Opinión

Ser humanos - 8 de Junio de 2019 - Nota vista 388 veces

El amor o la dependencia...

Cuenta una vieja leyenda de los aborígenes Sioux que una vez llegaron hasta la tienda del viejo brujo de la tribu, tomados de la mano, Toro Bravo, el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros, y Nube Alta, la hija del cacique, y una de las más hermosas mujeres de la tribu.

– Nos amamos – empezó el joven.

– Y nos vamos a casar – dijo ella.

– Y nos queremos tanto que tenemos miedo. Queremos un hechizo, un conjuro, un talismán. Algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos. Que nos asegure que estaremos uno al lado del otro hasta encontrar a Manitú, el día de la muerte.

– Por favor – repitieron – ¿hay algo que podamos hacer?

El viejo los miró y se emocionó de verlos tan jóvenes, tan enamorados, tan anhelantes esperando su palabra.

– Hay algo…- dijo el viejo después de una larga pausa -. Pero no sé…es una tarea muy difícil, que requiere mucha valentía.

– No importa – dijeron los dos-. Lo que sea – ratificó Toro Bravo.

– Bien -dijo el brujo-. Nube Alta, ¿ves el monte al norte de nuestra aldea? Deberás escalarlo sola y sin más armas que una red y tus manos, y deberás cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte. Si lo atrapas, deberás traerlo aquí con vida el tercer día después de la luna llena. ¿Comprendiste?

La joven asintió en silencio.

– Y tú, Toro Bravo – siguió el brujo – deberás escalar la Montaña del Trueno; cuando llegues a la cima, encontrarás la más brava de todas las águilas y, solamente con tus manos y una red, deberás atraparla sin heridas y traerla ante mi, viva, el mismo día en que vendrá Nube Alta…¡salgan ahora!.

Los jóvenes se miraron con ternura y después de una fugaz sonrisa salieron a cumplir la misión encomendada, ella hacia el norte, él hacia el sur….

El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes esperaban con sendas bolsas de tela que contenían las aves solicitadas.

El viejo les pidió que con mucho cuidado las sacaran de las bolsas. Los jóvenes lo hicieron y expusieron ante la aprobación del viejo las aves cazadas. Eran verdaderamente hermosos ejemplares, sin duda lo mejor de su estirpe.

– ¿Volaban alto?- preguntó el brujo.

– Sí, sin duda. Como lo pediste… ¿y ahora? – preguntó el joven- ¿haremos ritual con ellos?

– No – dijo el viejo- Harán lo que les digo: Tomen las aves y átenlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero… Cuando las hayan anudado, suéltenlas y dejen que ellas vuelen libres.

El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía y soltaron las bellas aves. El águila y el halcón intentaron levantar vuelo pero solo consiguieron revolcarse en el piso. Unos minutos después, irritadas por la incapacidad, las aves arremetieron a picotazos entre si hasta lastimarse.

Este es el conjuro…

-Jamás olviden lo que han visto. Son ustedes como un águila y un halcón; si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no sólo vivirán arrastrándose, sino que además, tarde o temprano, empezarán a lastimarse uno al otro. Si quieren que el amor entre ustedes perdure, vuelen juntos pero jamás atados.

EL AMOR ROMANTICO Y EL AMOR COMPASIVO

La sociedad occidental nos ha inculcado la idea de “amor romántico”, la necesidad de encontrar el príncipe azul que nos rescate o la princesa que nos cuide para siempre; es decir, buscamos a otra persona para que “nos salve” de la soledad o de nuestras carencias, para que “nos de” aquello que no somos capaces de generar por nosotros mismos, y así, seguramente, vamos crear una relación dependiente y tóxica. El amor impulsa el desarrollo integral de cada uno, en respeto y libertad, para que alcancen la mejor versión de sí mismos.

La mirada oriental sobre el amor es muy diferente a la versión del amor romántico que concebimos en occidente. Ellos promueven el desapego, entienden al amor como compasión, como la energía dirigida a reducir el sufrimiento del otro, a generar alegría y bienestar, a propender por su realización personal y a su iluminación. Ellos creen que si existe bondad, gozo, compasión y libertad, existe también el amor de verdad.

CUANDO EL AMOR DUELE. LA DEPENDENCIA AFECTIVA

La dependencia afectiva provoca sufrimiento en aquellas personas que la padecen, deteriorando la calidad de vida e interfiriendo en el desarrollo personal; pero ellas, prefieren quedarse en relaciones que les generan malestar antes que enfrentarse a la carencia de afecto o al miedo a la soledad.

Cuando el amor duele o produce estrés, no es verdadero. Cuando hay rasgos de sumisión y nos callamos para no contrariar al otro o por miedo a su enojo, cuando hay demanda continua de afecto, cuando la baja autoestima se instala y nos sentimos rechazados, no respetados ni valorados, cuando descuidamos otros aspectos de nuestra vida, incluso la salud física, mental y emocional; cuando olvidamos los espacios propios y las gratificaciones personales; son señales que pueden indicar la presencia de una relación no saludable.

¿AMÁS O DEPENDÉS?

El amor que hace sufrir no es amor verdadero. La esencia del amor es hacernos sentir felices y seguros; es una reverencia, una comunión; y aunque une, también nos motiva al vuelo, a ser libres, a vivir gozosamente la vida sin miedos ni angustias.


María Inés Francisconi

Desarrollo humano

Abogada mediadora

Coach Ontológico

Contacto: Ine.francisconi@gmail.com

Contenido Relacionado