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11 de Agosto de 2019 - Nota vista 651 veces

¿Por qué hablar de la conservación de los ecosistemas y la biodiversidad?

La pérdida de biodiversidad, como efecto de las actividades humanas, ya sea de manera directa (sobreexplotación) o indirecta (alteración del hábitat, contaminación), es sin duda uno de los problemas ambientales que ha despertado gran interés mundial en las últimas décadas. Numerosos ecosistemas que albergan diferentes especies cuya evolución tardó millones de años, han sido rápidamente devastados por la acción humana. Si continúa esta tendencia, miles de especies dejarÁn de existir en los próximos años.

Todos hemos escuchado sobre los dinosaurios y su extinción, es decir la teoría de que un meteorito impactó la tierra en la península de Yucatán (México) hace aproximadamente 65 millones de años provocando las extinciones masivas de especies. La magnitud de la extinción masiva actual podría compararse con aquella ocurrida en el pasado geológico, pero a diferencia de esa extinción causada por un agente externo, el meteorito en el presente seríamos los humanos, una especie que se jacta de su racionalidad, sentido moral y libertad.

¿Por qué conservar la biodiversidad?

Existen muchas razones para conservar nuestra riqueza natural.

La razón más importante es quizás un planteo ético, dado el derecho que tienen todos los seres vivos a existir y no necesariamente por una utilidad. Por otro lado existe una visión llamada “antropocéntrica”, haciendo énfasis en valores “utilitarios” o “instrumentales” que tiene la biodiversidad para el hombre. Encontramos aquí los valores estéticos, dado que los seres vivos son una fuente permanente de belleza; tanto si los observamos individualmente o dentro de un paisaje. También encontramos los valores económicos directos, que se refiere a cuanto está dispuesto una persona a paga por ellos como fuente de medicinas, de alimentos o como reserva genética. Finalmente encontramos los valores indirectos, donde encontramos una serie de bienes y servicios que nos brinda la naturaleza como contención de plagas, control de la erosión, mitigación de inundaciones, purificación del agua y el aire. En resumen, lo beneficio que recibimos de la naturaleza son innumerables.

Sin embargo la destrucción o degradación del hábitat, la extracción insostenible de los recursos naturales, las especies invasoras, el calentamiento global o la contaminación son algunas de las principales amenazas contra la biodiversidad.

Para tomar dimisión de lo que estamos provocando, tenemos que saber que en una hora se extinguen entre 3 y 7 especies en todo el mundo (¿Cuántas serían por día?), es decir que dejan de existir y con esto perdemos la oportunidad de disfrutar de su belleza, de saber dónde y cómo vivía, cuál era su comportamiento, inclusive perdemos la posibilidad de saber si podríamos haber obtenido algún beneficio de ella.

A pesar de un panorama poco alentador, la naturaleza siempre deja una ventana abierta, y por eso aún estamos a tiempo de frenar la pérdida de la biodiversidad. Paradójicamente, la respuesta frente a esta problemática está en los que la producen, es decir en nosotros. Para aprovechar esta oportunidad debemos asumir nuestras responsabilidades e introducir cambios en las prácticas y demandas económicas y financieras, así como una mayor concientización por nuestra parte como consumidores.

La batalla no está perdida y los resultados sin duda van a ser gratificantes, no solo para que lo disfruten las próximas generaciones (como se suele afirmar), sino para que nosotros podamos seguir gozando de esta relación con la naturaleza, después de todo está en nuestros genes complacernos en un ambiente conservado y saludable. Acaso llegado el fin de semana, ¿no queremos aprovechar de nuestra costanera y el inmenso río Uruguay?, eventualmente ¿no hacemos muchos quilómetro para disfrutar de nuestro parque San Carlos y Liquidambar?, a fin de año ¿no hacemos largas filas para disfrutar de nuestro lago y arroyos?


Dr. Eduardo Etchepare

UTN/CONICET

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