lo que mejor saben hacer.

Indudablemente, en este estado sanitario mundial, los medios hegemónicos lograron enredar y someter en sus telarañas arácnidas, a un impotente colectivo que espera cotidianamente las noticias por venir sin desprenderse de estos programas y editoriales solo interesados en mantenerlos cautivos. Casi nunca bien informado.

Retornando a las otras almas frágiles, cuyas vidas navegan entre temores e inseguridades (independientemente de la actual pandemia) han sabido padecer en otros momentos, sospechas de posibles robos e inseguridad, (aumentadas por su auto percepción exagerada) también temieron ataques extremistas o miedos a colapsos políticos o financieros, y muchos etc.

Queda claro que no representan una particular ideología, sino que son personas perseguidas por el pensamiento que algo malo les va a suceder. Se comportan como pesimistas crónicos que viven atentos al momento que les pueda llegar la escena temida. Esta no tiene bandera política ni color de enfermedad. Cualquier situación se puede convertir en firme argumento para su estado persecutorio. No es que sean personalidades con trastornos psiquiátricos, como ya dijimos, sino que es un modo de existencia en la que habitan: temor y desconfianza, ligera distancia social y permanente pensamientos fatalistas.

Naturalmente para este colectivo humano, la actual pandemia, es el mayor motivo de preocupación, al que le dedican frecuentes pensamientos y posibles acciones exageradas. Se perciben en un estado de riesgo mayor a lo que la mayoría, con conciencia y mesura, creen.

Esta exageración, no es caprichosa. Las personas con desconfianza y temores, poseen un “radar” que en forma permanente les informa sobre situaciones de riesgo. Son especialistas en percibirlo y todo su andamiaje psicológico se prepara para tales hechos.

Algo así también sucede con las personas hipocondríacas, cuadro este de mayor gravedad y etimología comprobada científicamente. Poseen un pensamiento similar, sin bien el origen de ésta es más profundo, pues poseen la convicción de que existen dolores (los cuales sufren verdaderamente) aunque la mirada clínica no lo confirme como así tampoco los análisis y estudios por imágenes más sofisticados.

En algún tramo, se confunden con pensamientos delirantes. Tienen en común con los “perseguidos psicológicos”, la certeza que están en peligro y viven con la preocupación, que algo más malo aún, les sucederá. Cambia la intensidad, pero siempre se activan sus defensas y cuidados, para tratar de evitar ese penoso fin supuesto.

Así como el lenguaje de los hipocondríacos, no pueden apartarse de los viejos o nuevos dolores, las personas con temores por posibles malestares, tampoco.

En cambio para ese otro gran universo de personas que no padecen estos sufrimientos psicológicos y también deben enfrentar este virus, les alcanza con fortalecer y practicar más frecuentemente, hábitos de limpieza personal y postergar transitoriamente encuentros sociales, muy especialmente quienes tienen declarada enfermedades cardíacas o pulmonares, diabetes o presión arterial alta.

Como toda crisis es oportunidad, no es desaconsejable sumergirnos en buenas lecturas, desarrollos estéticos como las pinturas o arreglos hogareños pendientes, también saborear música elegida con más tiempo y sobre todo, entregarse a charlas extendidas y profundas con sus seres queridos.

En síntesis, adecuada higiene de manos, transitoria distancia social y mucha buena convivencia consigo mismo y sus íntimos.

Lic. Mario Sarli

Psicólogo

psicosarli@gmail.com

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