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Fecha de emisión de correo de lector: 3 de Mayo de 2021

Por el Día internacional del Trabajador

Escrito por:
Pablo Sánchez

Es un día para celebrar, aunque cueste decir feliz día, porque son muchas las personas, Mujeres, hombres, jóvenes, que están desocupados. Hoy sabemos que el virus que nos ataca y enferma, también debilita la economía mundial. Provocando cierres de fábricas, suspensión de actividades, con lo cual muchos pierden temporal o definitivamente su trabajo. Pero este flagelo llamado desocupación, que provoca tristeza, frustración, hambre y también enfermedades, es provocado por otro virus más antiguo, el egoísmo. Un egoísmo que acapara, que ambiciona sin medida, que no respeta el derecho a un trabajo estable, digno y bien remunerado que tiene cada hombre o mujer. Un trabajo que le permita proyectar, realizar su vida, sostener a su familia con su propio esfuerzo, con sus manos, con su inteligencia. En definitiva un trabajo que lo ayude a ser feliz y a construir un mundo más justo.

El “virus” del egoísmo, para lo cual no hay vacunas deshumaniza; solo pensar que según serias estadísticas, indica que el 10% de la población mundial, es dueña del 90% de toda la riqueza que hay en la tierra, y 90% de los hombres, mujeres y niños que habitan este planeta tienen que vivir o sobrevivir con las migajas del 10% restante, habla a las claras de la violencia de este virus que un grupo poderoso de personas, empresas y naciones, mantienen vivo para resguardar y acrecentar cada día más sus intereses, sus riquezas a costa del esfuerzo y sacrificio de la mayoría de los trabajadores o la desesperación del obrero que fue despedido de su empleo y no puede llevar algo para compartir en la mesa de su hogar.

Por eso más que un deseo de felicidad, ruego a Dios por todos, trabajadores y trabajadoras:

Los que trabajan con las manos o la mente.

Por los que lo dan todo con sacrificio y amor, como en este tiempo los trabajadores de la salud.

Por quienes trabajan y luchan día a día por un mundo más humano.

Por quienes perdieron su trabajo y viven la angustia de estar desocupados.

Por los hogares donde falta el pan material y la alegría en las mesas, porque papá o mamá quedaron sin trabajo.

Que Dios mantenga viva sus esperanzas, sus sueños y en el corazón de los dirigentes sociales, sindicales, políticos y empresariales, vuelva a palpitar el deseo de crear fuentes de trabajo, mejorar la calidad del empleo y los sueldos.

Que pronto sientan el deseo de ser mas solidarios y comprendan que estar al servicio de su pueblo, les dará la alegría mas profunda y la bendición de Dios.