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Fecha de emisión de correo de lector: 3 de Mayo de 2021

CHUETAS

Escrito por:
Por Adolfo Gorskin



La historia del judaísmo en España tiene muchos aspectos desconocidos.

Estaba yo una mañana en el Museo Judío a mi cargo en Concordia, cuando se presentan en la puerta dos jóvenes señoras preguntando: ¿Podemos pasar? Somos chuetas. Por supuesto, respondí, y con una singular simpatía y ese gracejo español en sus voces tuve el privilegio de conocer a través de ellas una historia poco difundida que deseo compartir.

Luego de una recorrida y contándoles la historia de la inmigración de judíos asquenazíes a nuestro país, por la que se mostraron muy interesadas, les pedí me cuenten algunas historias de su particular presentación, los CHUETAS, a lo que accedieron de buen grado relatándome lo siguiente:

Nuestras familias descienden de judíos mallorquines (Mallorca) conversos, por lo que reivindicamos la memoria chueta. Qué es un chueta, inquirí. Así han llamado los mallorquines a conciudadanos tan católicos como ellos, pero descendientes de judíos conversos. Han sido familias repudiadas durante siglos recluidas en guetos.

¿Qué familias son esas? Son quince linajes, lo que no significa que otros no desciendan también de judíos. ¿Me pueden decir los apellidos? SÍ, ¡cómo no! Y me detallan: Aguiló, Bonnin, Cortés, Fortesa, Fuster, Martí, Miró, Picó, Pinya, Pomar, Valentí, Valleriola, Valls, Segura y Toronjí.

¿Alguna de ustedes tiene uno de esos apellidos? Sí, pero en casa no se hablaba de esto.

¿Cómo se enteró que era chueta? A los siete años, a la salida del colegio, dos niñas se peleaban. Me acerqué a separarlas y una cayó al suelo golpeándose la frente y sangró, lloraba. Llegó la madre y le preguntó, ¿quién ha sido? La niña me señaló, y aquella madre me miró y soltó: "Ah, tú... chueta tenías que ser!"

¿Y qué pensó usted? Me quedé perpleja. Era la primera vez que oía eso y quise saber qué significaba. Llegué a casa y corrí a contárselo a mi padre. "Ja hi tornem a ser", suspiró, como resignado (supe que quiso decir: Vuelta a empezar). Aquello me alertó.

¿Y qué hizo? Al morir mi abuelo su vieja biblioteca fué depositada en el desván de la solariega casa, y yo pasé horas husmeando... Encontré un libro muy viejo, que parecía de pergamino con textos casi ilegibles.

Con paciencia y cuidado descubrí que eran anotaciones del abuelo de mi abuelo, apuntes, había un año, 1810, notas personales. Logré leer que trataba casi siempre con las mismas familias. Comentándolo con mi padre, me confirmó que los chuetas, hostigados por la población, tenían que tratar todo entre ellos. ¿Estaban condenados a la endogamia? Mi padre, que ahora tiene 90 años, me contó que recuerda a su padre comentar, en la trastienda, que un hermano se casaba con una que no es de las nuestras, de afuera, cómo le irá? ¿Y cuál era el temor de su abuelo? Que tuviese problemas con la familia de ella y con la gente. Casarse con un chueta estaba muy mal visto, y de hecho el padre de la novia se negó a asistir a la boda.

Hoy, todo eso es ya pasado, ¿no? Ha sido vigente hasta hace muy poco. Queda mucha deuda histórica pendiente, mucha memoria que recuperar y dignidad que restituir.

¿Mantuvieron algunas prácticas judaizantes? A partir de la última hoguera (aquí una angustiosa pausa...) de junio de 1691, no creo. Imperó el silencio prudente, la resignación, la humillación vergonzante. Algún hábito culinario sí pudo sobrevivir...