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Fecha de emisión de correo de lector: 31 de Julio de 2020

“LA PANDEMIA DE LA CORRUPCIÓN” (Segunda parte)

Escrito por:
Ricardo Monetta

Según los criterios modernos que marca cierta Sociología, mayor grado de laxitud en el cumplimiento de las leyes, es directamente proporcional a un mayor grado de corrupción.

Podríamos atrevernos a decir que la corrupción ha existido inmemorialmente en las distintas sociedades clasistas. Hay que recordar que históricamente fue famosa la frase de Napoleón Bonaparte cuando proclamó: ‘‘Todo hombre tiene su precio” a principios del siglo XIX. Es decir: una vez establecida la ley, paralelamente hay un espacio para burlarla. Quizá podríamos explicarla, no justificarla, como parte indisoluble de la condición humana para la cual siempre hay un resquicio para “jugar” a saltar las normas establecidas.

La corrupción ha acompañado a la historia de la humanidad, pero en nuestros días ha alcanzado tal extremo que los hechos derivados de su significado etimológico: descomponer, depravar, dañar, viciar, pervertir, sobornar, etc., no parecen suficientes para describir este cáncer de las sociedades.

La corrupción constituye un fenómeno político social, y económico. Es un mal universal que corroe las sociedades y las culturas y se vincula con otras formas de injusticias e inmoralidades, provoca crímenes y asesinatos, violencias y muerte y toda clase de impunidad; marginalidad, exclusión y miedo en los demás, mientras utiliza ilegalmente el poder en su provecho.

Afecta también a la administración de justicia, a los procesos electorales, al pago de impuestos, a las relaciones económicas nacionales e internacionales, a la comunicación social. Se presenta por igual en la esfera pública, como en la privada, y en una y otra se necesitan y se complementan.-

Se liga al narcotráfico, al comercio de armas, al soborno y a la venta de favores.

De todos modos las sociedades modernas, las sociedades masificadas que han venido de la mano del capitalismo y más aún en las sociedades de la información, donde los hechos políticos pasaron a ser parte de la mercantilización de las noticias, circunstancia esta que puso al desnudo, la corrupción periodística, tanto de los grandes medios, como sus brazos ejecutores, conduciendo los distintos espacios, tanto en la TV, como en la Radiofonía y la prensa.

Sólo basta arrimarse hacia donde va el grueso de la pauta publicitaria para darse cuenta quiénes son los intérpretes de esa acción venal.

De esta manera, estas sociedades, han sido víctimas de la “desinformación” por parte de los grandes medios que difunden noticias tergiversadamente, noticias y opiniones, manipulando el estado emocional e ignorancia de fondo acerca de cuál o tal circunstancia política y económica.

Por suerte hoy están saliendo a la luz las complicidades del Estado mismo, con datos obtenidos en forma ilegal, para proporcionarlo a los medios, previamente corrompidos, con periodistas igualmente involucrados, para inculpar o denunciar falazmente en operaciones donde se juegan muchos intereses políticos y económicos.

¿Cuántos altos funcionarios, incluso presidentes en el mundo tienen en la actualidad procesos judiciales en su contra debido a denuncias de malversación, a las que contribuyó la Prensa? Recuerden al más famoso, el caso de Richard Nixon, presidente de EEUU, quien debió renunciar.

Hoy por hoy, sin significar que la corrupción esté en vías de desaparecer por el caso Watergate, de espionaje a los Demócratas.

Hoy por hoy, sin que esto signifique que la corrupción esté en vías de desaparecer ni mucho menos, las sociedades saben más sobre los grandes casos de corrupción.

 Es común que estos ilícitos político-económicos se denuncien, circulen, se difundan en forma masiva y a veces llegan a castigarse.

Ello no mejora la distribución de la riqueza; los pobres excluidos siguen tan pobres como siempre y los ricos continúan siendo más ricos, aún.

Pero esto podría empezar a cambiar, cuando se ponga la mira implacable en la peor de las corrupciones, que implica la moral y la ética: la corrupción de un sector de la Justicia en los más grandes estamentos por parte de quienes se han subordinado al poder político, comprometiendo no sólo el valor ético de la Justicia, sino la paz social al modificar el humor social en forma negativa.

La corrupción, en definitiva, habla de una cultura generalizada, de una ética perdida, de un modelo de ser humano en juego.

El Capitalismo es corrupto porque los valores rectores están asociados con la ganancia individual por sobre todas las cosas, con el beneficio entendido como posesión material y es absolutamente funcional lo dicho por Napoleón:

Todo hombre tiene su precio, porque con esa lógica es innegable que tarde o temprano la barbarie y la codicia se impongan.

¿Cómo combatimos la corrupción?

Antes que nada en la selección irrestricta y de acuerdo a los reglamentos constitucionales para designar a funcionarios judiciales, que respondan con acabados méritos académicos y de carrera, y no por pertenecer a la triste “famiglia judicial”, o por conveniencia política.