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Fecha de emisión de correo de lector: 29 de Julio de 2020

PANDEMIA Y ECONOMÍA “EL FUTURO YA NO ES COMO ANTES”

Escrito por:
Ricardo Monetta

El futuro se presenta como incierto, pero en esta época, más aún. Posiblemente en esta época, es uno de los momentos históricos, donde la nostalgia de no hace muchos años, nos aprestábamos a disfrutar de un crecimiento continuado, después de habernos liberados de compromisos económicos externos y el despertar social y cultural se ponía de manifiesto, aunque con algunas deudas pendientes a las clases más postergadas.

Pero de golpe, una hecatombe económica heredada y una crisis sanitaria, nos interpela con la presencia de un tsunami poderoso que ha parido el nacimiento del siglo XXI.

Así fue que la caída del PBI con cifras impactantes en la mayoría de los países y concretada en solo cinco meses, nos revela que la velocidad de destrucción, es similar a la velocidad de los contagios del COVID-19. Nunca en la historia, más de mil millones de chicos, simultáneamente dejaron de ir a la escuela. Esta crisis es más arrasadora que una guerra. Pero muchos creen que pueden mirarla de “costado” en una proporción que asombra debido al grado de irresponsabilidad social, como partícipes necesarios de un cuadro de gravedad inusitada en todas las escalas sociales.

En los EEUU en solo seis meses fueron despedidos más de cuarenta millones de trabajadores. La caída de su PBI en un trimestre fue de un 37%. Y los economistas de una ortodoxia blindada mantienen silencio en nuestro país cuando en el país que “admiran” se espera un déficit presupuestario de nada menos que del 17%.

La pandemia ha desnudado un mundo que camina al cataclismo del calentamiento global de la mano de las dos grandes potencias (EEUU y China), como si ellos fueran los dos únicos habitantes del planeta.

La Argentina que nos dejó Cambiemos, equivale al paso de una “manga de langosta”, que arrasó con todas estructuras, tanto productivas, como cultural e institucional.

Sobre ese escenario del comienzo del nuevo gobierno, cayó la “pandemia” que sumó más desolación, a la destrucción ya recibida. El éxito “sanitario” importante al comienzo, le dio una aprobación pública, aun mayor que la recibida en las urnas. Pero la inútil y estéril discusión entre salud o mercado, conduce a la misma contracción económica, con la diferencia que los que privilegian a la economía, llegan al mismo resultado con la carga despiadada de miles de muertos. Un problema quizá de sincronización difícil de prever, lamentablemente ha hecho coincidir en nuestro país, los “agotamientos social y económico”, con el “pico’’ de la pandemia. La destrucción económica generalizada se potencia en la Argentina, por el debilitamiento extremo del aparato productivo a diciembre de 2019.

La crisis es superior a la del 2001/2002. Y no es arriesgado pronosticar una caída del PBI superior al 1115%. O sea, es el síndrome de la “tormenta perfecta”: un Tsunami local, inserto en el maremoto mundial. El furo de los gobiernos de la región es una página en blanco. Incluso esta crisis es superior a la del 1929/30. Igualmente esta es mucho más fuerte y mucho más rápida. En aquella crisis la región, padeció una serie de golpes de Estado. Y tanto en aquella crisis, como en esta se produjeron similares consecuencias.

A pesar de que los escenarios son diferentes, no impide vaticinar que nada será como antes. Porque lo que va a imperar va a ser la correlación de fuerzas que cuente cada sector cuando emerjan de la crisis.

No nos olvidemos que el Gobierno de Alberto Fernández es fruto de una coalición inédita, ya que una expresidenta, con el mayor caudal de votos, pero no tanto como para garantizar la victoria, eligió a quien se desempeñaría como candidato a presidente al frente de una coalición que incorporó a ex-adversarios críticos de la misma Cristina Fernández.

Alguien dijo que: “Una coalición política, es el arte de llevar el zapato derecho en el pie izquierdo, sin que le salgan callos”.

Enfrente del gobierno hay otra Coalición política que es la expresión del poder económico, poder este que desconfía del actual oficialismo, con el cual, paradójicamente ha vivido sus mejores etapas de rentabilidad. Es que el justicialismo suele ocupar el rol de una burguesía con muy débil aceptación nacional, más atraídas por la rentabilidad financiera que por las actividades productivas, teñido todo esto de una enorme “colonización cultural” en donde la calificación de “populismo”, le impide a esa burguesía comprender la realidad. Es tan ciega, que sigue apostando a política promercado de economía abierta e inserción al mundo, pero de rodillas, esas mismas políticas que en los países subdesarrollados son un certificado de defunción. Incluso durante los cuatro años del macrismo, grandes empresas que raramente “perdieron” en su historia, tuvieron balances con resultado de rojo profundo. El mismo Paolo Rocca, de Techint, admitió haber perdido varios miles de millones de dólares. Pero lo llamativo es que eso no les impide a sus dueños sentirse mucho más cercanos a aquellos que con sus políticas los llevaron a perder donde nadie les pone límites de ejercicio irrestricto del derecho de propiedad. Es que esos empresarios se parecen a esos gladiadores que en el Imperio Romano saludaban al Emperador con la frase: “Ave César, los que van a morir te saludan”...y se entregan mansamente al Dios Mercado.

Y además no debemos olvidar en medio de la peor crisis económica y sanitaria del planeta, el poder económico, a través de su representación política, de Juntos por el Cambio, viene practicando un “periodismo de guerra”, sumados a los sectores medios, que aspiran a ser considerados “clase alta”, que son colonizados por los medios hegemónicos y se pliegan a cualquier convocatoria, llenas de provocación y engañosas caravanas del odio y la verdad disfrazada de un falso nacionalismo.

                                                                                                                                                                      Ante ese panorama, el gobierno debe entender que debe ampliar su base de sustentación, que gobernar afectando intereses impedirá tener un millón de amigos, que la supuesta parálisis de algunos ministerios debe desaparecer, que se debe tomar la iniciativa y no correr detrás de la agenda de la oposición, y que todos los estamentos, incluida la ciudadanía que lo apoya, sepa que se está jugando, no solo el futuro de la Argentina, sino su existencia como Nación. Y que a pesar de la pandemia hay que buscar formas creativas para continuar espacios que siempre fueron ocupados por los gobiernos populares.

Está bien el debate público, ante espacios inexistentes como los partidos políticos, pero cuidando evitar desprendimientos. La amplitud ganada en esta época de crisis intensa, ‘‘asusta” a los sectores económicos concentrados, que solo lo admiten como un potenciador de sus negocios y utilidades.

                                                                                                                                                                     Martin Luther King, decía: ‘‘Puede ser que todos hayamos venido en distintos barcos, pero ahora estamos en el mismo”. Ese barco que recibe el oleaje de un tsunami que tiene muchos orificios y enfrente está el iceberg de la oposición, de los medios, y del poder económico. Más una deuda impagable, dejando pedazos de futuro en el camino.

El futuro, ya no es como antes, será muy difícil, pero no imposible. Por eso es necesario recordar: “O caminamos juntos, o nos ahorcarán por separado”...

El futuro es una página en blanco. Podemos escribir en ella una Historia distinta. No dejemos que la escriban otros, cuyos resultados se padecen y son muy conocidos.