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Fecha de emisión de correo de lector: 12 de Septiembre de 2020

LOS ZAPATOS DEL PAPA

Escrito por:
Pablo Sánchez

No crean que estoy por escribir algo similar a la novela “Las Sandalias del Pescador” de Morris West. No me atrevería. Simplemente voy a recordar al zapatero del Papa Francisco, Carlos Samaría, de 89 años. Este hombre hacía 40 años que confeccionaba sus zapatos, que deben ser especiales. Carlos cuenta que luego de la elección papal recibió una llamada en su celular y el diálogo fue así:

Hola ¿Quién habla?

Soy Francisco

¿Qué Francisco?

Bergoglio

¿Bergoglio?

Sí, ¿Cuándo me vas a venir a visitar?


Casi se me cayó el celular, cuenta Carlos. Meses después se encontraron él y sus hijos con Francisco, en Santa Marta.

Me pareció muy lindo y gratificante recordar esta relación del Vicario de Cristo con un simple hombre de trabajo, que siguió siendo, simple y orgullosamente “el zapatero del Papa”.

 Esto me llevó a pensar en la humildad de Francisco que no solo siguió con su mismo zapatero, sino que rompió con una antigua Tradición de usar “los delicados y distintivos” zapatos rojos, yo seguiré usando los míos, se le escuchó decir.

                                                                                                                                                                 A partir de ese momento sobre los pisos del Vaticano y del mundo van dejando sus huellas los zapatos negros y argentinos del nuevo Papa. Nos deja un mensaje de humildad para todos, los que a veces nos “agrandamos” por mucho menos.

Mientras escribía esto, me dije, “hay que estar en los zapatos del Papa”. ¿Quién es el guapo que se anima? En un mundo materialista, habla de los valores espirituales, humanos, de la vida del planeta. En un mundo violento, debe hablar de la Paz y la No Violencia; en un mundo desigual, donde hay hambre y muerte por la desigualdad y egoísta distribución de los bienes, debe hablar de la justicia social, de la igualdad, de reclamar con fuerza, a los que tienen y acumulan riqueza, que compartan algo con los que menos tienen.

En un mundo azotado por una pandemia, debe denuncia con dolor e indignación que “algunos se aprovechan del virus, para fomentar divisiones, para buscar ventajas económicas o políticas, generando o aumentando conflictos”. Y sin perder la esperanza agrega “de la pandemia podemos salir mejores si buscamos todos juntos el bien común”.

Realmente es difícil “estar en los zapatos del Papa”.

                                                                                                                                                                      Quizás por ello, no cambió, siguió con el mismo zapatero que ya lo conocía, de quien era amigo.

Carlos, el zapatero, debe estar en el Cielo y su “cliente” más importante seguirá, mientras Dios lo quiera, “pateando” los caminos del mundo, con su mensaje de amor, calzado con sus sencillos zapatos negros.