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Fecha de emisión de correo de lector: 10 de Junio de 2022

Una mujer en el Cabaret

Escrito por:
Por Gustavo Labriola

En la transición del cine silente o mudo al hablado o sonoro, llegó al cine el género de comedia musical que, hasta ese entonces, se desarrollaba en el teatro. Broadway ha provisto desde siempre numerosos argumentos que actuados previamente en los teatros de Times Square y sus alrededores, se materializaron en películas. De forma tal que la que se considera como la primer película del género comedia musical fue, “Lights of the New York” (1928), dirigida por Bryan Foy e interpretada por Helen Costello y Cullen Landis.

A partir de allí, y por muchos años, en Estados Unidos, el género tuvo una trascendencia importantísima, consagrando a grandes autores como George Gerswhin, Cole Porter, Irving Berlin y a notables actores y actrices que se destacaban también como bailarines, como Gene Kelly, Fred Astaire, Ginger Rogers y tantos otros.

Desde ese entonces, el género fue generando numerosas películas que lo dosificaron y lo engrandecieron. La lista sería extensa, pero es mi interés, hoy, referirme a “Cabaret”, película que fuera estrenada en 1972 y que contara con la deslumbrante Liza Minelli como una cantante y bailarina de club nocturno que, en la República de Weimar en Alemania, previa a la irrupción del Nacional Socialismo, se relaciona con dos hombres, en un tiempo en el cual las condiciones sociales, económicas y políticas van mutando y generando el caldo de cultivo que desembocaría en el nazismo.

En esa película actuada también por Joel Grey, como el recordado maestro de ceremonias, desarrollaron papeles significativos, Helmut Berger, Michael York y Marisa Berenson. Su director, Bob Fosse, fue actor, coreógrafo, bailarín y dirigió además de “Cabaret”, “All that jazz”, a la que se considera como su legado.

En este último film, discurre con la muerte (en la figura de una bella mujer) en admirables escenas que hacen recordar los diálogos (que en otro marco y con otro tenor) mantiene el personaje principal de “El séptimo sello” de Ingmar Bergman con la parca en las costas suecas mientras disputa un partido de ajedrez.

Volviendo a “Cabaret”, el film, que estaba basado en un libro del autor inglés Christopher Isherwood, había generado una obra teatral y al ser llevada al cine consiguió repercusión internacional, obteniendo numerosos premios Oscar. La historia, si bien focaliza el argumento en la Alemania entre guerras (entre la Primera Guerra Mundial, también conocida como La Gran Guerra y la Segunda Guerra Mundial), y va internalizando la transformación que política y socialmente de ese país, con la aceptación (no necesariamente tácita) del ascenso del nazismo.

El director genera el espacio necesario y oportuno para percibir el derrotero de una mujer en el marco enunciado. Una mujer que, a su vez, mantiene relaciones con dos hombres y que actúa en un cabaret. Situación que tanto en ese momento histórico, como en otros, se torna peyorativo, por ende adquiere una relevancia significativa, y permite reflexionar sobre los prejuicios, inequidades y discriminaciones que la sociedad, muchas veces indiferente y otras tanto, consciente, somete a las mujeres sin contemplar la condición humana ni las limitaciones en las se ven envueltas las personas.

Cincuenta años han transcurrido desde el estreno de “Cabaret”, un film que mantiene su calidad, consecuencia de la excelente dirección de Bob Fosse y particularmente de dos actuaciones consagratorias. Joel Grey – como ya dijimos- oficia de maestro de ceremonias en una composición que alterna una simpatía desbordada y un gran atractivo visual y sonoro con interpretaciones brillantes. Entre ellas “Money, Money”, que expresa un compromiso muy valioso al rechazar la presencia de oficiales nazis al comienzo del film. La actitud resulta altamente dramática y perjudicial hacia el final, cuando la incursión de esas ideas deviene masivas.

Pero indudablemente la gran estrella del film es Liza Minelli. Excelente actriz, de una carrera irregular, de mayor presencia como cantante en escenarios de Broadway o en otras latitudes. Hija de dos grandes artistas, Vincent Minelli, director de comedias musicales, y la malograda Judy Garland, la gran actriz de “El mago de Oz”. Liza, en “Cabaret” consigue transmitir las dudas y complejidades de quien debe combinar una profesión observada y criticada con sus deseos y afectos “cuestionables” con la moralina de la hipocresía permanente.

Años después, Liza Minelli elaboraría otra extraordinaria actuación en el film de Martin Scorsese, “New York, New York”, en el cual compartía protagonismo con Robert de Niro, e interpretaría la conocida melodía que habla de la ciudad que nunca duerme y que le daba el título al film y la cual, con el correr de los años, fuera grabada por notables cantantes, entre ellos, Frank Sinatra.

eferencia del cincuentenario del estreno de “Cabaret” es una excelente oportunidad para revisitarla. Por un lado, disfrutar de los brillantes números musicales y por el otro, reflexionar sobre una época histórica, el rol de la mujer y el persistente ojo social escrutador y lapidario sobre la condición de mujer libre e independiente.