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Fecha de emisión de correo de lector: 13 de Septiembre de 2021

BICENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA DEL PERÚ 1821 - 2021

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En distintas circunstancias de nuestra historia, el pueblo peruano ha tenido actitudes solidarias y comprometidas hacia la Argentina. Situación que no es fortuita, porque brota de la hermandad cultivada por el Gral. José de San Martín con su acción libertadora y fundacional del Estado peruano.

Agosto es un mes que consideramos sanmartiniano por la concomitancia de hechos relevantes relacionados con él, en distintos años, como el nacimiento de su hija Mercedes, el fallecimiento de su esposa Remedios, la asunción del cargo de Protector del Perú, importantes medidas tomadas desde ese cargo, y su propia muerte el 17 de agosto de 1850, sólo por citar algunos ejemplos.

 El 171° aniversario de su fallecimiento se dio en el marco de dos bicentenarios: los 200 años de la muerte del Gral. Martín Miguel de Güemes, uno de los brazos de su plan libertador, y de la Proclamación de la Independencia de Perú, uno de sus legados más encomiables. Este es el momento en que la conmemoración nos convoca a recordar al Libertador no sólo como soldado y estratega genial, sino también como estadista, político y hombre de la cultura universal.

 La genialidad del estratega se manifestó en la clara percepción sobre el terreno, respecto de las posibilidades del Ejército del Norte y del verdadero rol que cumpliría en la guerra de la independencia. “La Patria no hará camino por este lado del Norte que no sea una guerra defensiva y nada más; para esto bastan los valientes gauchos de Salta…” (abril 22 de 1814). El Virreinato del Perú, como bastión del poderío realista, que desangraba los intentos revolucionarios, fue aquilatado por él en su real dimensión, así como la forma de minar su resistencia. Preparar el Ejército de los Andes en Mendoza, cruzar los Andes, liberar Chile y llegar a Lima por el Pacífico, instancias de un plan surgido de su clarividente concepción militar.

 Afianzada la situación en Chile, al partir de Valparaíso como General en Jefe del Ejército Libertador del Perú y Capitán General de los Ejércitos de la República Chilena, expresó: “Se acerca el momento en que voy a seguir el destino que me llama. Voy a emprender la grande obra de dar la libertad al Perú. Voy a abrir la campaña más memorable de nuestra revolución, y cuyo resultado aguarda el mundo, para declararnos rebeldes, si somos vencidos o reconocer nuestros derechos si triunfamos… El día más grande de nuestra revolución está próximo a amanecer…” (agosto 20 de 1820).

 Tras el desembarco en la bahía de Paracas, considerado el primer día de la libertad, lanzó desde Pisco la proclama a los peruanos y a los hombres de su propio ejército, que no sólo proyecta luz sobre el carácter de la Expedición Libertadora, también sobre sus auténticas aspiraciones centradas en la emancipación de los pueblos, sin intereses personales ni de poder ni de gloria, al tiempo que constituye un testamento de confraternidad americana. “¡Soldados del Ejército Libertador! … acordaos que vuestro gran deber es consolar a los pueblos que han gemido trescientos años… Los peruanos son nuestros hermanos y amigos: abrazadlos como tales y respetad sus derechos como respetasteis los de los chilenos… toda la América os contempla… y sus grandes esperanzas penden de que acreditéis la humanidad, el coraje y el honor que os han distinguido siempre, donde quiera que los oprimidos han implorado vuestro auxilio…” (septiembre 8 de 1820). San Martín llegaba como libertador, no como un conquistador; además, pidió al pueblo peruano que se uniera a la causa libertadora.

 Si bien estaba dispuesto a obtener el reconocimiento de la independencia del Perú con el menor costo posible de vidas, por lo que aceptó las negociaciones con el virrey Joaquín de la Pezuela, destituido por un motín de sus propias fuerzas al finalizar 1820, y con José de la Serna luego, las conferencias de Punchauca y Miraflores fracasaron, pues cualquier arreglo de paz estaba supeditado a la aceptación de la independencia de Perú. Su enviado, el Gral. Juan Antonio Álvarez de Arenales cumplió una exitosa campaña en la sierra, mientras Thomas Cochrane se ocupaba del puerto del Callao y San Martín desarrollaba una eficaz estrategia política de debilitamiento de las resistencias, con su presencia en el norte. Estableció su cuartel general en Huaura, donde proclamó la independencia de Perú, en noviembre de 1820, siguió en Lambayeque, en la importante intendencia de Trujillo, con la adhesión del marqués de Torre Tagle, y en otras poblaciones norteñas.

Al apoyo espontáneo de sectores de la población, como la del norte, se sumaron otras adhesiones, como la del Escuadrón Numancia de las tropas realistas, o los oficiales que se pasaron al Ejército Libertador. En sus proclamas mostró su espíritu pacificador, a la nobleza peruana le ofreció garantías e invitó a los soldados realistas para que se incorporaran a su ejército.

