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Fecha de emisión de correo de lector: 22 de Febrero de 2021

“¡CON LA VACUNA NO SE JODE!” (Alberto Fernández)

Escrito por:
Ricardo Monetta

Esa expresión fue el primer comentario que salió de los labios del presidente Fernández cuando le comunicaron lo que había pronunciado el periodista Horacio Verbitsky, acerca del privilegio que había obtenido para vacunarse sin estar comprendido en la lista de espera que inexplicablemente se ha demorado en CABA.

Al ser el Ministro de Salud de la Nación, el Dr. Ginés González García, quien autorizó por medio de su secretaria, ya que él estaba en Paraná en ese momento, lo que no varía la esencia de la irregularidad, ya que los funcionarios públicos no delegan la “responsabilidad de ser funcionarios, fue entonces que dicha secretaria le comunicó que fuera al Hospital Posadas, pero luego se rectificó la orden y le pidieron que fuera al Ministerio de Salud, ya que había varias personas que recibirían la vacuna por distintas causas, que supuestamente justificarían la excepcionalidad del privilegio. Entre estas personas se en encontraba un funcionario de Cancillería, el Dr. Jorge Taiana, y el Diputado Eduardo Valdés.

Pero además está el pedido hecho por el periodista de Clarín, jefe de Redacción, Ricardo Roa, quien le pidió al Ministro como excepción una dosis de vacuna para José Aranda, Nº 2 de Clarín nada menos, pero con la condición de que no fuera la vacuna Sputnik, ya que ese diario opositor la había cuestionado anteriormente y no quería que ese hecho se volviera en su contra. También figuraban otras personas en la lista. Ahora bien, dentro de ese contexto, el periodista Horacio Verbitsky concurrió a una radio porteña a un programa conducido por Ari Lijalad, y muy suelto de cuerpo expresó que había conseguido la vacunación, primero en el Hospital Posadas, y luego en el Ministerio por intermedio de Ginés González García. Y ahí fue donde explotó la noticia que conmovió al mundo de la Salud y al ámbito político.

Ni corto ni perezoso, el Presidente le pidió de inmediato una explicación por escrito con carácter de urgente, y luego de leerla le pidió la renuncia.

De todo esto surgen varios interrogantes:

1) ¿Por qué Ginés González García hizo favores gratuitos a “amigos”, sabiendo que estaba incumpliendo desde el punto de vista ético y moral teniendo en cuenta su jerarquía de Ministro de una cartera, donde miles de ancianos están en la dramática espera de ser vacunados, privilegiando a quienes tienen la oportunidad de acercarse al poder?

2) ¿Por qué estas gestiones estaban a cargo del sobrino del Ministro, Lisandro Bonelli, a su debido tiempo había cuestionado a la Dra. Carla Vizzotti desde el diario Clarín de quien se presume tendría una interna con Ginés?

3) ¿Por qué un hombre como Ginés González García, quien es considerado como el mejor Ministro de Salud desde la recuperación de la democracia hasta ahora, hizo o permitió que se hiciera lo que sucedió? Y para respaldar sus antecedentes les nombro algunos, lo que no significa de mi parte por lo menos una justificación de lo sucedido. De ninguna manera.

El Dr. Ginés González García trabajó en Salud Pública desde los años 70. Lo obligaron a renunciar y tuvo que renunciar con la dictadura de 76. Volvió el retorno a la democracia y se puso a militar en la Salud Pública sobre los hombros. Creó el PLAN REMEDIAR, por el cual más de 15 millones de personas tuvieron acceso gratuito a los medicamentos. Además reforzó la atención primaria de Salud, en una de las perores crisis que atravesó el país por allá en el 2001.

Impulsó el cuidado de la salud sexual y reproductiva desde los tiempos en que el sexo era “pecado venial”, con un Plan de Educación Sexual y distribución de preservativos y anticonceptivos. Además promovió la despenalización del aborto, por lo que fue perseguido por la Iglesia, pero no paró hasta la aprobación del Aborto Legal.

El mismo Ginés se enfrentó a las mafias históricas de los laboratorios, incluso a costa de su salud, y de la seguridad suya y de su familia, hasta conseguir la famosa ley de Medicamentos Genéricos, mucho más baratos, para que dejaran de robarnos con marcas y propagandas infames.

Como si fuera poco se ocupó de los programas de asistencia a los diabéticos y HIV. De la prevención el Cáncer Génito-Mamario, de las Enfermedades de transmisión sexual.

Y cuando podía haberse retirado a gozar de su jubilación y de su familia, asumió hace un año la responsabilidad de una gestión con un país prendido a fuego y un Ministerio de Salud degradado a Secretaría, cuyo Secretario Rubinstein dejó vencer cuatro millones de vacunas y posibilitó la vuelta del sarampión a nuestro país. Nadie se acuerda de todo esto. Es que la memoria de los argentinos es un exilio cómodo del cual vuelven, cuando las circunstancias les conviene.

Y fue el gran responsable del manejo de la Pandemia, manejo este que evitó con un criterio de anticipación que el sistema de salud colapsara como en otros países. Y él mismo se puso al frente para negociar con los laboratorios mafiosos que querían ponerle condiciones a la Argentina, y que nos hagamos cargos de cualquier resultado negativo, quienes ahora se rasgan las vestiduras quienes las denostaron hasta el hartazgo.

Pero atención, nada de esto nubla mi juicio de que cometió un error, más político que sanitario, pero primero está la fe en un sistema sanitario que debe ser ejemplar, y sobre todo con compromiso ético. Hay una versión en los círculos más importantes de la política y es que Verbitsky dijo lo que dijo el día viernes, porque se había enterado que Clarín preparaba una tapa para el día domingo, acerca del manejo de algunos privilegios a espaldas del Presidente y con esa actitud desbarataba la maniobra. Eso queda en la elucubración de quienes manejan información sólida, y la de los “industriales de la saliva” de la oposición que durante cuatro años dejaron que se degradara hasta tal punto la salud, que dejaron sin cobertura a miles de jubilados.

 Por supuesto que es muy triste, que por un pecado de inconsciencia, de una persona que entregó su vida a la Salud Pública, deba irse por la puerta de atrás. Pero lo justo, es lo justo.

Y las reglas que afectan a tanta gente, más aún.