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Fecha de emisión de correo de lector: 21 de Noviembre de 2020

21 de noviembre defensa de C. del Uruguay

Escrito por:
Bernardo I. Salduna

Hoy, 21 de noviembre se cumple un aniversario de un hecho, significativo, e importante, pero poco conocido de la Historia argentina.

Como es conocido, en la batalla de Caseros -3 de febrero de 1852- las fuerzas del Ejército Grande, comandadas por el entrerriano Justo José de Urquiza derrotaron al ejército de la Confederación rosista. El dictador, Juan Manuel de Rosas debió abandonar el combate, renunciar a su cargo y refugiarse en un buque de bandera británica, iniciando un definitivo exilio en Inglaterra hasta su muerte en 1877.

 Culminaban así más de veinte años de dictadura que retardaron la organización institucional y el progreso del país.

Pero con ello, los problemas no terminaban: subsistían en las provincias del interior casi todos los caudillos- gobernadores que habían colaborado y sostenido a Juan Manuel de Rosas durante su despótico mandato. El jefe triunfante, Urquiza, hizo gala de su notable intuición y habilidad política: en lugar de hacerles la guerra, como algunos le proponían, los convocó a una reunión a realizarse en la ciudad de San Nicolás, provincia de Buenos Aires. Concurrieron prácticamente todos. Y de allí salió el famoso “Acuerdo de San Nicolás de los Arroyos”: todas las provincias elegirían diputados , se reuniría un Congreso constituyente en la ciudad de Santa Fe y se dictaría una Constitución para dar al país por fin una organización institucional federal y republicana.

Pero aquí vino el primer escollo: se decidió que, en el interín, mientras se elegían los representantes y se organizaba el Congreso, las rentas del puerto y aduana de Buenos Aires serían manejadas por un ente representativo de todas las provincias. Es decir, se nacionalizaba el puerto y aduana, centro de entrada y egreso de mercaderías de todo el mundo, y principal ingreso de recursos de las Provincias Unidas.

Además, Buenos Aires elegiría diputados en igualdad de proporción con sus provincias hermanas.

 Aquí vino la reacción airada de hacendados y comerciantes porteños, a quienes se limitaba en su situación de preponderancia y los exorbitantes privilegios que gozaban hasta entonces, a expensas de los empobrecidos pueblos del interior.

Se levantó en la orgullosa ciudad, toda una oleada de protestas: en la defensa de intereses comunes, coincidían los liberales porteños con los más fervientes admiradores de Rosas.

En un acto en el teatro Coliseo se abrazaron el unitario Valentín Alsina con Lorenzo Torres el jefe de bancada mazorquera en la Legislatura rosista. La presencia de Urquiza y sus tropas, evitaron que la protesta llegara a mayores.

Pero cuando don Justo debió partir hacia Santa Fe a inaugurar las sesiones del Congreso Constituyente, el 11 de setiembre de 1852 estalló una revuelta. Un grupo de milicias porteñas y correntinas- estos últimos resentidos con Urquiza porque se les debía sueldo- depusieron al gobernador interino Galán y nombraron en su lugar al general Manuel Pinto, quien designó ministro de Guerra al Dr. Alsina. La ciudad de Buenos Aires desconoció el acuerdo de San Nicolás, y se declaró independiente del resto. Separación que duraría diez años. No sólo eso: intentaron sabotear la Convención constituyente. Alsina, ministro de guerra, preparó un ejército que debía marchar a Santa Fe.

Simultáneamente una fuerza expedicionaria de cinco barcos al mando de los generales Hornos y Madariaga operaba sobre la costa del río Uruguay. Desembarcaron en Gualeguaychú, tomando de sorpresa el vecindario y guarnición, ocuparon la ciudad sin problema. Otro grupo comandado por el general correntino Juan Madariaga se dirigió a Concepción del Uruguay, por entonces, ciudad capital de Entre Ríos. Pero aquí las cosas cambiaron: el entonces coronel Ricardo López Jordán, jefe destacado por Urquiza para proteger el sitio, organizó, junto al joven Waldino de Urquiza -hijo de don Justo- una defensa firme y encarnizada.

Que, más que militar, fue cívica y popular: hombres, mujeres, chicos y viejos, pobres y ricos. Hizo López Jordán cavar trincheras en la Plaza Ramírez y colocó la artillería en la terraza del Colegio Nacional, apostó tiradores en azoteas y ventanas. Los combates comenzaron a las 10 de la mañana.

Una columna de los invasores comenzó a avanzar desde el actual Balneario Municipal por la calle V.H. Montero mientras eran cañoneados desde la terraza del Colegio Nacional. Los barcos respondían disparando desde el río hacia el Colegio, un bombazo hizo volar uno de los miradores del Histórico. Los infantes trataban de llegar a la plaza principal, pero los vecinos los acosaban desde todos lados.

Las mujeres peleaban a la par de los hombres, cargando sus fusiles y en ocasiones, disparando sobre los atacantes.

Se llegó a pelear cuerpo a cuerpo, a sable y cuchillo. Finalmente, la precaria caballería que pudieron organizar López Jordán y Waldino les entró en la acometida final. Los invasores tuvieron que retirarse a la disparada dejando muertos, heridos y buena cantidad de armamento.

Se afianzó la seguridad de la provincia: el Congreso de Santa Fe pudo continuar tranquilo sus deliberaciones, hasta dictar en 1853 la Constitución Federal que todavía nos rige.

La gesta popular y heroica que permitió el feliz resultado fue un 21 de noviembre de 1852.


   Asociación “Justo J. de Urquiza”

Concordia (E.R)