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Fecha de emisión de correo de lector: 18 de Agosto de 2022

La Infanta Mendocina

Escrito por:
Teresita Miñones de García

Así se llama el libro escrito por Arturo Capdevila que resultó ser una joya literaria

Creo es poco conocida esta historia, sobre la vida de la hija de nuestro Gran General Don José de San Martín.

El esperaba tener un hijo, y llegó una única hija niña y le llamó Mercedes Tomasa de San Martín Escalada.




Fue ignorada por mucho tiempo, cuando debería ser familiar en todas las escuelas del país, ya que fue modelo de virtud, de abnegación y de nobleza.

La obra de este libro fue interrumpida pero su amigo Constancio Vigil, gran escritor para niños, lo estimuló para terminarlo, y le ayudó su hijo Carlos, director del Billiken.

Resumen de dicho libro

Merceditas nació en Mendoza en agosto de 1816 a los pies de los Andes, de las crestas nevadas. Su madre Remedios Escalada de San Martín.

Se la bautizó de una forma sencilla, celebrada en su propia casa. Ella fue el consuelo del General, de toda su vida.

A los pocos meses de nacida debió dejarlas a su esposa y a su adorada hijita, para cruzar los Andes. El 24 de enero de 1817 la besó y le dijo: ¡Adiós hija del alma! Por la patria tengo que dejar todo.

Madre e hija viajaron a Buenos Aires, en diligencia durante 15 días, y llegaron a casa de sus abuelos: Doña Tomasa de la Quintana y Don Antonio José Escalada.

En el camino se encontraron con el General Belgrano, que le escribió a San Martín que había conocido a su hijita que era preciosa.

Allí llegaban noticias de su padre con el triunfo en Chile. Posteriormente llegó a ver a su familia por pocos días para volver a la guerra.

Después del triunfo de Chacabuco volvió a Bs As, donde le rindieron grandes homenajes, pero él prefería estar con su familia.

 El Congreso le obligó a aceptar altos honores y una lluvia de flores fue alfombrando su paso y se sentía "Viva el héroe de los Andes".Después del triunfo de Maipú volvió a Bs As, y las llevó de nuevo a Mendoza. Merceditas tenía un año y 8 meses.

Tuvieron un viaje interminable en pleno invierno, llegaron y pasaron siete meses en Mendoza, Mercedita jugaba con amiguitos y sus primos, y paseaba a caballo con su padre.

Nuevamente en Bs As., Mercedita crecía y su madre tenía su salud debilitada. A la niña los abuelos la llenaban de cariño y le decían Chiche. Mientras tanto seguía en Perú su padre, y desobedeció al gobierno en no regresar, por no entrar en peleas entre hermanos.

Remedios tenía tisis, estaba muy delicada y falleció en 1823 el 3 de agosto, con solo 26 años y Mercedita tenía 7 años, la vistieron de negro, como era la costumbre de entonces.

Recién para el 4 de diciembre pudo volver su tatita y se dedicó de lleno a ocuparse de su hijita.

Le dijo que juntara las flores más hermosas para ir a despedirse de su mamá, en el cementerio, y comenzar a preparar el viaje a Europa.

El 10 de febrero de 1824 San Martín con 46 años y su hija con 7 años partieron en el barco “La Josephin", un pequeño bergantín con solo 2 velas. Luego en Brasil cambiaron en una fragata. "La Bayonnais” y llegaron primero a Francia y de allí a Bruselas.

Allí en Bélgica la puso en un internado para que estudiara dos idiomas, inglés y francés, y toda la enseñanza cultural de lo mejor para su hija.

Los fines de semana la sacaba a pasear y a contarle sobre sus batallas. Merceditas se enfermó de escarlatina, estuvo muy delicada, luego mejoró y vinieron las vacaciones y con su tatita volvió su alegría.

San Martín decidió volver a la Argentina y dejarla a Merceditas, porque le faltaban dos años para terminar sus estudios; quedaba con sus tíos, y antes de partir le dio unos consejos que ella puso toda su atención, fueron sus famosas máximas.

Llegó a Bs As y no bajó porque se entera hay guerra entre hermanos, y solo bajó en Montevideo, que lo recibieron con todos los honores.

Hasta le hicieron una fiesta por el día de su santo San José.

Él estaba muy contento por el nacimiento como pueblo independiente, y además porque acababan de inaugurar en Montevideo un faro muy importante.

Vuelve a Londres y en la diligencia volcó y se lesionó con un vidrio el brazo izquierdo, así mismo siguió su viaje a Bruselas, para hallarse de nuevo con su hija, que ya había terminado sus estudios, y desde entonces se fueron a vivir juntos.

Luego el Marques de las Marismas del Guadalquivir Don Alejandro Agudo fue quien lo ayudó económicamente porque habían sido compañeros en el ejército de España.

Cólera en Londres, la peste que azotaba, también le llegó a San Martín con sus 50 años, y a Merceditas con 16 años, pero quien fue a ayudarlos fue justamente un amigo de la infancia de Merceditas, hijo del General Balcarce. Se llamaba Mariano Balcarce de 24 años.

Pasó el tiempo y Mariano pasó a ser novio de Merceditas.

San Martín cuando nació Merceditas deseaba se casara con un militar que hubiera prestado servicios a la independencia de nuestra patria. Y así fue, más aún era hijo de su compañero de armas. Se casaron el 13 de diciembre en 1832 en París y se fueron a vivir a Bs.As. Allí nació su primera hija María Mercedes, la primera nieta de San Martín.

Luego volvieron a Francia, para nunca más separarse de su padre, allí en su casa Boulogne Sur Mer, quien veía perder su vista por las cataratas pero era feliz con sus nietas. La segunda nieta se llamó Josefa Balcarce.

Concluyendo: Merceditas de San Martín y Escalada, la infanta mendocina, supo afrontar una vida muy triste y con alegrías y demostró ser una hija, esposa y madre ejemplar.

Mercedita se formó con mucha disciplina y sacrificio, y encontró la felicidad como esposa y madre de sus dos hijitas.

Es destacable el amor que tuvo con su padre, que lo acompañó hasta el último suspiro.

Ese padre que se brindó por entero a su patria, tuvo su comprensión y acompañamiento en su abnegada hija, y admiradora de su padre, que fue un héroe para ella, su “tatita” que tanto admiró.

Que fue su consuelo de ser olvidado, habiendo sido un grande de nuestra historia como el Padre de la Patria, que Merceditas endulzó con su ternura las últimas horas del Libertador de tres países. (Del libro de Arturo Capdevila)