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carta de lectores |
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06-03-2010 |
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CON OJOS DE MASCARITA
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Ver a través de un disfraz en calle Entre Ríos en el corso popular a la gente aplaudir a los abuelos y abuelas sentadas en sus sillones, a los padres con sus hijos, algunos con ellos en brazos. Los chicos vivenciando el juego con la espumita.
Los jóvenes recorriendo en idas y venidas cortejando a las chicas.
Y en mi mundo de mascarita, chistes y cargadas para los conocidos que jamás imaginaron quien estaba adentro de ese disfraz de abuela , fui feliz viendo la participación y vi la necesidad de estos momentos alegres en estos tiempos tan convulsionados con accidentes, tormentas, inundaciones, terremotos.
El corso popular es como una inyección de alegría, renace de sus propias raíces, con sabor a barrio.
Renace la mística popular de aquel ayer donde las murgas, comparsas y mascaritas de 40 años atrás desfilaban por nuestras calles, recuerdo a los Petiteros del Lesca, Los cabezones, los Troveros, Orfeo.
Barrios como el Nébel, la Cantera, Pompeya y otros que no recuerdo.
Por eso ¡Sí al corso Popular!
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Beatriz Duarte
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