EL HERALDO - Edición digital
CONCORDIA, Entre Ríos   Miercoles, 22 Mayo 2013 07:03 
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22-02-2012
COMO ANTES, PERO CON ESPUMA

 
Así se vivieron estos días el carnaval de Concordia. Los jóvenes especialmente, tomaron algunas calles y las plazas para «jugar al carnaval», como se decía antes.

Los mayores, «los que pasamos los 40 ó 50», recordábamos con algo de nostalgia los carnavales de antes, antes de que aquellos que no saben divertirse, y tampoco saben compartir la alegría de los demás, pretendieron prohibir para siempre, justamente eso, la alegría. Por supuesto, no lo lograron, porque ese sentimiento que es una expresión más de felicidad y de libertad, revivió con mucha fuerza, ya no es pecado divertirse.

Espectaculares los corsos oficiales, con plumas, piedras.
Muy buenos, los corsos populares, gratuitos, que convocaron a muchísima gente, «adoradores del rey Momo». Todos apostando a la música todos apostando a la alegría. Sepultando la tristeza, el miedo y saliendo a las calles masivamente, eso que alguna vez y aunque parezca mentira, estuvo prohibido.

Antes en los barrios jugábamos al carnaval, los chicos con los chicos y los grandes con los grandes. Una única consigna «no mojar a quien no juega». Cuando se acercaba alguna mamá con su bebé o una anciana, se paraba el juego, aprovechando algunos para reaprovisionarse de agua. La que cada familia había traído desde una canilla o un pozo de agua (porque eran muchos los barrios que no tenían agua de red). Y se la volcaba en latones, tachos, cacerolas grandes, en todo lo que sirviera, y cuando se termina, se suspendía el juego para juntar más agua o cambiarse la ropa, porque si estaban todos mojados, ya el juego perdía su gracia. Baldazos de agua, bombitas, se usaba durante el día, en los corso, los pomos, el lanza perfumes (que se arrojaba a los ojos, provocando en estos un ardor bastante importante.)

Las murgas, en su recorrido por la calle Entre Ríos, se entremezclaban con la gente, que también caminaba, ya sea en la calle, en los espacios que dejaban las murgas o por sobre las veredas, provocando tumultos (especialmente por el juego con agua de los jóvenes). Incluso la presión que ejercían, provocó la rotura de la vidriera de una tienda muy conocida.

Como antes, pero con espuma. Protagonista la tranquilidad, la alegría y la juventud. Esto también habla de que estamos viviendo un tiempo nuevo, importante que debemos cuidar y defender entre todos. Sigamos apostando a la alegría, a la libertad, a la democracia y a esta juventud linda que puede sonreír con ganas, sin miedo.

Terminó el carnaval y disculpen chicos que se los recuerde, pero comienzan las clases, un tiempo también para vivir con entusiasmo, con felicidad, recordando que no todo el año es carnaval. (Bueno, eso es para otra nota).
  Pablo Sánchez
 
 
 
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