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Fecha de emisión de correo de lector: 9 de Mayo de 2022

COMPARTIENDO DIÁLOGOS CONMIGO MISMO

Escrito por:
Víctor CORCOBA HERRERO/ Escritor - corcoba@telefonica.net

LA COMUNIÓN FRATERNA

(Cristo vino a instaurar un nuevo horizonte; partió de un testimonio vivo de amor y lo repartió en abecedarios diversos, como expresión del alma que ha de regir nuestras relaciones mundanas).


I.- UNIDOS A CRISTO

Todo está unido a Cristo y reunido en su nombre;

es cuestión de seguirle, previo buscarle y hallarle;

con Él, únicamente con Él, se peregrina enérgico;

la potencia de su amor nos fortalece en la verdad

y en la bondad, que es lo que transmite infinitud.

Estamos en el tiempo de vernos y de reabrirnos,

de conocernos internamente y de reconocernos,

de advertirnos como parte de la voz providencial,

de observarnos en nuestros andares intrínsecos,

y así poder penetrar de lo efímero a lo glorioso.

Somos la historia concreta y viva del Creador,

cada uno formamos parte de esa poética divina,

que nos ensambla con el Redentor de la palabra;

pues lo vital es desconectarnos de lo mundano,

y conectarnos a quien es claridad para el espíritu.


II.- REUNIDOS EN CRISTO

Aprendamos a vivir en conexión con el Señor,

a dejarnos habitar por la fuerza de la esperanza,

a dejarnos acompañar por la luz conciliadora,

a dejarnos reconciliar por el don de su corazón,

que dejarse y abandonarse a sus manos es vida.

Sale a nuestro encuentro por el camino diario,

cuenta con nosotros y nos aguarda a cada uno,

sabe nuestro nombre y nos invita a desvivirnos

por vivir, a bajarnos al terreno de la humildad,

donde nadie es más que nadie sin el equivalente.

Renacer con el crucificado, el hombre nuevo,

nos llama a percibir su rastro de rostro doliente,

ante el cual hemos de congregarnos en alianza,

para postrarnos ante Él, en adoración eucarística,

que es donde germina la aproximación de pulsos.


III.- CON CRISTO SIEMPRE

Vino al mundo y el mundo le buscaba para oírle,

le acogía y le recogía con la ternura de su mirada,

con la autoridad de quien es donante y coherente,

porque Jesús habla y actúa de un modo originario:

Derrama el amor del Padre y el gentío loa alegre.

Con Cristo siempre, siempre con Cristo en unión;

tanto para apoyarle como para que nos conduzca,

tanto para salir de nosotros como para entrar en Él,

tanto para ir al verso como para compartir universo,

tanto para cedernos como para guardarnos del mal.

Porque el poder celeste es distinto del humano,

que suele ser interesado y en ocasiones distante;

con el sacrificio de la cruz se percibe otro hálito,

la de descender sobre nuestras míseras miserias,

para ascendernos con lo poco que somos a Dios.