Interés General

8 de Junio de 2019 - Nota vista 413 veces

El misterio de los muertos que produjo (y producirá hasta 2065) Chernóbil

Aunque algunas cifras están claras, como los cerca de 800.000 personas que participaron en las tareas de emergencia, otras son una incógnita, como el número real de muertos y enfermos de cáncer que produjo la radiación… y sigue produciendo.

« La Unión Soviética oculta el verdadero origen de una nube radioactiva de casi 2.000 kilómetros», titulaba ABC el 29 de abril de 1986. Se trata de la primera noticia que llegaba a España de la mayor catástrofe nuclear de la historia. Lo hacía tres días después de que se hubiera producido la explosión en el reactor número 4 de la central de Chernóbil, a 50 kilómetros de Kiev, durante unas pruebas técnicas. Ese fue el tiempo que tardó la URSS en revelar lo sucedido, aunque lo hiciera minimizando las consecuencias para evitar que se deteriora aún más su imagen. «¿Pero por qué lo han reconocido ahora? Pues porque no tenían remedio. En Finlandia ya había detectado la nube radioactiva antes incluso de que la anunciase la agencia oficial soviética Tass», se preguntaba a continuación el corresponsal de este periódico en Nueva York, José María Carrascal, sobre la tragedia que hoy se ha convertido en todo un fenómeno cultural gracias a la serie de HBO.

A consecuencia del accidente, la central de Chernóbil emitió 500 veces más radiación que la liberada por la bomba atómica lanzada sobre Hiroshima (Japón) en 1945. A la luz de este dato y de la información que se ha ido conociendo con cuentagotas a lo largo de estos 33 años, la primera cifra oficial dada por las autoridades soviéticas, con Mijaíl Gorbachov a la cabeza, resultaba ofensiva: dos trabajadores de la central muertos como consecuencia de la explosión del reactor. Poco después, el Kremlin no tuvo más remedio que ceder ante las informaciones que se publicaban en el extranjero y elevó el número a 31, todos ellos empleados a causa del síndrome de irradiación aguda.

Un informe del Comité Científico de la ONU sobre los Efectos de la Radiación Atómica (UNSCEAR) estableció más tarde la cifra en 49 víctimas y, a continuación, la elevó hasta 54. En 2005, la Organización Mundial de la Salud (OMS) elevó en otro informe el número total de posibles muertes a 4.000 y, más tarde, a 9.335. Este último dato se estableció teniendo en cuenta, también, a aquellos casos en los que las víctimas se expusieron a dosis más bajas de radiación. Es decir, los que no participaron directamente como liquidadores, pero acabaron muriendo posteriormente de factores relacionados con la exposición a largo plazo a la radiación de Chernóbil.

Cáncer de tiroides

Investigadores de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer defendían que Chernóbil no elevó las tasas de cáncer, salvo el de tiroides, que era el único realmente atribuible a la radiación del accidente de 1986 y, únicamente, a aquellas personas que se encontraban en las regiones más contaminadas. Lo reconocían en la revista científica «International Journal of Cancer», donde, igualmente, sus modelos predecían que «para 2065, sobre 16.000 casos de cáncer de tiroides y 25.000 casos de otros tipos de cáncer se pueden esperar debido a la radiación del accidente».

A partir de ahí, la fantasía numérica se ha desatado en número foros, sin que nunca se haya dado un dato que pueda considerarse objetivo. Un misterio sin resolver desde hace 33 años, a pesar de que nadie pone en duda actualmente que estamos ante uno de los mayores desastres medioambientales de la historia mundial. Las cifras del dispositivo de emergencia dan una prueba de ello: entre 600.000 y 800.000 bomberos, obreros y voluntarios participaron en las tareas de extinción del incendio y construcción del sarcófago que debía contener la radiación. Todos ellos enviados a la muerte, sin que lo supieran, bajo promesas absurdas como evitar el servicio militar en la guerra de Afganistán o ser remunerados con una cantidad de dinero que, probablemente, no podrían disfrutar mucho tiempo tras haber estado cerca del reactor.

El problema con el accidente de Chernóbil es que parece imposible establecer el número real de muertos y afectados por una radiación que afectó a inmensas zonas de Ucrania, Bielorrusia y Rusia y que se extendió a miles de kilómetros de distancia, ya que la mayoría son resultado de los cánceres y otras enfermedades desarrolladas desde entonces. Algunas serían desarrolladas por las más de 130.000 personas evacuadas y por las otras 200.000 recolocadas posteriormente. Pero si ni siquiera en estas hay todavía un acuerdo.

