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Por Ivana Guinda - 27 de Mayo de 2019 - Nota vista 1055 veces

Dos Bailarines de Tango de excelencia estuvieron en Concordia y contaron su historia de amor

-Entrevista a Los Totis- Virginia Gómez y Christian Márquez, conforman -Los Totis-, una pareja unida por su pasión por el tango.

Empezaron a bailar juntos en 1996. Comenzaron a capacitarse con reconocidos maestros y obtuvieron su primera experiencia profesional en 1997. Desde entonces, han participado en muchos de los principales espectáculos nacionales e internacionales como Los tangos de la Cábala, Piazzolla Tango, Copes Tango Copes, y O’Tango. En 2002 comenzaron a viajar por Europa y Asia para festivales y talleres. Hoy lo hacen por los 5 continentes.

Durante los dos días que estuvieron en Concordia “Los Totis” dictaron clases el sábado 18 y domingo 19 por la tarde en el Club del Tango y en la Facultad de Ciencias de la Alimentación –UNER-. Asistieron alumnos de diversas ciudades cercanas como Chajarí, Colón, Villaguay, Concepción del Uruguay, Paraná, Buenos Aires, Salto (ROU) y Montevideo (ROU).

Además se presentaron con su show en el Club del Tango, Concordia “Santa Milonguita de Gala” organizada por Martín Novoa y Gabriela Funes.

Christian Márquez: Nosotros disfrutamos diferente el momento de ir a la milonga cuando sabemos que vamos a hacer un show, acá en Concordia sucedió eso, no estábamos en plan de milongueros, así que cuando terminamos de hacer el show disfrutamos más de ver a los milongueros y observar. Otra cosa que nos sucedió es que veníamos de hacer tres clases de corrido. En las clases suelen sentirse mucho más los pies que cuando bailás por placer, te aseguro que si bailás tres horas te van a doler mucho menos que si hacés tres horas de clases aplicando técnica”. Virginia Gómez: La milonga estuvo buenísima, la gente bailó toda la noche, notamos ese constante movimiento y nos gustó el ambiente en el Club del Tango.

Christian Márquez: Quiero agregar que a mí me gustó mucho el estilo del lugar, bien a club de barrio, eso es recontra pintoresco (…) en Buenos Aires hay todavía algunas milongas en Clubes y son muy bonitas, nos gustó eso. La verdad que muy buena onda la gente que asistió a los seminarios, en nuestro caso el mayor contacto que tenemos con la gente es dando las clases, ahí percibimos la energía y la verdad es que fluyó bárbaro. Cuando uno enseña siempre está dando energía y eso volvió y se retroalimentó todo el tiempo acá en esta ciudad. A veces nos sucede que no en todos los lugares funciona, por ahí vos dás y no vuelve tanto (suele suceder) en diferentes partes del mundo inclusive.

 Virginia Gómez: No es fácil tampoco para el alumno hacer tres clases seguidas (tampoco para nosotros) en un espacio en el no somos los maestros regulares, sino que venimos una vez y con suerte volvemos, por eso fueron clases muy intensas, donde hay mucha información, mucho material para trabajar y ejercicios muy exhaustivos. La gente se la bancó re bien, intentaba, seguía y seguía, le pusieron muchísima buena onda. En estos casos es lindo porque te motiva para dar, más y más.

Virginia y Christian en cada clase incluyeron mucha información y al finalizar, se tomaron un tiempo extra para que los concurrentes grabaran videos con sus celulares, mostrando juntos y separados los ejercicios con las explicaciones e indicaciones a tener en cuenta en cada movimiento.

Christian Márquez: También en relación a esto, justamente, porque venimos solo una vez es el motivo por el cual tratamos de no dejar pasos armados y que ellos repitan y listo, tienen pasos nuevos. La idea es dejar como “tarea para el hogar” por eso insistimos mucho en desmenuzar los ejercicios, tratamos de armar ejercicios que sirvan para incorporar técnica e incentivar a la gente a que los siga haciendo para mejorar el baile.

Apuntamos más a que puedan descubrir la sensación de conexión, y el placer de bailar en pareja, más allá de cualquier paso. Poder disfrutar de la sensación del movimiento en pareja.

Si uno logra, cuando ya tiene los movimientos conectados, incorporar pasos, eso es lo ideal, es lo que queremos transmitir.

¡Hay que animarse a bailar tango! se descubre un mundo muy lindo, donde se comparte mucho más que unos pasos. Los Totis hablan a los que no bailen tango e invitan a la danza, afirman que nunca es tarde así seas una persona de edad avanzada.

Virginia Gómez: A los lectores que tengan ganas de arrimarse al tango, creo que todos los que probamos y bailamos tango van a decir lo mismo, es un viaje de ida. Una danza que cuesta al principio, no es tan simple de comprenderla, necesita que uno le ponga continuidad y cuando se comienza a entender medianamente como funciona, se van descubriendo cosas, de repente te encontrás haciendo algo que no imaginabas. Y así sin querer estás en un mundo del que no querés salir. Es apasionante.

Christian Márquez: Además otra de las cosas que les puede gustar a los que no conocen, es la música, tal vez alguien que se acerca al tango por primera vez y nunca había escuchado un tango, de repente lo disfruta desde ahí también.

Virginia Gómez: Las clases y las milongas son lugares de encuentro, más allá de si uno lo hace mejor o peor, es un espacio donde te encontrás con gente. Siempre observamos la importancia que eso tiene en las personas, cuando parece que la vida social a veces se pierde un poco. Pues la gente grande que baila tango tiene una vida social muy activa. A su vez otra característica que vivimos en el tango es la mezcla de edades,  no tiene edades lo puede hacer un chico de 15 años como una personas de 70 son encuentros generacionales muy lindos que se ven en una pista.

