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Opinión

5 de Febrero de 2014 - Nota vista 649 veces

Como en un delicado volver a la infancia

En uno de estos tantos días lluviosos que se nos presentaron me dispuse a ordenar mejor mi material de lectura. Y fue así que se me apareció un tanto viejo en aspecto, pero muy actual en contenido, el dulce libro «Mangocho», de Constancio C. Vigil.
Su lectura tuvo la magia de «como de la mano», volverme a mi hermosa e inolvidable infancia. Y todo resultó un verdadero placer.
Recordé así a ese gran maestro que fue Constancio C. Vigil, escritor y periodista, fue el creador de «Billiken», la revista infantil más antigua en su tipo del mundo de habla castellana. Algunos de sus libros han sido traducidos a varios idiomas.
Entiendo útil decir que Vigil nació en Rocha, República Oriental del Uruguay, el 4 de septiembre de 1876.
Estudió Ciencias y Letras en la Universidad de Montevideo y ya recibido escribió para el diario argentino «La Nación».
En 1901 en Montevideo dirigió «La alborada», una revista que promovía la unidad latinoamericana.
Ya en Buenos Aires, en 1901, fundó «Mundo argentino» y siete años después «El Hogar». En 1918 creó la revista «Atlántida» y la editorial que lleva el mismo nombre. Poco tiempo después, en 1919 lanzó «El Gráfico» y «Billiken» y más tarde «Para Ti» y «La chacra», entre otras.
Escribió libros para adultos como «Vida espiritual», «Amar es vivir» y «El erial», el cual fue traducido a numerosos idiomas. Pero, sin dudas su gran pasión, fue educar y entretener a los más chicos. A ellos destinó sus mejores libros y su gran creación: «Billiken».
Fue el autor de «Upa» el libro de lectura más significativo de la historia argentina, utilizado por varias generaciones de alumnos, padres y maestros.
Algunas de sus obras que merecen especial recordación son: «Cartas a la gente menuda», «Botón Tolón», «El pirincho enfermo», «Los escarabajos y la moneda de oro», «Tragapatos», «La Hormiguita viajera», «Misia Pepa», «El mono relojero», «Diario de un niño», «Marta y Jorge», «Cuentos que me hizo un gorrión», «La escuela de la señorita Susana», «Los ratones campesinos», «Cuentos para niños» y «Los conejos silvestres».
Un trozo del libro «Mangocho» nos dice: «El negro Lorenzo»
«Adelantándose a los hombres cultos de su tiempo, cuando la gente ilustrada no había leído aún el inmortal libro de José Hernández, el negro Lorenzo, cochero de mi casa, sentía pasión por ‘Martín Fierro’. Guardaba un ejemplar envuelto en hojas de papel de diario, como una santa reliquia.
Lorenzo no sabía leer. Fui yo su lector y a él debo haber gustado tempranamente dicha obra.
Solía decirme:
- ¡Qué buenos son los maestros!
¡No hay dinero que alcance para pagarles!
Para conquistar mi voluntad y retenerme algún tiempo en la lectura, el negro Lorenzo me servía y me mimaba.
Cualquier página, cualquier hora le parecían excelentes.
Me daba el libro cerrado. Si yo observaba, al abrirlo, que era la misma página leída la víspera exclamaba:
- ¡No importa, niño, es igual! ¡Todo es tan lindo...!
Leía estrofa por estrofa. Al terminar cada una callaba y Lorenzo daba la explicación y el comentario.
Yo era demasiado chico para apreciar sus opiniones, pero estoy seguro de que decía cosas muy interesantes sobre los versos del gran autor argentino.
Después, muchos han elogiado a ‘Martín Fierro’.

Pocos habrán amado la obra de Hernández y vivido cada una de sus escenas como el negro Lorenzo que no sabía leer».
Quiero agregar que Constancio C. Vigil falleció en Buenos Aires el 24 de septiembre de 1954.

¡Cuánto de hermoso nos dejó! «flotando en el aire», a través de su obra!

(Colaboración María Rosario Echeverría)
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