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Fecha de emisión de correo de lector: 22 de Febrero de 2021

Un tiempo de encuentro

Escrito por:
Pablo Sánchez

Hace algunos días hablábamos del carnaval, de ese tiempo lindo en que con música, con bombos y platillos buscábamos pasarlo bien. Buscando, aunque sea por unos días la felicidad. Nos ponemos disfraces, máscaras, como buscando ser otro, y así pasamos días muy lindos. El pasado miércoles, comenzamos un tiempo llamado Cuaresma, que como dijo un niño que hace mucho está en el cielo, “mirá Pablo, es igual pero distinto”. Hoy uso esa frase contradictoria “igual, pero distinto”, para animarme a decir , aunque sé que muchos no estarán de acuerdo, incluso se escandalizarán; el carnaval y la Cuaresma encierra un mismo deseo; ser felices: uno acercándose al “dios Momo” y los otros al Dios del Amor y la Vida.

Uno busca la felicidad, ocultando en parte su rostro, una felicidad válida, necesaria, que nos sacuda un poco la tristeza y los malos momentos vividos, aunque sea por unos días. El otro, en tiempo de Cuaresma, busca la felicidad, la paz. Es decir quitándonos la máscara, reflexionando sobre nuestra vida personal y como sociedad, con la ayuda de ese Dios que es Padre y nos ama y que está cerca de nosotros, no solo estos cuarenta días, sino cada día de nuestra vida.

Son cuarenta días donde buscamos en nuestro interior, para descubrir lo bueno que hay en nuestro corazón y lo malo, que debemos cambiar. Son cuarenta día para buscar el camino de una felicidad verdadera, humana, sencilla, pero profunda. Una felicidad que para vivirla en plenitud necesita al otro, a esa mujer, hombre, niño especialmente pobre o solo o triste, que camina a nuestro lado y que Dios me dice que es mi hermano. Hay dos episodios del Evangelio que nos aclara esto que quiero decir.

                                                                                                                                                                         Uno cuando el mismo Jesús vive su propia cuaresma permaneciendo 40 días en el desierto, reflexionado, rezando, incluso sintiendo todas las tentaciones de poder, de riquezas, de abandonar todo por miedo (tentado por el demonio) como dice la Escritura Sagrada. Las mismas tentaciones que sufrimos nosotros. En esos cuarenta días Jesús, fortaleció su Fe y su amor a Dios y la decisión de cumplir la misión que lo llevó a la Cruz y a la Resurrección.

                                                                                                                                                                     El otro episodio cuenta que Jesús llevó a un cerro a sus amigos Pedro Santiago y Juan y allí se mostró transfigurado, glorioso, fue un tiempo breve, pero hermoso que llevó a Pedro a exclamar “Señor qué bien estamos aquí, quedémosno”, como única respuesta de Jesús fue “bajemos al pueblo’’, porque era allí donde debía llevar esa felicidad, no guardársela solo para ellos. Es una tentación que tenemos muchos creyentes.

El Papa Francisco en su mensaje cuaresmal de este año nos dice: “Vivir una cuaresma de Caridad es cuidar a quienes se encuentran en condiciones de sufrimiento o angustia a causa de la pandemia”. Y agrega: “La Caridad se alegra de saber que el otro crece, y sufre cuando el otro está enfermo, sin hogar, despreciado…”

                                                                                                                                                                    Y agrego una última frase que nos dice nuestro Papa: “A partir del amor social es posible avanzar a una civilización del amor... se puede construir un mundo nuevo”, más humano.

                                                                                                                                                                      Que tengamos todos una Cuaresma de encuentro con Dios, y con los hermanos. No para quedarnos “allá arriba”, como quería Pedro, sino que nos ayude a salir al encuentro de los que más sufren y decirles simplemente “Dios es padre y te ama”, mensaje que debemos confirmar compartiendo nuestros bienes, nuestro tiempo, sin egoísmo, como nos pide el Papa y el mismo Dios.