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Carta de lectores - Edición Impresa |
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30-07-2012 |
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VIENTO QUE TE ELEVA
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La alarma del despertador sonó y Agustín salió de la cama con mucha rapidez, se buscó en el ropero de su pieza un pantalón jeans negro, una camisa blanca y un par de zapatillas deportivas, se peinó el pelo y sacó de su baúl de juguetes un barrilete.
Para Agustín era el barrilete más hermoso, era de color azul y con un dibujo de un águila, cuando salió al jardín esperó que la primera brisa de vacaciones de verano llegara y así poder volar su barrilete. Pero la brisa nunca llegó.
Agustín seguía esperando que la brisa llegara, cuando se quedó dormido, Julio vio a su hijo acostado en el piso con el barrilete que tenía en la mano.
- Agustín, ¿qué hacés aquí acostado en el piso?
- Quería jugar con mi barrilete, pero no llegó el viento.
- Solo espera, sé que llegará la brisa que quieres.
El niño se fue a dormir creyendo que no podría jugar con barrilete algún día de verano, hasta que vio algo que volaba en el cielo: una estrella fugaz.
- Deseo que mi barrilete sea el más especial.
- Ese fue su deseo.
Después de que la estrella pasó, el barrilete de Agustín comenzó a brillar.
Al día siguiente el chico salió a ver si llegaba la brisa y llegó. El barrilete de Agustín comenzó a brillar, la brisa era mucho más fuerte que Agustín, logrando que vuele por el cielo, la gente hablaba del chico que veían volando con su barrilete impulsado por el viento.
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Cecilia Carolina Vicario
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