Cuando el virrey abandonó Lima, en plena coherencia con sus palabras, San Martín no entró a la ciudad hasta ser llamado y con claras demostraciones de desear la independencia. Su conducta austera y prudente generó demostraciones de entusiasmo y aclamaciones de júbilo. La primera medida fue solicitar al Cabildo que convocara a los vecinos, para consultar la voluntad popular respecto de la independencia. El Cabildo abierto se reunió el 15 de julio y se firmó el acta redactada por el ariqueño Manuel Pérez de Tudela, en la que se declaraba la independencia del Perú de la dominación española y de cualquiera otra extranjera. Rubricada por 339 vecinos de la Ciudad de Los Reyes, en los días subsiguientes lo hicieron 3504 de diversos sectores sociales.

 El 28 de julio de 1821 el Gral. José de San Martín realizó la ceremonia formal de proclamación solemne de la independencia, como legitimación protocolar pública, en la Plaza Mayor de Lima. Ante las tropas formadas, el pueblo entusiasta y principales autoridades, presentó la bandera de Perú y el nuevo escudo de armas, creados por él, y expresó “El Perú es desde este momento libre e independiente por la voluntad general de los pueblos y por la justicia de su causa que Dios defiende”. Agitó la bandera con vivas a la patria y a la independencia, con repique de campanas y exclamaciones jubilosas de los casi dieciséis mil presentes. Se trasladó a pie con las tropas para repetir la misma ceremonia en otras tres plazas más pequeñas de la ciudad, Plaza de la Merced, Plaza Santa Ana y Plaza de la Inquisición. A la noche se celebró una gran fiesta y se lanzaron al público medallas alusivas, acuñadas como recuerdo del histórico acontecimiento.

 La clara comprensión de la realidad peruana y la necesidad de preservar la independencia, lo llevó a unir en su persona el mando político y militar, bajo el título de Protector, a partir del 3 de agosto de 1821. Esto denotaba la necesidad de proteger a Perú de los enemigos de su libertad, concentrados ahora en Cuzco y regiones altoperuanas, pero también la transitoriedad del cargo, hasta que los propios peruanos determinaran la forma de su gobierno.

 Asistido por el Ministerio y el Consejo de Estado, mantuvo el régimen municipal y el poder judicial con sus atribuciones. Así como había logrado que los peruanos se unieran a favor de la independencia con un acto de su voluntad, también su estrategia política fue administrar medidas que los llevaran de ser súbditos a ser ciudadanos, fundando las bases institucionales de un Estado peruano, con una visión y proyección propias de un estadista excepcional.

El Gral. José de San Martín en el Protectorado

 En los primeros cien días como Protector del Perú, el Gral. José de San Martín se abocó a una triple estrategia: conseguir recursos humanos y materiales, administrar un gobierno en una sociedad compleja y configurar una nueva cultura y una nueva sociedad, a partir de lo existente y sin excluir su sustrato histórico.

 Creó el Ministerio de Relaciones Exteriores, fundando las bases de la política exterior peruana, con la promoción del establecimiento de relaciones diplomáticas con Chile, las Provincias Unidas del Río de la Plata y la Gran Colombia. La idea que perseguía era llegar a un bloque continental, desde acuerdos entre los ministros plenipotenciarios en asuntos políticos y económicos. Notable proyecto para cimentar la unidad de los pueblos americanos independientes y primeros documentos tendientes a formar una liga de naciones.

 La creación del Ministerio de Guerra obedeció a la necesidad de fortalecer y asegurar la independencia, con la Legión Peruana de la Guardia, primer ejército peruano, integrado por el escuadrón de caballería los Húsares del Perú. También formó la Marina de Guerra, ante la urgencia de contar con una fuerza naval.

 El tercer Ministerio fue el de Hacienda, en una situación muy precaria y con escasez de recursos económicos, que condicionaban el objetivo prioritario de expulsar definitivamente a los españoles. Sentó las bases para una moneda y un sistema comercial propios.

 El Protector efectivizó la vigencia de los derechos humanos para todos, en una sociedad en la que eran privilegio de una minoría dominante, y recuperó la dignidad andina de este pueblo y su cultura. Así, decretó la condición de los nativos de la tierra, hasta ese momento excluidos de todo beneficio, quienes ya no podrían ser llamados indios o naturales, sino peruanos como todos y eliminó los métodos de explotación de que eran objeto, como la mita y toda forma de servidumbre personal. En esta línea también condenó la esclavitud y a los hombres que habían comprado a los hombres sin avergonzarse, como si su propiedad fuera un derecho natural, por lo que decretó la libertad de vientres para todos los nacidos a partir del 28 de julio de 1821, quienes gozarían de los mismos derechos que el resto de los ciudadanos. La protección de la vida y la dignidad de todos los hombres se complementó con la abolición de la pena de azote y la condena a toda forma de tortura.

