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Fecha de emisión de correo de lector: 8 de Enero de 2022

De los aplausos... a la ingratitud

Escrito por:
Pablo Sanchez

Me enteré estos días, por distintos medios informativos, que en varias ciudades de nuestro país (en clínicas y centros de salud) donde personal médico y de enfermería se dedica a hisopar y vacunar a las personas contra el coronavirus, fueron insultados, golpeados, presionados y amenazados por algunos de los que esperaban poder inmunizarse. Primero sentí vergüenza ajena por esa actitud tan cobarde. Después indignación. No podía creer lo que estaba viendo. No podía comprender como de los aplausos bien ganados por todos los sanitaristas, que se jugaron la vida por cuidar la nuestra, pasamos a la más grande ingratitud. Como si olvidáramos que durante dos años debieron renunciar a una vida normal en familia, porque estaban vacunando, hisopando, intubando a los enfermos más graves de COVID o llorando su impotencia de no poder salvar a los más afectados.

Ellos, los que trabajaron hasta agotar sus fuerzas, cuidándonos a nosotros, a nuestros familiares y amigos o vecinos.

Ellos que evitaron que esta pandemia en nuestra patria sea una tragedia aún mayor. Que incluso con su trabajo permitieron que vos y yo pudiésemos estar vivos, sanos y protegidos.

Ellos que incluso grababan videos bailando para infundirnos fuerzas y esperanza, cuando el miedo, la incertidumbre nos acorralaba.

Cómo es posible que ellos estén sufriendo actitudes hostiles, violentas. Como se dice en criollo recibieran el agradecimiento de la vaca empantanada. No lo entiendo. Me duele en el alma tener que ser testigo de una actitud tan baja, tan mezquina como injusta.

Pero sé que son unos pocos los ingratos, por eso le pido a la mayoría que seguimos pensando que los médicos, médicas, enfermeras, enfermeros, camilleros; todos los que trabajaron durante la pandemia son los nuevos héroes de nuestra patria y del mundo, que borremos tal afrenta con nuevos aplausos, saludando y agradeciendo a cualquiera de ellos diciéndoles “gracias” o regalándole una sonrisa, porque además de comportarse como héroes, nos cuidaron y nos siguen cuidando como a su propia familia. Como verdaderos hermanos.

Simplemente les pido; acallemos esos pocos gritos insultantes, con nuevos y agradecidos aplausos.