«Tumores sin una forma específica»

En el informe de UNSCEAR de 2011 ya se subrayaba la dificultad de explicar el aumento de los casos de cáncer en la población general a causa del accidente de Chernóbil. Según explicó a EFE el experto en radiología y medicina nuclear, Fred Mettler, esto se debe a que muchos tipos de tumores «no tienen una forma específica» que permita establecer su origen en la radiación. «No estamos diciendo que no haya efectos, sólo que actualmente, si hay un efecto, no podemos verlo aún, acorde con los hechos y estadísticas que tenemos», añadía.

Informes anteriores del mismo comité aseguraban, sin embargo, que en los años siguientes podrían morir unas 4.000 personas de las 600.000 que se calcula estuvieron sometidas a altos índices de radiación. Otros estudios realizados a lo largo de estos años han dado cifras mucho más altas, aunque no se pongan de acuerdo en la cantidad exacta de fallecidos durante y después del accidente. En 2006, por ejemplo, el Partido Verde alemán hizo público su informe «TORCH» («El otro estudio sobre Chernóbil», según sus siglas en inglés) para rebatir el realizado por la Unión Europea. Este exponía que el 44% de Alemania y el 34% del Reino Unido habían recibido altos niveles de radiación procedente de la famosa central ucraniana. También el 13% de Austria y el 5% de Ucrania, Finlandia y Suecia. Y más del 80% de Moldavia, Eslovenia, Suiza, Austria, Eslovaquia y la parte europea de Turquía, pero con niveles más bajos. Además, señalaba que, a causa del accidente, se había producido un incremento del 40% de los tumores sólidos en Bielorrusia, así como de cataratas y enfermedades cardiovasculares. Este estudio, a diferencia del de UNSCEAR, predecía la muerte de entre 30.000 y 60.000 personas a causa del cáncer en los años siguientes.

Esta cifra, aunque alarmante, era muy inferior a la que apuntaba el informe de Greenpeace de ese mismo año, que hablaba de alrededor de 270.000 futuros casos de cáncer atribuibles a Chernóbil, de los que 93.000 serían mortales. Y, además, aseguraba que 200.000 muertes de las producidas entre 1994 y 2004 se debían a la radiación liberada aquel trágico 26 de abril de 1986.

Ucrania

Otros estudios han dado su propia visión. La Asociación Internacional de Médicos para la Prevención de la Guerra Nuclear (AIMPGN) declaró que hasta 2006 habían muerto entre 50.000 y 100.000 de los liquidadores que participaron en las tareas de minimizar las consecuencias del desastre. De los supervivientes, más de 600.000 quedaron inválidos. En otros informes se ha apuntado el incremento del cáncer en países como Suecia, Finlandia o Alemania, mientras que el ministro de Sanidad de Ucrania llegó a afirmar que más de 2,4 millones de ucranianos, incluidos 428.000 niños, sufren actualmente problemas de salud relacionados con la explosión del reactor 4 de la central de Chernóbil.

En su último informe, publicado en 2016, UNSCEAR comparaba las consecuencias entre los accidente de Chernóbil y Fukushima, acaecido en 2016. Este comité establecía que las dosis de radiación liberada en la central japonesa no eran muy altas en comparación a las de la central ucraniana, hasta el punto de que era probable que las tasas de cáncer se mantuvieran estables. Igualmente, indicaba que podía descartarse la probabilidad de que en Fukushima se registrasen muchos casos de cáncer de tiroides, tal y como sí ocurrió en 1986. Como ya decía ABC en hace 33 años, el de Ucrania es «el accidente más grave de toda la historia de las centrales nucleares». Y advertía: «Lo peor de todo es que tardaremos mucho tiempo en saber lo que ha ocurrido en la central de Chernóbil. Es muy probable, incluso, que nunca lo sepamos del todo, lo que produce miedo».

Hace dos años y medio, tres décadas después del accidente, por fin la central de Chernóbil pudo cubrirse de un inmenso caparazón de acero con el objetivo de evitar nuevas fugas de radiación durante el próximo siglo. El temor ante los efectos de otros escapes tóxicos de la agrietada estructura colocada justo después del desastre por la Unión Soviética llevó a un grupo de donantes internacionales, impulsados por el Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo, a implicarse de lleno en garantizar la seguridad de Europa. Entre todos reunieron, en 2012, los 1.500 millones de euros que costó la nueva armadura. Sus dimensiones equivalen, dicen, a cuatro campos de fútbol, lo que la convierte en la mayor estructura móvil jamás fabricada hasta ahora. ABCes)

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