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11 de Septiembre de 2019 - Nota vista 571 veces

SARMIENTO EN UN NUEVO ANIVERSARIO

Domingo Faustino Sarmiento nació en San Juan el 15 de febrero de 1811. Como la fecha fue casi exactamente nueve meses después de formarse la Primera Junta en Buenos Aires, no faltó quien dijera que fue engendrado al calor y el entusiasmo de sus padres, al conocer los sucesos de mayo de 1810.

Siempre me ha gustado leer biografías de grandes hombres de la historia.

De muy  joven leí dos libros sobre la vida de Domingo Faustino Sarmiento: uno escrito en sentido laudatorio “El Profeta de la Pampa” de Ricardo Rojas.

El otro, más bien en tono crítico: “Vida de Sarmiento”, del nacionalista católico Manuel Gálvez.

Sea a través de la lectura de uno u otro, la personalidad de Sarmiento me resultaba fascinante.

 

INFANCIA Y JUVENTUD

Es un verdadero misterio, como un chico nacido a principios del siglo 19, en un hogar pobre, de una provincia como era San Juan entonces, atrasada y marginada de los grandes centros, pudo superar tales limitaciones y llegar a ser lo que fue.

 

No tuvo Domingo oportunidad de estudiar, más allá de la escuela primaria. Carecía de recursos para acceder a estudios superiores.

 Y, cuando se presentó alguna vez  la oportunidad de una beca, alguien con mejores cuñas o contactos se la sustrajo.

 Las dificultades  y vicisitudes de su infancia y juventud las narra Sarmiento, magistralmente,  en su “Recuerdos de Provincia”.

 Se formó como autodidacta, a los ponchazos: trataba de aprender el inglés, sin profesor, sólo con un diccionario y una gramática.

 Y se hizo enseñar el francés por un ex-soldado de Napoleón, que no se sabe por qué, había ido a parar a esa olvidada provincia.

 Como tenía que trabajar en una tienda para ganarse la vida, se hacía despertar antes del alba, para poder estudiar.

 Muy joven, tratando de sacudir la modorra y monotonía provinciana, junto a otros muchachos sanjuaninos fundó un periódico local “El Zonda”.

 Lo que escribía no gustó a los mandones de la época: era el tiempo de la dictadura de Rosas y sus seguidores provincianos, como Benavidez en San Juan. El joven Sarmiento fue arbitrariamente encarcelado. Y luego desterrado a Chile. “No se matan las ideas” escribió encima de unas piedras antes de marcharse forzadamente. Quizá el primer “graffitti” de la época.

 

EL EXILIO Y EL “FACUNDO”

En Santiago de Chile tuvo una prolífica actividad, en el periodismo. Fundó el diario que, hasta hoy, es el más importante de Chile. No sólo eso, se ocupó en la enseñanza y también actuó en  política.

Escribió un “Método de Lectura Fácil”, donde, para simplificar,  proponía eliminar la “h” muda, la “q” , la “z” y la “v”. Se escribiría , por ejemplo, “ciero comer uebos”

Hacia 1840 dio luz a su máxima creación: un libro notable, el “Facundo”, pretendiendo ser un alegato contra la tiranía rosista, en realidad se transformó, aparte de un interesante trabajo sociológico,  en una pintura hermosa y elocuente de la pampa, su geografía, su naturaleza y tipos humanos. Jorge Luis Borges decía que debía ser nuestro libro nacional, en vez de el “Martín Fierro”.

Se reprocha a Sarmiento ciertas enormidades que escribió al fragor de la lucha, por ejemplo eso de “abonar el suelo con sangre de gauchos”. Es cierto, escribió eso y otras cosas duras,  contra los gauchos, los indios o los negros.

 Pero muchos otros que decían defender al gaucho no hicieron ni la décima parte de lo que hizo él para mejorar la condición social y educacional de los de abajo.

A muchos caudillos les interesaba el gaucho, pero sólo para usarlo como carne de cañón.

Además, hay que leer sus libros (el “Facundo” debiera ser lectura obligatoria en las escuelas), para apreciar que en sus páginas , aparte del alegato político, subyace un innegable amor a la tierra y a la gente.

 

EL RETORNO Y LA ACCIÓN

Cuando Urquiza se pronunció contra Rosas, Sarmiento se apresuró a volver de su largo exilio.

Formó parte del Ejército Grande como “boletinero”.

Peleó en la batalla de Caseros, y fue el primero en ocupar la residencia de don Juan Manuel en Palermo, en cuyo escritorio escribió el último parte de guerra.

Después ingresó de lleno a la política porteña, donde, a raíz de sus proyectos para modernizar el país, su obsesión por fundar escuelas y sus duras  polémicas con diversos personajes, donde su lenguaje sin concesiones, llamaba al “pan, pan y al vino, vino”, hizo que  lo trataran de “loco” y le hicieron mil y una zancadillas.

 Finalmente, para alejarlo del escenario de las luchas, el presidente Bartolomé Mitre  lo mandó a Estados Unidos como embajador.

 

Allí tomó contacto con intelectuales y educacionistas e imaginó un plan para traer un contingente de maestras norteamericanas.

 Un grupo de jóvenes encabezados por Lucio V. Mansilla, amigo de su hijo Dominguito, muerto en la Guerra del Paraguay,  lanzó , un poco en broma,  la candidatura de Domingo Sarmiento  a Presidente. Lo curioso es que, contra lo que se esperaba,  la postulación cobró enorme fuerza.

Y finalmente, por una combinación de casualidad, suerte y una serie de coincidencias, felices unas, desgraciadas otras,  salió electo.

