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CONCORDIA, Entre Ríos   Martes, 21 Octubre 2014 03:43
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29-01-2014 | 13:43     Noticia leída: 194 veces

La leyenda continúa
El lobizón
Es siempre el séptimo hijo varón seguido de una pareja, así como la séptima hija mujer seguida será bruja. Su representación más frecuente es bajo la forma de un perro negro y corpulento, de orejas desmesuradas que le cubren la cara y con las que produce un fuerte chasquido.

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El lobizón
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Sus patas se parecen a pezuñas y sus ojos son fulgurantes. Su color suele ser bayo o negro, según la piel del individuo. También es común representarlo como un animal en el que se combinan las naturalezas del perro y el cerdo. Con menor frecuencia se lo describe como un aguará-guazú (lobo de crin), una oveja, un cerdo o una mula.
La transformación no ocurre en cualquier momento, sino a las doce de la noche del viernes y a veces también del martes. Un tiempo antes, el hombre que padece esta «enfermedad» experimenta una sensación extraña y luego una acuciante necesidad que lo lleva a apartarse de sus semejantes y ganar la intimidad del monte, donde a la hora señalada se quitará la ropa y dará en el suelo tres vueltas sobre sí mismo, de derecha a izquierda, mientras reza un credo al revés. Se opera así la metamorfosis y sale entonces de correría hasta que el canto del gallo lo devuelva a su humana condición. Durante esa noche, los perros aúllan enloquecidos, advirtiendo su presencia. Va a los chiqueros, gallineros y corrales en busca de excrementos, su más preciada comida. También suele vérselo en los cementerios revolviendo tumbas en busca de carroña. De tanto en tanto, para balancear su inmunda dieta, comerá un niño no bautizado. Parece despreciar la carne de los adultos.
Si alguien lo hiere con un cuchillo, el Lobizón recobrará su forma humana, pero el comedido redentor se expone así a ser muerto por el monstruo. Lo mejor es matarlo con una bala bendita. El impacto lo volverá a su forma humana y será un hombre muerto lo que encontrará el tirador. Si sólo lo hiere huirá por el monte tratando de alcanzar su casa.
El hombre que se convierte en Lobizón suele ser alto, flaco, escuálido. Se lo reconoce por el tono amarillento de su rostro y su mal olor, que a veces llega a la pestilencia. Es descuidado en el vestir y su carácter huraño, intratable. Todos los sábados cae en cama enfermo del estómago, por los desperdicios que comió la noche anterior.
La leyenda de esta criatura misteriosa, intrigante y aterradora, se manifiesta como eso, un cuento que forma parte de la cultura popular y que alimenta la imaginación de los hombres desde tiempos remotos. Pero que las hay, las hay...

(J.M.C. CONCORDIA)
 
 
 
   
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