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9 de Octubre de 2019 - Nota vista 245 veces

Nobel de Física para el descubrimiento del primer planeta extrasolar y la evolución del universo

James Peebles ha ayudado a entender la historia del cosmos, mientras que Michel Mayor y Didier Queloz han revolucionado la búsqueda de mundos fuera del Sistema Solar.

De dónde venimos y hacia dónde vamos. Son preguntas fundamentales sobre nuestra existencia que puede hacer un niño, pero cuya respuesta es tan compleja que bien merece un Nobel. Tres famosos astrofísicos han sido galardonados este martes por la Real Academia de las Ciencias sueca por sus impresionantes avances en el intento de contestarlas. El canadiense James Peebles, que recibe la mitad del premio, ha sido reconocido por contarnos la evolución del universo desde el Big Bang hasta el presente, arrojando luz sobre la misteriosa composición del cosmos. Por su parte, los suizos Michel Mayor y Didier Queloz, que comparten la otra mitad, fueron los primeros en encontrar un planeta extrasolar orbitando una estrella, en octubre de 1995. Desde entonces, la «caza» de mundos en otros sistemas, exoplanetas, ha sido imparable: Ahora ya se conocen 4.000. Y quizás alguno de ellos pueda ser habitable.

Según el Instituto Karolinska de Estocolmo, las ideas de Peebles (Winnipeg, Canadá, 1935) fueron decisivas para transformar la cosmología en los últimos cincuenta años, abandonando la especulación y recurriendo solamente a observaciones y medidas para conocer el cosmos. «Su marco teórico, desarrollado durante dos décadas, es la base de nuestra comprensión moderna de la historia del universo», resumió la academia. 


Profesor de la Universidad de Princeton (EE.UU.), Peebles identificó la radiación residual dejada por el Big Bang hace casi 14.000 millones de años. Codificados en ella, están ocultos muchos de los secretos de esa gran explosión.

 Sus cálculos también nos muestran un universo en el que solo se conoce el cinco por ciento de su contenido, la materia de la que están hechas las estrellas, los planetas o nosotros mismos. El resto, el 95 por ciento, es materia oscura y energía oscura, por ahora desconocidas y un auténtico desafío para la física moderna.


A la caza de otros mundos

Todavía no sabemos si estamos solos en ese gran universo cambiante y en expansión, pero lo que sí sabemos gracias a Mayor (Lausana, Suiza, 1942) y Queloz (Ginebra, Suiza, 1966) es que nuestra estrella, el Sol, no es la única que tiene planetas a su alrededor.

En octubre de 1995 anunciaron juntos el descubrimiento de 51 Pegasi b, el primer exoplaneta, orbitando una estrella de tipo solar en nuestra galaxia, la Vía Láctea, a 50 años luz de nosotros. Desde el Observatorio de la Alta Provenza, en el sur de Francia, utilizando instrumentos personalizados, observaron una bola gaseosa a más de 1.000º C, comparable con el gigante de gas más grande del sistema solar, Júpiter.

«Fue el descubrimiento más emocionante de toda nuestra carrera y recibir un Premio Nobel es simplemente increíble», aseguraron los dos profesores de la Universidad de Ginebra, ambos Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Ciencias Básicas, en un comunicado tras conocer el anuncio. No es para menos. Su hallazgo inició una revolución en la astronomía. Desde entonces se han encontrado más de 4.000 mundos extrasolares en la Vía Láctea, algunos de ellos muy extraños, con una increíble riqueza de tamaños, formas y órbitas.


«Nunca podremos verlos»

Algunos de esos planetas son muy prometedores, son rocosos y están en zona habitable (a la distancia adecuada de su estrella para que pueda haber agua líquida), pero aún se busca con ahínco es un gemelo de la Tierra. TESS, un satélite de la NASA, rastrea más de 200.000 estrellas cercanas y un solo telescopio espacial, Kepler, ha encontrado un tesoro de más de 2.300 mundos. Todo este esfuerzo pretende dar respuesta a la eterna pregunta de si hay vida ahí fuera.

Peebles duda de que seamos capaces de responderla. «Aunque estamos seguros de que hay muchos planetas y entre ellos seguramente los haya idóneos para la vida, irónicamente, nunca podremos verlos», reflexionó el astrofísico en una entrevista telefónica durante la presentación del galardón en la sede de la academia sueca. «Esto muestra el gran poder de las ciencias y sus grandes limitaciones», reconoció.

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