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Fecha de emisión de correo de lector: 17 de Agosto de 2022

17 DE AGOSTO: fallecimiento de don José de San Martín

Escrito por:
Bernardo I. Salduna

Al cumplirse un nuevo aniversario del fallecimiento de don José de San Martín, interesa referirnos a algunos aspectos relevantes de su trayectoria


SU VENIDA A AMÉRICA

Como se sabe, San Martín nació en Yapeyú, Corrientes. Hijo del Capitán Juan de San Martín y Gregoria Matorras.

 A eso de los cinco años, su familia se volvió a España. Allí creció, se formó e ingresó, como sus hermanos varones, a la carrera militar. En las filas del ejército español participó en batallas contra las tropas invasoras de Napoleón, mostrando un comportamiento heroico en la de Bailén. Ocupado por los franceses la mayor parte del territorio español, San Martín y otros militares (Alvear, Zapiola, Chilavert, Holmberg) resuelven trasladarse a América.


MOTIVOS DE UNA DECISIÓN HISTÓRICA

Según algunos historiadores, el motivo fue un «llamado de la tierra». Es decir, un recuerdo telúrico de su patria lejana, de la que San Martín recién se habría acordado, después de más de 30 años de ausencia. Pero no era así: San Martín había nacido, en realidad, en un territorio parte del Imperio Español. Se había formado, en la carrera militar, en el Ejército de España.

Las milicias españolas que peleaban contra Napoleón invocaban al «Rey Cautivo» (Fernando VII). Pero, en realidad, levantaban muchas de las banderas de la Revolución Francesa: limitación de los poderes del monarca, disminución de privilegios de la nobleza y el clero, eliminación del Tribunal de la Santa Inquisición, libertad de pensamiento y palabra, extensión del derecho de propiedad a toda la población, levantamiento de barreras feudales al comercio y circulación de la riqueza, etc. Derrotados en España, San Martín y otros jefes militares de origen americano resuelven venir a América para seguir luchando, desde aquí, por esos mismos ideales. San Martín, entonces, no «deserta» del ejército español sino que viene a América, a proseguir una misma lucha por la libertad, trunca en España.

Téngase en cuenta que la Junta que gobernaba en Buenos Aires no había roto con la Corona de España y gobernaba «en nombre de Fernando VII».


SAN MARTÍN ¿ERA CATÓLICO O MASÓN?

Algunos escritores como el sacerdote jesuita Guillermo Furlong exponen gran cantidad de argumentos, en apoyo del catolicismo del general San Martín. Alguno de ellos no muy convincentes, como por ejemplo, que se casó por la Iglesia. Como si en aquellos tiempos -1812- que no existía el Registro Civil, fuera posible casarse de otra forma.

Por otro lado, Alcibíades Lappas, masón, defiende con entusiasmo la tesis de la pertenencia de San Martín a la Masonería, poniendo como prueba su militancia en logias como los «Caballeros Racionales de Cádiz» en España.

O como la famosa «Logia Lautaro», que se forma en Buenos Aires y de la que es San Martín una de sus máximas figuras. No obstante, pareciera que tales Logias, aunque fueran integradas por masones y otros que no lo eran y mostraran algunos aspectos formales propios de la Masonería, -como el secreto de su actuación y el juramento de fidelidad- en realidad perseguían más que nada, o primordialmente, objetivos de tipo político.

Era, lo que se llamaban «Logias Operativas», mientras que las propiamente masónicas se denominaban «Logias Especulativas». La Logia Lautaro, parece ser de las primeras: por ejemplo, proclamaba en su juramento de los «iniciados» esta fórmula: «No reconocerás por gobierno legítimo en América sino aquel elegido libre y espontáneamente por voluntad de los pueblos y trabajarás por la fundación del sistema republicano».

San Martín, en el seno de estas Logias, parece haberse preocupado fundamentalmente por sus fines políticos y no tanto por su filosofía o signos de tipo místico o religioso. Por lo demás, téngase en cuenta que prominentes sacerdotes católicos -como Hidalgo y Morelos en México- y hasta obispos formaban parte de las Logias, sin que se notara una contradicción entre esta militancia y sus creencias religiosas.

San Martín, como se advierte en mucho de sus escritos, era creyente. Y, aunque quizá no demasiado devoto, mantenía las formalidades católicas en los actos de su vida. Aunque, en ocasiones, tuvo duros enfrentamientos con el Clero, por ejemplo, en Perú, cuando embarcó por la fuerza al Arzobispo de Lima, de vuelta a España. Pero eso, más que nada por la adhesión del purpurado a la causa realista y no por su condición religiosa.

En su destierro en Europa se vinculó a la Logia belga «La Perfecta Amistad», que le dedica una placa a su memoria. Pero, curiosamente, sin darle trato de «Hermano». En algunos actos de su vida se nota, sin embargo, algún rasgo de coincidencia con los principios de la Masonería. Como, por ejemplo, en las máximas a su hija Mercedes, escritas en 1825, donde habla de «enseñarle a guardar un secreto»-típico de los masones- y, sobre todo «inculcarle respeto a todas las religiones». La libertad en materia religiosa no era aceptada por la Iglesia en aquel entonces- recién se la adoptó en el Concilio Vaticano II- y constituía una de las banderas principales de las organizaciones masónicas.


