APPS de El Heraldo

Servicios

Actualidad

Secciones

Sociales

Historias de vidas - 31 de Agosto de 2019 - Nota vista 1858 veces

Grace Anderson - Maestra Rural

Con una sencilla poesía, quiero rendir mi homenaje a una mujer noble y ejemplar, quien desde muy chica ya sabía que iba a ser maestra.

Trabajó cuarenta y nueve años, enseñando en una escuela rural, recorriendo “a dedo” los cuarenta y cinco kilómetros que la separan de la ciudad donde vive, Concordia.

Ella misma confeccionaba los trajes que lucirían sus alumnos en las veladas de las fechas patrias y escribía el guión para cada uno de ellos.

Nunca hizo paros, debía aprovechar al máximo los días en que podían concurrir sus niños.

 Si llovía iba con el mismo entusiasmo de siempre, bien “pertrechada para la ocasión”, como solía decir.

Y que tal el día… ¿pudiste ir con esta lluvia? ¿Asistieron tus alumnos?

Sólo dos de ellos pudieron llegar, pero fue una clase hermosa, pudimos avanzar mucho- fue su respuesta-.

Hoy llegó el momento de decir adiós a la escuela, llegó su jubilación,… ¿un premio o un castigo?... pero sigue narrando las anécdotas de tantos años de docencia y suele visitar a sus alumnos, quienes la reciben con el cariño de siempre.

Ya sus niños son mayores y cada uno ocupa un lugar en sociedad hay bancarios, comerciantes y profesionales de diversas disciplinas.

¡Misión cumplida! Dios te bendiga Grace Anderson, noble maestra rural, orgullo del pueblo entrerriano…, siempre fuiste y serás…

 “La Gran Maestra Argentina”

P.D Aprovecho la oportunidad para agradecer al diario “El Heraldo” en especial al Sr. Marcos Roleri, por permitirme expresar mi reconocimiento a mi amiga Grace.

Asimismo hacerle llegar al Círculo Odontológico, mi gratitud cuando en 1983 me asistieron brindándome todo tipo de ayuda cuando una tragedia enlutó mi vida.

 Y por último, muchas gracias y mi admiración a esta provincia hermana tan noble y generosa.

Miguel Pussetto


- Maestra de corazón-

Tempranito en la mañana,

 apenas comienza a clarear,

 ya se dispone a viajar

 a su lugar preferido,

es su escuela y es su nido,

su misión es enseñar.

 Lleva un blanco delantal

 tan blanco como su alma,

marcha segura y con calma,

erguida cual centinela,

luciendo su escarapela…

Ella es maestra rural.

 A su paso la saludan

 con sus trinos y gorjeos

las calandrias, benteveos,

y entre el algarrobal

se escucha algún zorzal

y pájaros carpinteros.

En la escuelita de campo

va a cumplir con su misión,

 concurre con emoción,

 la misma del primer día,

cuando entonces no sabía

que sería su pasión.

Allí esperan sus “niñitos”

 con deseo de aprender,

Ella les enseña a leer

a escribir y dibujar,

hay tiempo para jugar,

recompensa del saber.

Tiene ternura en sus manos

 y orgullo en su corazón,

 en sus labios una canción

dedicada a la bandera

suena como si fuera

una bendita oración.

Y en este sentido homenaje,

 voy a pedirles hermanos…

 Estrechemos nuestras manos

con esta noble maestra,

 tan querida y tan nuestra,

orgullo de los entrerianos.

Miguel Pussetto - 26/ 07 /2019

Contenido Relacionado