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3 de Septiembre de 2019 - Nota vista 390 veces

Científicos descubren una nueva especie de “araña camello” en Córdoba y Santiago del Estero

Se trata de una nueva especie de solífugo, un peculiar orden de arácnidos de aspecto feroz. La Gaucha ramirezi mide unos 2 cm de largo y posee manchas claras en las membranas laterales de su cuerpo.

Aunque la gente los suele confundir con las arañas, los solífugos o “arañas camello” son un orden peculiar y poco estudiado de arácnidos de apariencia feroz, con grandes piezas bucales llamadas quelíceros y la injusta fama de comer carne humana o ser muy venenosos.

Ahora, a partir de ejemplares colectados en el ambiente chaqueño de Córdoba y Santiago del Estero, los científicos reportaron una nueva especie de solífugo, que se suma así a las pocas decenas descritas en el país.

La llaman Gaucha ramirezi, mide unos 2 centímetros de largo y posee manchas claras en las membranas laterales de su cuerpo. Otra especie del mismo género, Gaucha santana, también acaba de ser descrita en Brasil.

Para los biólogos, el hallazgo es motivo de celebración.

“Es importante conocer la biodiversidad de nuestros países para saber cuál es nuestro patrimonio biológico y así poder preservarlo”, afirmó a la Agencia CyTA-Leloir el director del estudio, el doctor Andrés Ojanguren-Affilastro, investigador del CONICET en el Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia (MACN).

El epíteto o “apellido” de Gaucha ramirezi homenajea al doctor Martín Ramírez, aracnólogo del MACN que codirigió la tesis doctoral del primer autor del hallazgo, el biólogo colombiano Ricardo Botero Trujillo, que actualmente desarrolla su posdoctorado en el Museo de Historia Natural de Nueva York, en Estados Unidos.

Los especímenes fueron colectados a mano o mediante “trampas de caída”: recipientes abiertos en su parte superior, llenos de líquido conservante y enterrados al ras del suelo, donde se espera que los animales caigan.

Acto seguido, los investigadores las estudiaron con lupas, microscopios y pruebas de ADN para establecer su “parentesco” con otras especies.

“La preservación de los solífugos depende en gran medida de una buena conservación del ambiente”, insistió Ojanguren-Affilastro.

Del estudio, publicado en Zootaxa, también participaron Camilo Mattoni, investigador del CONICET y de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC); Mónica Nime, de la UNC; y Ricardo Ott, del Museo de Ciencias Naturales y la Fundación de Zoobotánica de Rio Grande del Sur, en Brasil.

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