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CONCORDIA, Entre Ríos   Sabado, 25 Mayo 2013 14:04
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15-01-2010 | 14:03     Noticia leída: 2353 veces

UN INGENIERO URUGUAYO SOBREVIVIÓ A LA TRAGEDIA Y CUENTA LO QUE VIO
‘‘El mundo se volvió un animal enfurecido que se sacude la tierra que tiene encima’’
Cuando comenzó a temblar la tierra, Alejandro Gómez estaba en su oficina. El ingeniero uruguayo que trabaja en la sede del BID en Haití agarró su billetera, sus llaves y corrió. Pasó la noche al aire libre. Escuchó olas de gritos. Al día siguiente fue evacuado a Santo Domingo donde ahora está a salvo y trabajando. Su esposa aún está en Haití. Cuarenta y ocho horas después de la tragedia, Gómez es asaltado por miles de imágenes que registró sin saberlo.

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- ¿Dónde estaba cuándo empezó todo?

-Estaba en mi oficina. Primero hubo algo muy leve, duró cerca de dos segundos. Pero después, el mundo se volvió como un animal enfurecido que se sacude la tierra que tiene encima. Prácticamente, no podíamos desplazarnos adentro del edificio, nos refugiamos debajo de vigas. Luego, no hubo nada más que agarrar las pocas cosas que tenía -billetera, llaves- y salir corriendo.

- ¿Qué hizo una vez que salió del edificio?

-Fuimos al estacionamiento, donde pasamos la noche. Todo lo que nos rodeaba era una nube de polvo. Al lado nuestro estaba el edificio de Naciones Unidas que se desplomó. Procuré no estar en la línea de caída de columnas o edificios. Pero estando ahí hubo varias réplicas fuertes, y es ahí donde te empieza a entrar el pánico. Antes, estás como en una especie de shock. Pero cuando ves que esto sigue repitiéndose, te entra pánico. Estábamos en una parte alta de la ciudad y cada vez que temblaba sentíamos una ola de gritos, angustia.

-¿Cómo fue esa noche?

-Estaba todo oscuro y necesitábamos linternas, agua, algo con qué cubrirnos. A veces uno ni piensa, pero un botiquín de primeros auxilios se vuelve esencial. En estas circunstancias, uno descubre que no hay esfuerzo suficiente para prepararse para estas cosas porque te empieza a faltar todo lo básico. Todo.

- ¿Ha vuelto a su casa?

-Sí, al otro día de mañana la gente fue a sus casas a intentar recuperar algunas cosas. Yo quería buscar el pasaporte, porque estaba sin documentación y sin saber qué era lo que iba a encontrar. Caminé tres kilómetros, y eso fue muy complicado. Vi mucha gente yendo y viniendo, como yo, a ver a su familia. Vi muchos autos que fueron abandonados por la gente, que venía circulando y se asustó con esta barbaridad. Se ve gente fallecida, otros transportando heridos, pilas de escombros en todas las calles.

-¿Y cómo encontró su casa?

-Yo vivo, ¿vivía?. O...¿vivo?. Vivía en un hotel bellísimo, muy representativo de lo que fue una época muy linda en Haití. De todo eso no quedó nada. Nada. Es una torta de seis pisos, uno arriba del otro. Pude llegar a mi casa y agarrar documentos y una campera para abrigarme: el mínimo de cosas que necesitás para estar evacuado, para deambular por la calle. El apartamento está todo fisurado, empecé a caminar y sentí que vibraba como una cuerda de guitarra. Parece que está a punto de caerse. Hay olor a gas por todos lados, pérdidas de agua, está todo caído en el suelo, todo fuera de su lugar, todo lleno de vidrio. Todas las puertas se abren, todo se rompe, hay que tener mucho cuidado.

-¿Vio muchos muertos?

-Vi muy poca gente muerta en la calle porque cuando me fui de Haití el terremoto todavía era muy reciente. No vi muchos muertos por dos razones: primero, por la zona donde me encontraba -por lo que veo, afectó de manera distinta a los diferentes barrios-, pero también porque, evidentemente, la gente que yo no vi estaba bajo los escombros. Sí vi casas enteras que se derrumbaron, incluso autos que estaban adentro de los garages y quedaron aplastados, en esos lugares hay gente.

- ¿Cómo quedó el edificio donde trabajaba?

- Una parte resistió bien, pero en otra, los techos se cayeron. Adentro, está todo en el suelo, todos los cajones de los archivadores abiertos, las sillas con rueditas están a metros de donde debieran estar, las puertas se arrancan por las bisagras.

-¿Piensa volver a Uruguay?

-Me gustaría ir lo antes posible, pero imagino que vamos a tener mucho trabajo en los próximos 2 o 3 meses.

-¿Qué sintió cuando partió en el avión y sobrevoló Haití?

-En estas circunstancias, uno se blinda un poco. Venía en el avión y las imágenes me asaltaban, es tremendo. De repente, montones de detalles o imágenes que no eras consciente de haber registrado aparecen, como reliquias. Ahora, por ejemplo, el suelo no está temblando. Pero uno se queda con esa sensación.

-¿En algún momento pensó que podía pasar algo así?

-En la vida hay ironías. Quince minutos antes de que empezara el terremoto, estaba con un compañero de trabajo llenando un formulario para catalogar la ocurrencia de desastres naturales en Haití. Estábamos anotando los huracanes, y cuando llegamos a la parte de terremotos, mi compañero me preguntó cómo teníamos que catalogar al país. «Estamos en zona sísmica», me dijo. «Sí, pero hasta ahora no ha ocurrido nada muy grave», le contesté. Al final, lo dejamos sin anotar. Y quince minutos después, cuando termino de rellenar el formulario, empieza el terremoto. En una décima de segundo me pasó un chispazo por la cabeza que me dijo «qué ironía».
Su mujer aún no fue evacuada

Alejandro Gómez (49) es ingeniero especializado en transporte y trabaja en el Banco Interamericano de Desarrollo en Haití desde hace 3 años. Está a cargo de la red de transporte y las carreteras del país.

Fue evacuado al día siguiente del accidente hacia República Dominicana. Allí está en un hotel y trabaja para el BID, redirigiendo la ayuda que mandan al país.

Su esposa, Mónica Mottola, trabaja en el área de logística de Naciones Unidas en Puerto Príncipe.

Aún no ha sido evacuada porque está cumpliendo funciones para la ONU en Haití. Antes de eso, está esperando la llegada de un nuevo representante del secretario general de Naciones Unidas para que dirigiera las tareas, pues Hedi Annabi, el tunecino jefe de misión, está desaparecido y fue dado por muerto.
Alejandro Gómez calcula que se quedará unos meses más trabajando en Haití.
(Pablo Melgar - El País)

 
 
   
 
   
 
 

 

‘‘El mundo se volvió un animal enfurecido  que se sacude la tierra que tiene encima’’