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Fecha de emisión de correo de lector: 4 de Agosto de 2022

4 de agosto de 1900: Nacimiento de Arturo Illia

Escrito por:
Bernardo I. Salduna



Había nacido en Pergamino, provincia de Buenos Aires, cuando empezaba el siglo. Hijo de inmigrantes italianos que trabajaban en el campo. Recibido de médico, se trasladó a Cruz del Eje, una pequeña localidad del norte de Córdoba, donde formó su familia y transcurrió buena parte de su vida. Pese a sus diferencias, pertenecía a esa clase de hombres políticos de la escuela de Elpidio González, Amadeo Sabattini y Santiago del Castillo.

La ética, la honestidad estricta, la austeridad en la vida pública y privada era para ellos, algo más que declamación: norma de conducta, que practicaban con naturalidad. Alguien dijo que sólo les faltaba hacer votos de castidad (creo que don Elpidio los había hecho). Porque el de “pobreza y disciplina” se reflejaba, más que en las formas, en su estilo de vida. Illia formaba parte de esa escuela.

Desempeñó diversas funciones públicas, lo acusaron de muchas cosas. Pero nunca nadie puso en duda su honradez, llevaba al extremo de la escrupulosidad. En tiempos que le tocó desempeñar la Presidencia, dicen que se quedaba a dormir en la Casa de Gobierno, porque los traslados continuos a Olivos eran muy costosos. Antes de retirarse a descansar recorría los distintos salones apagando las luces, para ahorrar electricidad. Devolvía puntualmente todos los años los fondos destinados a “gastos reservados”, sin distraer un solo peso. Después de ser derrocado, se negó a aceptar una abultada pensión graciable que le concediera el gobierno militar. No tenía bienes, vivía en la casa de su hermano, un tiempo en una pieza de hotel que le facilitara gratuitamente su dueño. Recorría el país parando en casas de correligionarios o allegados. Falleció a los 83 años, internado en la clínica de un médico amigo.

TRAYECTORIA

Don Arturo llevó a cabo en las lides cívicas del combativo radicalismo cordobés todo el “cursus honorun”. Fue legislador provincial y diputado nacional. Secundando a don Santiago del Castillo, también fue vicegobernador de Córdoba. Se cuenta que llegaba en tranvía a su despacho en las primeras horas de la mañana. Candidato a gobernador de Córdoba, derrotado, en dos oportunidades bajo el peronismo, resultó triunfador en las elecciones de 1962, bajo el gobierno de Frondizi, posteriormente anuladas tras el golpe de Estado que derrocó a este Presidente.

En esos comicios fue la única provincia donde ganó la Unión Cívica Radical del Pueblo, lo que proyectó el nombre de don Arturo Illia en el escenario nacional.


LA PRESIDENCIA

Para las elecciones celebradas el 7 de julio de1963 su partido lo postuló candidato a Presidente de la Nación, acompañado en la fórmula por el entrerriano Carlos H. Perette. Triunfó con el 32 % de los votos emitidos y asumió la Presidencia el 12 de octubre de 1963. Con el fin de disminuir o relativizar al peronismo se dejó de lado la Ley Saenz Peña, y se había establecido para esas elecciones el sistema de representación proporcional. Eso hizo que, en la Cámara de Diputados, la oposición estuviese repartida entre una enorme cantidad de bloques minoritarios, y el gobierno no tuviera mayoría propia. Lo cual obligaba a acuerdos, transacciones y concesiones para aprobar leyes.


LA TREGUA DEMOCRÁTICA

El peronismo permaneció proscripto desde 1955. En todos esos años, nunca pudieron sus adeptos reunirse a festejar su fecha fundacional: el 17 de octubre. Asumido el gobierno de Illia el 12 de octubre de 1963, -cinco días antes del nuevo aniversario- los peronistas solicitaron autorización para un acto, en una plaza pública. La respuesta del Ministro del Interior (Juan Palmero): “Los participantes del acto son tan argentinos como nosotros. Ellos seguramente están en la pacificación nacional”. Lo cierto es que el acto se hizo. Miles de personas se juntaron en Plaza Once y escucharon a varios de sus oradores: por primera vez en ocho años, el peronismo podía reunirse a recordar su aniversario más preciado. Bajo el gobierno del Dr. Illia, se levantó el estado de sitio y se liberó a los presos por razones políticas. Se derogaron y dejaron sin efecto las normas represivas y las cláusulas que proscribían u obstaculizaban las expresiones políticas, en especial el Peronismo y el Comunismo. Se restableció la libertad de expresión y la vigencia plena del estado de derecho y las libertades públicas, como nunca se habían conocido desde muchos años atrás. El Peronismo pudo organizarse como partido y participar sin trabas en las elecciones. Que llegó a ganar en distritos importantes.