LA MONARQUÍA Y LA REPÚBLICA

Como ya vimos y lo muestra el Juramento de la Logia Lautaro, San Martín era republicano por convicción. No obstante, en diversas ocasiones defendió la posibilidad de implantar una monarquía en América. Incluso cuando el Congreso de Tucumán, en 1816, se entusiasmó San Martín con la idea de Belgrano y otros de coronar un príncipe Inca. «Las ventajas son geométricas», escribió San Martín en la ocasión.

Defendió también las posibilidades de buscar un Rey en las Casas de las monarquías de Europa.

Y, en esa dirección, hasta hizo gestiones con los ingleses. No era por cuestiones ideológicas, sino prácticas: él creía que la república era el mejor sistema, pero de imposible aplicación en los momentos históricos que le tocó protagonizar.

El territorio era demasiado extenso, la población, analfabeta en su mayor parte carecía de hábitos y prácticas políticas. A diferencia de lo que pasaba, por ejemplo, en América del Norte, aquí no existían instituciones republicanas sólidamente arraigadas. Una monarquía constitucional -creía- rodeada de una corte formada, principalmente, por la oficialidad del Ejército era, entonces, el sistema más conveniente para gobernar en esas condiciones. Por lo demás, era un medio para lograr que alguna potencia europea protegiera nuestra Independencia, que en ese momento era, para él, lo más conveniente. Quizá no le faltaba razón: lo prueba el caso de Brasil, que, gracias a la monarquía salvó su unidad, mientras la América española se partió en veinte pedazos.


SAN MARTÍN ¿APOYÓ A ROSAS?

El general San Martín nunca quiso participar en las luchas civiles que durante la década del 1810 a 1820, dividieron al país en unitarios y federales.

Para él, lo principal era la lucha por la Independencia. Y la forma de gobierno un problema secundario a tratar después de conseguida esta. No obstante que nunca estuvo de acuerdo con la guerra que el Directorio porteño llevaba a cabo contra los jefes federales del interior, tampoco, veía práctico el sistema de «Federación», ni aprobaba la dispersión del poder, «me muero cuando oigo hablar de federación» escribía.

Para él, en momentos que se luchaba militarmente por la Independencia contra el dominio español, se tornaba necesario unificar el mando y no disgregarlo. La centralización de la autoridad, era, para San Martín necesaria, indispensable para la sobrevivencia de la Nación. Y, quizá, por esto, estuvo de acuerdo cuando apareció en Buenos Aires, un gobernante fuerte como Juan Manuel de Rosas, que pareció concentrar el poder en sus manos, sofocando la anarquía reinante.


En 1845 se produjo el bloqueo anglo-francés

En realidad un conflicto limitado entre el puerto de Buenos Aires, cuya aduana era manejada por el gobierno provincial, que controlaba entrada y salida de productos y los comerciantes ingleses y franceses, que pretendían eliminar este obstáculo y traficar directamente con los puertos del interior de Entre Ríos, Santa Fe o Asunción.

El gobierno de Rosas cerró el río Paraná con una cadena e Inglaterra y Francia mandaron una flota conjunta a acompañar los buques mercantes y navegar y comerciar sus productos río arriba.

Exteriormente, se presentaba la cuestión como un combate de características heroicas contra un invasor extranjero.

Pero Francia e Inglaterra en realidad no tenían interés en apoderarse del territorio nacional, empresa imposible de llevar a cabo, sino imponer una forma de comercio y navegación libre a través de los grandes ríos.

No fue extraño, en ese contexto, que muchos argentinos, enemigos de Rosas, vieran en el conflicto una amenaza a la independencia, olvidaran sus agravios y ofrecieran su aporte en defensa de la Patria.

Uno de los más destacados fue el propio gobernador de Entre Ríos don Justo José de Urquiza. Así lo hizo también José de San Martín, que ofreció sus servicios, aunque Rosas, temeroso quizá que el Libertador viniera y tomara contacto con la realidad de su país, no los aceptó. Superado el problema, años más tarde, en su testamento, San Martín dejó su sable, como legado, al dictador porteño. Lo cual no significa el apoyo a toda su política, sino que San Martín fue consecuente en lo que constituyó la bandera de toda su vida: la independencia de su patria.


¿EL PADRE DE LA PATRIA?

 ¿Debe San Martín ser considerado «el Padre de la Patria»? Si se trata de la patria Argentina, desde ya que no: cuando San Martín vino al Río de la Plata, ya hacía más de un año que se había instalado la Primera Junta de gobierno.

El único combate que San Martín libra en territorio argentino, en San Lorenzo, es de importancia secundaria al lado de batallas como Salta, Tucumán, Suipacha, o aun las desarrolladas en la Banda Oriental como San José, Colla o Las Piedras. Más propiamente San Martín tuvo esencial protagonismo en la libertad de Chile y Perú y la fundación de la nacionalidad en esos pueblos.

Pero no significa, como sugiere cierta historia escolar que «los argentinos dimos la libertad a los chilenos y peruanos». En los ejércitos libertadores militaban soldados nacidos en lo que hoy es territorio argentino, pero también oriental, chileno, alto peruano (hoy Bolivia) o peruano.

En realidad, se trataba de un ejército Sudamericano, inspirado en el ideal de una América Hispana unida. Como la pretendía San Martín y también Simón Bolívar que completó la obra de libertar Perú y el Alto Perú.

Por consiguiente si el título se refiere a la paternidad de la «Patria Grande», (aunque compartida con Bolívar, Miranda, Artigas y otros) parece bastante más apropiado.


 Asociación «Justo J. de Urquiza»

 Concordia (E.R.)