6 de Julio de 2020 - Nota vista 812 veces

Cambio de hábitos: de la controversia a la coherencia

Hace un tiempo fui médico de cabecera de una monja. Ella tenía cerca de 80 años cuando llegó al consultorio por sus múltiples dolores articulares. Apenas caminaba sostenida por un bastón y alguna hermana que la acompañaba hasta la puerta. Evalué sus huesos deformados por una artrosis avanzada según sus estudios y tuve una idea de cómo solucionar su problema.

Estoy convencido (aún hoy) de que sus huesos no se rehabilitarían pero, sí podía mejorar sus músculos. Si lograra que ella hiciera una actividad física a los ochenta años, que no tuviese impacto y donde el músculo estuviera en movimiento, el tejido muscular saldría del círculo vicioso de la quietud. Para calmar el dolor de la artrosis el paciente deja quietas sus articulaciones deformadas, el dolor produce quietud. La falta de movimiento produce atrofia muscular (el músculo se achica y debilita)… más dolor… más quietud… más dolor… más pérdida muscular… más quietud: postración.

La propuesta era muy difícil de aceptar, debido al contexto, pero era la mejor opción sin dudas: le pedí considerara concurrir a una pileta. Con la actividad física en el agua, sin el efecto de la gravedad, el músculo se fortalecería, rehabilitaría, crecería y sería el sostén del esqueleto deteriorado. La falta de impacto ayudaría a la desaparición de los dolores que produce caminar en una articulación deformada por la artrosis. Los músculos fortalecidos harían las veces de “amortiguadores nuevos”. Quien lea pensará: ¡imposible! Pero no. La relación médico-paciente y la confianza en el consejo de salud hicieron que ella entendiera que sacar el hábito para entrar a la pileta era fundamental para cambiar su historia.

Le gustaba ir al consultorio, como muchos de su edad, encontraban ahí un lugar de escucha y compañía y esa frecuencia me permitió seguir las evoluciones muy de cerca. Su calidad de vida mejoró ampliamente a partir del día que inició. Al poco tiempo no tuvo más dolor, se sentía más vital y comenzó a sonreír. Cuando me veía me recordaba: “¡Voy a la pileta Nicolás!”…yo respondía: “¡Se nota!” Meses después, se independizó de su acompañante obligatoria y finalmente no necesitó más bastón. El cambio fue tan rotundamente positivo que la natación pasó a ser su hábito.

Un día llegó al consultorio para decirme que lamentablemente la trasladaban a otra provincia, que ya no sería mi paciente…pero ella solo pidió una cosa para el traslado: tenía que haber una pileta cerca. Y así, se fue feliz con su nueva vida.

Hace días buscó la punta del ovillo para tratar de transformar en palabras lo que ocupa mi mente, y esta, una de las tantas historias de mi maletín, donde la adopción de la actividad física como herramienta de salud alegró mi profesionalidad con resultados, es uno de los tantos ejemplos de las necesidades de algunas personas para poder continuar con aquellas rutinas que producen calidad de vida desde la salud provocada por el movimiento.

Me nublan el pensamiento las controversias de vivir donde vivimos, donde lo importante parece no es lo importante, donde lo esencial parece no es lo esencial, donde ni en épocas de pandemia se valora a un equipo de salud o las actividades saludables.

En este revuelo de controversias del día a día parece claro que no pueda encontrar la coherencia a la falta de habilitación de áreas relacionadas a la actividad física aun bajo estrictos protocolos en contexto de pandemia en fase 4. Sin embargo mientras escribía esta nota, leo la grata noticia de que los gimnasios abrirán sus puertas la semana próxima.

En lo que respecta a mí como deportista, hace años que entreno solo, hace años que uso el lago o el río para entrenar la natación. Mi casa es mi gimnasio desde el posgrado de Medicina del Deporte al entender más detalladamente cómo funcionan los sistemas musculoesqueléticos. Cómo estimularlos no depende, en mi caso, de “ir al gimnasio”. Es decir, no tengo ningún interés personal con gimnasios y natatorios. No los necesito, yo, para mis entrenamientos. Aun en invierno disfruto de ver el horizonte de eucaliptos de alguna playa lejana desde el punto de vista único que tiene el dar esa bocanada de aire que se necesita cada 2 o 3 brazadas en medio del lago. No estoy pidiendo que abran la pileta porque necesito ir a nadar.

Sin embargo sí tengo un conflicto de intereses con las posibilidades de las personas sobre las que me toca influir desde la salud al ver las controversias en las habilitaciones de “centros de salud” (gimnasios, piletas, etc.) versus otras áreas habilitadas.

A mi modo de ver, las posibilidades de salud de la población se han visto restringidas controversialmente a otras actividades del sector en la misma fase en la misma ciudad. En Medicina Social y Comunitaria derribar las barreras del alcance a actividades saludables es clave y he ahí mi inquietud.

Las aristas para poder adoptar hábitos saludables son muy variadas. Hay pacientes que necesitan de la guía del profesor para orientarlos. Hay quienes necesitan que el agua esté caliente para nadar. Hay quienes necesitan disponer de tecnología y aparatología para realizar movimientos que los estimulen. Que deben adaptarse a la “nueva realidad” no hay dudas y para ello existen los protocolos que deben cumplirse sin excepciones.

En mi experiencia profesional es difícil lograr que mi paciente entienda la importancia del movimiento para la salud, pero cuando lo entiende y logra el cambio… no hay vuelta atrás por la calidad de vida ganada… y… en cuanto a las barreras nos referimos… ¿cuánto más difícil es si se cierran todas las alternativas de su interés?

Entiendo la restricción de movernos en fase 1, pero en fase 4, y resaltando la “nueva normalidad” donde debemos adaptarnos a los protocolos para cada actividad que se realiza, me encantaría ver un poco de coherencia en las habilitaciones de los espacios destinados a crear salud cuando el 66% de la población argentina es sedentaria (según la última encuesta de Factores de Riesgo) con todas las complicaciones que eso conlleva.

La calidad de vida de las personas depende de su salud. La salud depende de coherencias. Las controversias no son saludables. No espero ver gimnasios y natatorios colmados en esta etapa de la pandemia, espero ver personas con posibilidades de usar estos “centros de salud” adaptados bajo protocolos estrictos de nueva realidad acordes a fase 4.

Ansío por el bienestar de nuestra población, se puedan allanar los acuerdos para que los habitantes de nuestra ciudad que tanto esfuerzo han realizado para sostener la fase 4, puedan optar por realizar las distintas actividades sin poner en riesgo la salud.

A los colegas deportistas… no destruyamos protocolos, de ello depende la salud de todos.

Nicolás Hollmann

MP 9322

Especialista en Medicina Familiar y del Deporte

Triatleta

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