Su conocimiento y admiración por la cultura incaica, generó la decisión de proteger sus reliquias arqueológicas y todas sus obras, al decretar que todos los monumentos que quedaban eran propiedad de la nación, así como la riqueza minera y los objetos preciosos. Prohibió la extracción del territorio de obras de metal, piedra, cerámica o tejidos, que formarían el fondo del Museo Nacional; a este Museo se derivarían las obras donadas y las que estaban en poder de los españoles. Fue un verdadero precursor de la valoración del patrimonio nacional peruano y restituyó la conciencia de una cultura nacional.

La primera institución cultural del Perú, la Biblioteca Nacional, fue creada el 28 de agosto de 1821, para fomentar la libertad de pensamiento y el cultivo del intelecto de los peruanos. Constituía un medio para sentar las bases de una efectiva defensa de la independencia, con obras del propio San Martín, ejemplo exclusivo de militar que cruzó el océano y una de las cordilleras más altas del mundo con su biblioteca personal a cuestas. Se sumaron otras obras donadas y los libros del Cabildo de Lima, para constituir la tercera biblioteca fundada por el Libertador, luego de la de Santiago y la de Mendoza.

Desde una nueva forma de hacer política, programó medidas para la integración de una sociedad desigual y diversa, marcando la ruptura del viejo orden sobre las bases de una cultura inclusiva. Medios privilegiados en su programa fueron el libro y la educación, para combatir la ignorancia y fomentar en los hombres las luces que permiten el vuelo del ingenio, el triunfo de las leyes y la tolerancia, el desarrollo de las capacidades y de la condición libre para todos. El plan educativo comenzó con las escuelas elementales en los conventos, con carácter gratuito y obligatorio, siguió con la aplicación de nuevas metodologías de enseñanza al establecer el método lancasteriano, para lo que contrató al presbiteriano escocés Diego Thompson, quien dejó testimonio de la amplitud de espíritu de San Martín y sus deseos de promover el progreso de Sudamérica en conocimientos. Hasta que, en julio de 1822, creó la escuela normal de maestros, futuros educadores de Perú.

 Cimentar la institucionalidad del estado peruano y fortalecer una cultura andina requería contemplar el lenguaje de las representaciones simbólicas, para alcanzar una identidad que abrazara a todos en una nueva nación: la bandera roja y blanca con el escudo, el sol que asoma tras las cumbres escarpadas y el mar apacible, referencias a la tradición cultural incaica, y el Himno Nacional, música de José Bernardo Alcedo y letra de José de la Torre Ugarte, presentado en el Teatro y entonado por la cantante Rosa Merino.

 También era preciso contar con una generación de fundadores de la patria, por lo que estableció dos condecoraciones, la Orden del Sol para los hombres y la Banda de Seda para las heroínas.

El Estatuto Provisorio del 8 de octubre de 1821 fue la base jurídica del Protectorado, cuyas normas constituyen un testamento político del Libertador. Entre ellas, la que estableció la división de poderes, el derecho para todos los ciudadanos de defender su honor, su libertad, su seguridad, su propiedad y su existencia; la inviolabilidad del domicilio, la libertad de imprenta para la expresión de ideas y opiniones, y la ciudadanía de Perú para todos los nacidos en estados independientes de América. Con carácter provisional, hasta que se convocara un congreso constitucional, este Estatuto revela el temperamento visionario de nuestro Libertador.

Luego de la entrevista de Guayaquil donde, entre otras consideraciones, no encontró la reciprocidad a su cooperación con las tropas que enviara en apoyo al ejército colombiano, con los triunfos de Bomboná y Pichincha, más la suma de deslealtades de algunos de sus hombres, convocó al Congreso Constituyente. Instalado solemnemente el 20 de septiembre de 1822, el Protector le entregó sus atributos de mando y presentó su renuncia indeclinable.

De esta forma, en tan sólo catorce meses como Protector de la Independencia del Perú, había levantado la institucionalidad del Estado, con una organización acorde a la nueva era que comenzaría a transitar ya una nación peruana independiente.

Iba camino a terminar la vida pública quien, si bien consideraba su patria la de su nacimiento, portaba con orgullo una sola nacionalidad y una Patria: la americana.

 Rosa María Reissenweber

p. Asociación Cultural Sanmartiniana Concordia

Fuentes y autores consultados:

Proclamas de José de San Martín, 20 de agosto y 8 de septiembre de 1820; Estatuto Provisional de 1821.

Carlos Ibarguren.

Expositores de Instituto Sanmartiniano de Perú: Esteban Ocampo; Ricardo Pinto- Bazurco Mendoza; Andrés Belaundo; Juan San Martín Vázquez; Florencia Grosso; Franco Ricaveri; Carlota Castaño; Fernando Poblete; Jorge R. Arroyo González.