EN EL GOBIERNO

Ni bien regresó al país, y asumió su alto cargo,  mandó a hacer un censo: Se concretó en 1869: Los argentinos eran por entonces 1.836.490, de los cuales el 31% habitaba en la provincia de Buenos Aires. 5% era indígena y 8% europeo. El 75% de las familias vivía en la pobreza, en ranchos de barro y paja. Los profesionales sólo representaban el 1% de la población.

Pero esto era lo peor: cerca del 80% de la población no sabía leer ni escribir.

Conocido esto, Sarmiento reunió a sus ministros. Les informó los datos, y les dijo:  “Señores: un pueblo ignorante elegirá siempre a Rosas. Hay que educar el soberano- Hay que hacer de la República una gran escuela”.

 Las escuelas fundadas durante su presidencia rondaban el millar. Al ocupar la Presidencia había aproximadamente 30.000 chicos en las escuelas. Al terminar su mandato, en 1874, el número sobrepasaba los 120.000.

Procurando crear un ejército y armada profesional, creó la Escuela Naval y el Colegio Militar.

 Sarmiento había aprendido en los EE.UU. la importancia de las comunicaciones en un país extenso como el nuestro. Durante su gobierno se tendieron 5.000 kilómetros de cables telegráficos y en 1874, poco antes de dejar la presidencia pudo inaugurar la primera línea telegráfica con Europa. Modernizó el correo y se preocupó particularmente por la extensión de las líneas férreas: de 573 Km. pasó a 1400 Km.

 

Los barcos a vapor surcaban los ríos. La agricultura y la industria recibieron un gran impulso. Se realizó, con gran éxito en Córdoba, la primera Exposición Industrial.

 Creó la contaduría nacional y el Boletín Oficial.

Argentina era por entonces un inmenso país despoblado: el gobierno de Sarmiento fomentó la inmigración y miles de europeos comenzaron a venir a estas tierras. En pocos años la población se triplicó.

 

LAS IDEAS POLITICAS SARMIENTISTAS

Sarmiento había llegado al poder sin partido: el mitrismo liberal le hacía una oposición enconada, en el Congreso y la prensa.

 

Las diferencias eran de concepciones: Mitre era un admirador del sistema inglés, tanto en la política como en economía. Sarmiento en cambio simpatizaba más bien con el  concepto moderno de democracia que se practicaba en Estados Unidos.

 Si bien Sarmiento provenía del bando unitario, su aguda observación de los Estados Unidos y el dinámico sistema federal vigente en el país del Norte, lo transformaron en un ferviente admirador del “federalismo”. No de un partido o fracción, sino de un sistema de gobierno.

 

SARMIENTO Y URQUIZA-

Para contrarrestar la oposición furibunda de los liberales porteños, Sarmiento buscó un acuerdo, una alianza con los “federales” del interior.

Urquiza era el jefe reconocido, de los federales. Y Sarmiento acompañado de calificada delegación, vino con ese objeto a Entre Ríos.

 

Hubo fiestas, bailes y una calurosa recepción en el Palacio San José: los dos hombres, otrora tan enemistados, ahora se entendían a la perfección: “Sé que Entre Ríos se ocupa de las escuelas. Ayúdelas, en su nombre y el mío” decía Sarmiento en carta a Urquiza.

 Sarmiento acordó con Urquiza la fundación de escuelas -la más importante la Escuela Normal de Paraná- la venida de un contingente de educadoras norteamericanas a Entre Ríos, la extensión del ferrocarril y el telégrafo a la Provincia. Pero, lo más importante: un acuerdo político que fusionara las fuerzas de uno y otro, transformando al Federalismo en el partido oficial.

Pocos conocen que, entre otras cosas, se acordó entonces  la posibilidad de trasladar la capital a Rosario, en Santa Fe,  o a otro punto en la provincia de Córdoba, hablándose de Río Cuarto.

El acuerdo Sarmiento-Urquiza pudo generar inmejorables condiciones para el desarrollo armónico y equilibrado del país.

 

EL ACUERDO

FRUSTRADO

El levantamiento de López Jordán, en abril de 1870, el asesinato de Urquiza, y la cruenta guerra desatada, frustraron lamentablemente estas posibilidades: El cambio de capital quedó definitivamente postergado. La inauguración de la línea ferroviaria a Federación y la apertura de la Escuela Normal de Paraná, se retrasaron casi tres años. Las docentes norteamericanas no pudieron desembarcar en Paraná. Los 80.000 inmigrantes catalanes, excepcionalmente aptos para la agricultura, no vinieron. Entre Ríos fue intervenida, quedó postrada y desangrada. Y nunca más volvió a ser la segunda provincia de la República.

  “Nacido en la pobreza, criado en la lucha por la existencia, más que mía de mi patria, endurecido a todas las fatigas, acometiendo todo lo que creí bueno, y coronada la perseverancia con el éxito, he recorrido todo lo que hay de civilizado en la tierra y toda la escala de los honores humanos, en la modesta proporción de mi país y de mi tiempo; he sido favorecido con la estimación de muchos de los grandes hombres de la Tierra; he escrito algo bueno entre mucho indiferente; y sin fortuna que nunca codicié, porque el bagaje pesado para la incesante pugna, espero una buena muerte corporal, pues la que me vendrá en política es la que yo esperé y no deseé mejor que dejar por herencia millones en mejores condiciones intelectuales, tranquilizado nuestro país, aseguradas las instituciones y surcado de vías férreas el territorio, como cubierto de vapores los ríos, para que todos participen del festín de la vida, de que yo gocé sólo a hurtadillas”.


Dr, Bernardo

I. Salduna.      

Asociación “Justo Jose de Urquiza” Concordia E. Ríos

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