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27 de Agosto de 2019 - Nota vista 600 veces

Por qué los incendios en la Amazonia afectan aunque se viva en la otra punta del planeta

Ya sea en la misma cuenca del Amazonas, en las islas Marshall o en España, los incendios descontrolados de la selva amazónica van a tener consecuencias. Según los expertos, en esta zona del planeta se produce una quinta parte del oxígeno del mundo, se captura una quinta parte del CO2 y circula, por el río Amazonas, una quinta parte del agua dulce del mundo.

Por eso, ante la dimensión de unos incendios que ya se extienden más allá de Brasil, como a Bolivia o Perú, los avisos internacionales al presidente brasileño, Jair Bolsonaro, se han multiplicado en los últimos días. «En medio de una crisis climática internacional, no podemos permitir que se produzcan más daños en una importante fuente de diversidad y oxígeno», advirtió hace unos días el secretario general de la ONU, Antonio Guterres.

«Con todo el CO2 que se ha emitido en los incendios y el que la selva va a dejar de absorber, vamos a tener que rehacer las cuentas para emitir aún menos. Es un tema para que se enfade todo el mundo, en todo el planeta», asegura Fernando Valladares, investigador del CSIC y miembro de la Fundación Gadea.

Hasta ahora, los 7,4 millones de kilómetros cuadrados por los que se extiende la selva (equivalentes al 5% de la superficie total de la Tierra) ayudan a fijar cada año millones de toneladas del dióxido de carbono presente en la atmósfera, uno de los gases de efecto invernadero que están aumentando la temperatura del planeta. Pero si su extensión se reduce, también lo hace su capacidad para «limpiar» la atmósfera. A ello se suma la combustión de los árboles emite carbono. «Cada árbol son cuatro toneladas de carbono liberadas a la atmósfera, y hay que ver cuánto hubiera sido capaz de inmovilizar de carbono a lo largo del tiempo», explica Valladares. «El ciudadano va a tener que hacer un esfuerzo adicional para reducir emisiones, y no va a ser despreciable», apostilla.

Aún se puede reforestar el bosque, pero las estimaciones apuntan a que tardaría al menos veinte años en recuperar sus funciones más esenciales. «En el Amazonas, las llamas actúan a nivel del suelo, pero esto es suficiente para causar la muerte de árboles muy grandes hasta dos años después del incendio. Los árboles muertos pierden sus hojas, la vegetación se vuelve más inflamable y, si no hay nuevos incendios, llevará varias décadas alcanzar la misma densidad (de vegetación)», dice Paulo Moutinho, investigador del Instituto de Investigación Ambiental en la Amazonía (IPAM) consultado por la agencia AFP. Lo corrobora Valladares: «Además, en 15 o 20 años no vamos a estar quietos: se quemarán otras franjas y las zonas quemadas se usarán para crear palma o alimentar el ganado».

La consecuencia inmediata del incendio, además de la pérdida de biodiversidad, ha sido el incremento de afecciones respiratorias y alergias en las regiones aledañas, propiciadas por el humo, las partículas desprendidas en el incendio y el monóxido de carbono. Solo en el estado amazónico de Acre, en la frontera con Bolivia, se han atendido a unas 30.000 personas por enfermedades respiratorias. Pero estos componentes tienen una alta permanencia en la atmósfera y viajan «rápido y lejos» de su foco de emisión. «Todos los compuestos liberados los vamos a ir respirando, se suman a la contaminación de fondo», explica Valladares.

Ríos voladores

La selva es un sistema complejo que también ayuda a regular el clima porque mantiene el ciclo del agua. «El bosque bombea agua del subsuelo a la atmósfera», explica el doctor en Ciencias Biológicas. Ayuda a generar lluvia y liberar compuestos naturales, mientras que la deforestación cambia el régimen de precipitaciones. «El clima cambia el bosque, pero el bosque también afecta al clima, sobre todo al ser tan grande», dice Valladares.

Prueba de ello es el sur de Brasil, Uruguay, Paraguay y el norte de Argentina, donde, por latitud, debería haber desierto. Sin embargo, la humedad que la Amazonia expulsa a la atmósfera tiene un impacto directo en estas zonas, convirtiéndolas en tierras fértiles y prósperas a través de los llamados «ríos voladores»: una gran masa de aire húmedo impulsada por la selva contra los Andes.

Algunos de los efectos de los incendios que están asolando la Amazonia están aún por verse. Valladares apunta a que hay precedentes de «crisis de productividad planetaria» asociados a grandes incendios. «Es un buen cóctel de catástrofe como para tomarlo de forma frívola. No hay que quitarle ni un punto de drama, en un momento en el que a nivel global ya estamos fastidiados por el cambio climático». ABCes

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