CRECIMIENTO A “TASAS CHINAS”

Hoy día, que tanto se habla del crecimiento a “tasas chinas”, y nos entusiasmamos si la economía aumenta un 1 o 2 % hay que recordar la época de Illia: en 1963 el Producto Bruto Interno tuvo un saldo negativo de -2 %. En 1964, en cambio, primer año de Illia, creció un 10 %. En 1965 un 9,2 %. En 1966, los primeros seis meses -lo que duró el gobierno de Illia- el crecimiento superaba el 5 %, posiblemente llegaría al 10 % a fin de año. Y no era solamente que se hubieran obtenido buenas cosechas: la producción de hierro y acero se incrementó en un 70 %, sobrepasando en 1964 el millón de toneladas. Fue la primera vez en la historia que la deuda externa disminuyó drásticamente: en 1963 alcanzaba U$S 3.400 millones. En 1966 U$S 2.600.800 millones menos. La desocupación alcanzaba el 8 % al asumir Illia en octubre de 1963. En 1966 era del 5,2 %, tasas parecidas al Japón.


EDUCACIÓN Y UNIVERSIDAD

El porcentaje destinado a educación era de los más altos de la historia, superaba el 25 %. Regían en plenitud los principios de la Reforma Universitaria. La Universidad argentina, respetada en su autonomía, llegó a los niveles más altos de calidad y excelencia. En la Facultad de Ciencias exactas se había creado la primera computadora de Latinoamérica, y una de las primeras del mundo, la famosa “Clementina”.

Todo eso terminó cuando el gobierno de Onganía intervino las universidades, provocando la famosa “noche de los bastones largos”. Paradójicamente, la mayoría de los profesores e investigadores a los que se echó de la Universidad acusados de agitadores “comunistas”, fueron contratados por universidades norteamericanas.

Personalmente me tocó ingresar a la Universidad en 1964. Más propiamente a la Facultad de Derecho de la Universidad del Litoral, en Santa Fe. Tengo presente, en aquellos años, además de la libertad irrestricta que reinaba en el claustro universitario, las facilidades de los estudiantes con menores ingresos: existía el comedor universitario, a precios bajísimos, donde incluso, trabajando de mozo se podía comer gratis. Los universitarios teníamos un carnet de obra social para atención médica y farmacéutica. Estaban las “residencias estudiantiles”, casas donde residían estudiantes y pagaban un alquiler irrisorio. El presupuesto destinado a las Universidades era de los más altos de la historia. Sin embargo, una permanente agitación estudiantil se quejaba de lo contrario: se organizaban actos y manifestaciones, se sacaban bancos a la calle. Recuerdo en mi primer año de Facultad una prolongada huelga del personal no docente (FATUN), reclamando mejoras, que mantuvo cerrada la Universidad casi dos meses.


LA SOBERANíA NACIONAL

Una exitosa gestión diplomática del gobierno de Arturo Illia y el canciller Zavala Ortiz logró en las Naciones Unidas la aprobación de la Resolución 2065 que obligaba a Argentina y el Reino Unido a sentarse a negociar la soberanía de las islas Malvinas.


HISTORIA DE LA “TORTUGA”

Pese a todos estos logros Illia rehuía toda espectacularidad, con respecto a sus actos de gobierno. Esto hizo que cierta prensa y comunicadores le creasen una imagen de lentitud, de “tortuga”, de inutilidad e ineficacia. Pese a tratarse de un gobierno democrático y que tomó medidas a favor de los trabajadores, como la ley del salario vital y móvil y que regía plena ocupación, el sindicalismo peronista llevó a cabo una campaña demoledora con miles de huelgas y tomas de fábricas, que el gobierno no reprimió.


LA “REVOLUCION ARGENTINA”

El 28 de junio de 1966, los tres comandantes (ejército, marina y aeronáutica), produjeron un golpe de Estado, derrocaron al presidente constitucional Dr. Arturo Illia y ofrecieron la presidencia al general (RE) Juan Carlos Onganía. El nuevo gobierno de facto disolvió el Congreso, las Legislaturas provinciales y concejos deliberantes, echó a los jueces de la Corte Suprema, nombró interventores militares en todas las Provincias, y declaró disueltos todos los partidos políticos. El Dr. Illia tuvo en la ocasión un comportamiento digno y valiente: producido el levantamiento dictó un decreto destituyendo al comandante en jefe del ejército general Pistarini y asumiendo personalmente dicho comando. No fue acatado y el Presidente constitucional permaneció a pie firme y rodeado de sus colaboradores en su despacho, hasta que, en horas de la madrugada fue desalojado por un piquete de la guardia de infantería. En la oportunidad el Dr. Illia increpó duramente a los jefes golpistas, general Julio Alsogaray y coronel Perlinger. “Sus hijos les van a reprochar ese acto indigno”. Fue profético: el hijo del general Alsogaray sería muerto en Tucumán, integrando una célula del grupo guerrillero Montoneros. El coronel Perlinger por su parte, enviaría años después una expresiva carta al Dr. Illia refiriéndose a su actuación de aquella noche: “Mis hijos no llegaron a reprocharme. Antes de eso lo hizo mi propia conciencia”.


    Asociación “Justo J. de Urquiza”