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Fecha de emisión de correo de lector: 12 de Septiembre de 2020

CHILE 1973: “HISTORIA DE UNA INFAMIA”

Escrito por:
Ricardo Monetta

En la Guerra Fría de la postguerra de la década de los 70, se iniciaron una serie de acciones para contrarrestar la posibilidad de que gobiernos con tendencia de izquierda asumieran el poder, lo neutralizaría la política exterior de los EEUU.

Fue así que nació el Plan Cóndor, con la advocación del Secretario de Estado de EEUU, Henry Kissinger, que terminaría en el desembarco de todas las dictaduras del Cono Sur, arrasando con gobiernos democráticos como el de Salvador Allende Grossen, que había accedido al poder después de tres frustraciones electorales.

Allende, con ideas absolutamente socialistas, se propuso de acuerdo a las palabras dichas desde el balcón del Palacio de la Moneda, lo siguiente: ‘‘Yo sé que ustedes hicieron todo lo posible para que el pueblo sea mañana gobierno, y tendrán la responsabilidad histórica de realizar lo que Chile anhela para convertir a nuestra patria en un país señero en la justicia social, en los derechos de cada hombre, y de cada mujer de nuestra tierras. Hemos triunfado para derrocar definitivamente la explotación imperialista para terminar con los monopolios, para hacer profundamente una Reforma Agraria y para nacionalizar el crédito, creando el capital social que impulsará nuestro desarrollo”.

Comenzaban entonces días muy movidos en la construcción de la “vía chilena” en medio de una guerra fría entre Occidente Conservador y el Este Socialista. Allende desafió la hegemonía de EEUU y haciendo temblar la vieja oligarquía casi colonial chilena, privatizando la explotación del cobre, con la minas más grandes del mundo, dejándoles solo el 10% por ciento para las Fuerza Armadas, como condición impuesta.

Fue tan así, que la profundización de las 40 medidas, sin indemnización al capital yanqui y de casi el 199 % del capital bancario y la creación de una economía donde los asalariados podían participar de la cogestión, fue creando una nueva relación con la población, donde hasta los niños tenían atención médica gratuita, y las mujeres tuvieron un papel protagónico en la transformación del nuevo Estado y su relación con el mercado que los había explotado durante tantos años.

No estuvieron exentas las resistencias de sectores de privilegios acumulados durante tanto tiempo. Así fue que en 1972 el Plan Prats-Millas, llamaría devolver decenas de empresas ocupadas a sus dueños, lo que trajo descontento a las clases obreras.

Mientras tanto el Diario El Mercurio, equivalente a La Nación en Argentina, alentaba al golpe de Estado creando un clima belicoso en contra de “las hordas fascistas”, y las facciones de derecha Patria y Libertad (¡cuándo no esas siglas!) que atacaban con armas cortas a los locales sindicales. Allende creyó retomar el control político mediante la creación de un gabinete Cívico-Militar, y fue así que los militares entraron en el juego político ocupando puestos claves, donde se incubó el “huevo de la serpiente” del Golpe de Estado. Si el jefe del Ejército era nada menos que Augusto Pinochet. Quien luego fuera el traidor que de la mano de Henry Kissinger, de la ITT y de la Sexta Flota amarrada en los puertos de Chile, le dieran el golpe final.

En las sombras otros actores hicieron todo para ahogar ese entusiasmo revolucionario que amenazaba los intereses de la oligarquía chilena y los intereses de EEUU, por eso Richard Nixon, presidente de los EEUU, dio la orden de “acabar” con la economía chilena a la CIA y entre Santiago y Washington se montaba un escenario a espaldas de Allende.

                                                                                                                                                                    Así fue que los contactos con los generales hostiles a Allende, con Agustín Edward, dueño de “El Mercurio” y Richard Helmns, de la CIA comenzaban a delinear el asalto final, previa intimación a la rendición sin dar ninguna explicación.

El adelantamiento del día del golpe al 11 de septiembre se debió que no querían dejar a Allende anunciar su proyecto de referendum popular y de Asamblea Constituyente, por miedo que la votación fuera favorable al mandatario, lo cual no dejaba lugar al golpe.

Ya es historia conocida del bombardeo sobre el Palacio de la Moneda, donde sólo había quedado el presidente Allende y sus colaboradores más íntimos, que se negaron retirarse. En un momento determinado, Allende se despidió de todos, se fue a su despacho y se suicidó, porque no quería que lo exhibieran como escarmiento.

                                                                                                                                                                  Luego del terrorismo de Estado que duró con Pinochet 17 años, se retomó la democracia, y el dictador se fugó a Londres con un fortuna de más de 7 millones de dólares. Y cuando lo nuevos gobernantes pidieron su extradición, fingió padecer una enfermedad neurológica. La misma que les llega a todos los dictadores: la cobardía.

Queda el recuerdo de los obreros chilenos que aún hoy, manifiestan que nunca tuvieron tantos derechos y conquistas sociales como con el gobierno de “Chicho”, como lo llamaban cariñosamente.