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Ser + Humanos - 16 de Noviembre de 2019 - Nota vista 1504 veces

La Interdependencia

Había una vez una hermosa rosa roja. Se sentía de maravilla al saber que era la rosa más bella del jardín, y se emocionaba cuando todos la halagaban y admiraban su brillo. Sin embargo, se daba cuenta de que la gente la veía de lejos, siempre a cierta distancia.

Un día se dio cuenta de que a sus pies, allí a su lado, siempre había un sapo grande y oscuro, con enormes ojos y piel rugosa; entonces comprendió porque nadie se acercaba a ella. Indignada ante lo descubierto, le ordenó al sapo que se fuera de inmediato. ¡No se daba cuenta que dañaba su imagen!.

El sapo con su corazón humilde, y aceptando la decisión de la rosa, se retiró amablemente:

Está bien, si así lo quieres.

A los pocos días, la rosa comenzó a deteriorarse; sus hojas y pétalos estaban opacos y caídos. Ya nadie quería mirarla. Y pasó por allí una lagartija, y al ver a la rosa llorando le preguntó que le pasaba. Ella exclamó angustiada:

Las hormigas y los demás insectos me están devorando.

La lagartija muy sabiamente, confirmó lo que la rosa suponía:

El sapo era quien cuidaba de ti, para que luzcas y brilles cada día. Él comía las hormigas y los insectos para que te veas bella.

EL NARCISISMO Y EL EGOISMO

La persona narcisista (como la rosa) tiene una excesiva necesidad de llamar la atención y de sentirse admirada por los demás; se considera tan especial y superior, que no le importa nadie más, por eso pierden empatía y menosprecian al otro; es una persona dotada de un gran egoísmo, encerrada en su propio mundo y buscando su propio beneficio; es incapaz de dar amor, no se conecta ni escucha a los demás que comparten su entorno.

LA DEPENDENCIA

La persona dependiente es el otro extremo de la relación; vive para los demás, olvidándose y menospreciándose a sí misma; tiene muy baja autoestima, es insegura, vive con miedo al abandono y al rechazo, por eso busca aprobación constante del afuera, se vuelve complaciente y sumisa, hasta acepta abusos y maltratos, muchas veces de parte de una persona narcisista dominante. A la persona dependiente le cuesta tomar decisiones por sí misma y no pude hacerse cargo de su vida; por eso piensa: “necesito del otro para conseguir lo que puedo, sola es imposible”.

LA AUTODEPENDENCIA. EL AMOR A UNO MISMO

Para emprender cualquier relación con otro, primero necesitamos hacernos cargo de nuestra propia vida, responsabilizarnos de nuestras metas, nuestros proyectos, nuestras acciones, pero sin separarnos del resto. La persona independiente (o autodependiente) desarrolla sus propios recursos y potencialidades, cree en sí misma y se encamina a conseguir lo que desea con su propio esfuerzo; trabaja en fortalecer su autoestima, la auto-confianza y la seguridad individual para sentirse capaz de tomar las decisiones que demande el camino a su realización personal.

Obviamente, al vivir en sociedad, sabe que nos necesitamos mutuamente, por eso es abierta, empática y considerada con los demás, sin colgarse del cuello de ellos, ni aferrarse. Vive en equilibrio consigo misma y con el entorno que la rodea.

Según Jorge Bucay: “autodepender, significa establecer que no soy omnipotente, que me sé vulnerable y que estoy a cargo de mí. Yo soy el director de esta orquesta – que es mi vida - aunque no pueda tocar todos los instrumentos; soy el protagonista de mi propio camino, sabiendo que no soy el único actor, porque si lo fuera, mi película sería demasiado aburrida. Autodependencia significa contestarse las tres preguntas existenciales básicas: quién soy, adónde voy y con quién; para alcanzar la autorrealización”.

LA INTERDEPENDENCIA

Este término fue usado por primera vez en 1929 por Gandhi, quien afirmó que la interdependencia es una condición inherente a nuestro ser como “humanos”.

Más allá de que cada uno de nosotros tenemos una misión individual y necesitamos forjar el propio camino hacia la plenitud, la felicidad y la autorrealización; también vivimos en sociedad, interactuamos y coordinamos acciones con los demás; por eso debemos cuidar de nosotros mismos, de los demás y también del entorno que nos rodea para que no desaparezca.

En la historia de hoy (cuyo autor es desconocido) vemos como la rosa se encerró tanto en sí misma, creyéndose omnipotente, que se separó de los demás, del ecosistema que la contenía, del jardín que la rodeaba, desconectándose del fluir de la naturaleza; quedando, en consecuencia, sola y marchita.

El hecho de que nuestro destino individual esté entrelazado con los demás, nos hace inseparables del “Todo” que nos circunda. Al ser interdependientes, nuestras acciones impactan en los demás y en el lugar donde vivimos; por eso, la responsabilidad es individual y compartida a la vez.

“Tanto la libertad individual, como la interdependencia, son necesarias para vivir en sociedad”

M. Gandhi


Coach María Inés Francisconi

Liderazgo y Vida Consciente

info@inefrancisconi.com

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