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8 de Octubre de 2019 - Nota vista 198 veces

El Papa se lamentó que en el país exista desprecio por los bolivianos, paraguayos y “cabecitas negras”

Al inaugurar el sínodo sobre la Amazonia, un evento eclesial que durará tres semanas en el Vaticano, el Papa evocó la historia de su país, donde la mayoría de los pueblos originarios fue aniquilada bajo el lema de “civilización y barbarie” y lamentó que hoy sigue existiendo en su patria este “desprecio de los pueblos”. “Los que vienen de la barbarie hoy son los bolitas, los paraguayos, los paraguas, los cabecitas negras... Siempre ese alejarnos de la realidad de un pueblo, calificándolo y poniendo distancia. Esa es la experiencia de mi país”, dijo.

Francisco habló así ante los 185 padres sinodales -cardenales, obispos y religiosos de todos los continentes-, auditores, expertos e invitados especiales, entre los cuales 16 son indígenas del Amazonas-, reunidos en el Aula Nueva del Sínodo en el primer día de esta asamblea especial dedicada a una región clave del planeta. Una zona donde viven 33 millones de personas, entre las cuales 3 millones de indígenas, bajo riesgo debido al cambio climático y a una salvaje explotación de recursos.

Los que vienen de la barbarie hoy son los bolitas, los paraguayos, los paraguas, los cabecitas negras... Siempre ese alejarnos de la realidad de un pueblo, calificándolo y poniendo distancia.

“Nos acercamos a los pueblos amazónicos en puntas de pie, respetando sus pueblos, sus culturas”, dijo Francisco al principio de su discurso, en el que hizo autocrítica y recordó que en el pasado la Iglesia intentó “domesticarlos” e “incluso llegó a menospreciarlos”. Advirtió luego sobre el peligro del uso de las ideologías para interpretar a un pueblo: “se recibe la realidad en categorías, las más comunes son las categorías de ismos: hablamos de indigenismos y cuando queremos darle una pista de salida a su buen vivir, no les preguntamos, hablamos de desarrollismo. Estos ismos reformulan la vida desde el laboratorio ilustrado iluminista. Son lemas que van echando raíces y programan el acercamiento a los pueblos originarios”, criticó.

Fue en este contexto que el ex arzobispo de Buenos Aires, que solía frecuentar las villas, evocó la historia de su país. “En nuestro país un lema, civilización y barbarie, sirvió para dividir, para aniquilar. Y hacia fines de los años 80 llegó al culmen de aniquilar a la mayoría de los pueblos originarios, porque eran barbarie. Y la civilización venía de otro lado. Es el desprecio de los pueblos”, denunció. “Y voy a mi experiencia en mi tierra y esa civilización y barbarie que sirvió para aniquilar al pueblo, todavía sigue en mi patria. Con palabras ofensivas, entonces se habla de civilización de segundo grado, los que vienen de la barbarie y hoy son los bolitas, los paraguayos, los paraguas, los cabecitas negras... Siempre ese alejarnos de la realidad de un pueblo, calificándolo y poniendo distancia. Esa es la experiencia de mi país. Y después el desprecio”, indicó.

A este punto, y después de haber realizado una procesión desde la Basílica de San Pedro hasta el Aula del Sínodo, rodeado de indígenas del Amazonas, agregó: “Me dio mucha pena escuchar, aquí dentro, un comentario burlón sobre ese señor piadoso que llevó las ofrendas con plumas en la cabeza (en la misa de apertura del sínodo)”. “¿Decime, qué diferencia hay entre llevar plumas en la cabeza y el tricorenio que usan algunos oficiales de nuestro dicasterio?”, preguntó, con su tonada porteña intacta, provocando aplausos y risas en el aula.

La asamblea especial está dedicada a una región clave del planeta, donde viven 33 millones de personas, entre las cuales 3 millones de indígenas, bajo riesgo debido al cambio climático y a una salvaje explotación de recursos.

“Entonces corremos el riesgo de proponer medidas simplemente pragmáticas, cuando por el contrario se nos pide una contemplación de los pueblos, una capacidad de admiración de los pueblos. No hemos venido aquí a inventar programas de desarrollo social o de custodia de culturas, tipo museo, o de acciones pastorales con el mismo estilo no contemplativo con el que se están llevando adelante las acciones de signo contrario: deforestación, uniformización, explotación”, siguió. “Ellos también hacen programas que no respetan la poesía, la realidad de los pueblos, que es soberana”, agregó.

Francisco recordó que “el sínodo no es un Parlamento, no es un locutorio, no es demostrar quién tiene más poder sobre los medios, entre las redes, para imponer cualquier idea o plan”, sino que es “caminar juntos bajo la guía del Espíritu Santo”. Y destacó, como había hecho hace unos días el cardenal Lorenzo Baldisseri, secretario general del sínodo, que el “instrumentum laboris”, el documento preparatorio, “es un texto mártir, destinado a ser destruido” ya que solo servirá como punto de partida de una asamblea que durará tres semanas y concluirá el 27 de octubre próximo. El Instrumentum Laboris fue considerado “hereje” y atacado por sectores ultraconservadores porque en un punto propuso la ordenación de hombres ancianos mayores, de virtud probada, en zonas remotas donde no hay curas. Este tema será el eje de una nueva batalla entre reformistas y conservadores.

Fuente: La Nación


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