El tango es un mundo de constante descubrimiento, eso te hace querer conocer siempre más, más y más, mejorando aprendiendo.

Los Totis una historia de amor y Tango

Al poco tiempo de conocerlos es imposible no percibir la gran conexión que expresan como profesionales y prontamente surge la curiosidad por “la historia de amor”, ¿cómo se conoció la pareja que hoy recorre el mundo afianzando su amor a cada compás?

Christian Márquez: ¿Por dónde empezamos? (se miran con cariño y hacen gestos como de estar pensando en complicidad). Yo trabajaba en esa época de carpintero de aluminio, hacía puertas, ventanas esas cosas y cuando llegaba tenía la costumbre de quedarme un rato afuera –me gustaba hacer puerta, ver pasar gente- y siempre la veía pasar a ella. Me acuerdo que me llamaba la atención su caminar con los piecitos abiertos (realiza un gesto con las manos y Virginia sonríe mientras lo escucha). Había otra cosa llevaba el pelo atado y la colita del pelo se le hamacaba de un lado al otro. Después me quedaba pensando esta chica a dónde irá y esas cosas que uno piensa. Me gustaba, pero jamás le dije nada, nunca la encaré.

Un día andaba ahí en la esquina de casa “también haciendo tiempo” y aparece un flaco que era del barrio que daba clases ahí a una cuadra de casa y me dice -no querés engancharte a una clase de tango porque siempre faltan hombres-. Ese día no arranqué, pero un día me pintó y caí en la clase de tango, entré y la veo –la morocha que pasa por casa- pensé.

Ella estaba bailando con el maestro, me quedé sentado mirándolos y fue instantáneo –me enamoré de la morocha y del tango- porque imagínate que yo lo que estaba viendo era la chica que veía pasar todos los días por casa, que me gustaba y sumado a eso la imagen de una pareja bailando tango. Fue ahí que comencé a tomar clases.

Obviamente que el tiempo fue pasando y empezamos a ir con el grupo a las milongas, pero yo no le dije nada porque “la tota” no me tiraba “señales” de que podría llegar a pasar algo entre nosotros y me costaba mucho llegarle.

Una noche de milonga

Un domingo una de las tantas veces que salimos de milonga, estábamos bailando y entre una tanda y otra, te ponen una música de cortina, bueno (…) ahí se suele conversar, nosotros ese día estábamos callados, ninguno decía nada. Fue en un impulso que nos dimos un beso. A partir de ahí no nos separamos nunca.

Virginia Gómez: Él me cuenta esta historia que por supuesto me la enteré después, porque cuando yo iba a mi clase de tango, tomábamos con Mario Bournissen (que ahora vive en Italia, sigue enseñando), la verdad que estaba en mis primeros meses con el tango y quería bailar todos los días. A eso se le sumó que justo me había agarrado un momento de desempleo y tenía más tiempo, así me iba todos los días a practicar con el profesor.

Alguna cosa recuerdo sobre un chico que entró y se quedó ahí, pero la verdad es que no lo registré mucho en ese momento. Yo estaba con mi baile, pero él empezó a ir regularmente a las clases, nos fuimos conociendo y programando salidas en grupo a las milongas.

Christian Márquez: Es un camino que fue en paralelo creciendo en lo profesional y como pareja, éramos jóvenes teníamos 23 años cuando arrancamos y a medida que crecíamos como bailarines, lo hacíamos como personas y como pareja. Nos pasó de todo, tiempos duros, difíciles,  (se dan la mano) las cosas buenas y malas con ella las pasamos juntos y tirando para el mismo lado. No solo en el tango, en la vida (frena un momento la entrevista y le da un beso).

Cuando recién arrancamos como profesionales tuvimos a nuestra primera hija que se llama Morena, hoy tiene 14 años, aprendimos a ser padres también al inicio de la carrera.

Para nosotros el tango y la vida van de la mano. Y lo cierto es que como ya sabrán no todo es color de rosas, pero supimos adaptarnos muy bien para una buena convivencia y también para compartir este trabajo que es muy intenso en el que pasamos muchas horas, juntos.

 Y bueno imagínate que en 22 años con ella nos tocó pasar momentos muy difíciles, y bueno todo eso sumó, pero para bien, porque supimos aprovechar las oportunidades y pasar los momentos malos, unidos.

 La pareja relató que al inicio fue un hobby para ambos, aunque por alguna razón se comprometieron y lo tomaban muy en serio, “éramos muy rigurosos, exigentes y no teníamos necesidad de serlo en esa época, practicábamos los ejercicios que nos daban los maestros casi como si fuéramos profesionales, claramente no lo éramos, así que si bien la vida te lleva, nosotros pusimos mucho de nuestro esfuerzo solo para mejorar entre nosotros, y seguramente gracias a eso se nos fueron presentando oportunidades que supimos aprovechar”, concluyen entre los dos.

Nombraron a su primer profesor por el que se conocieron. ¿Podrían contar sobre maestros que hayan marcado su carrera de bailarines, un antes y después?

Para nosotros el "antes y después" sin dudas fueron Gabriel Angio y Natalia Games, todo lo que veníamos aprendiendo con Mario pudimos enlazarlo. Cuando decidimos empezar con ellos, fue porque trabajaban una técnica muy depurada de un tango tradicional puro, que es lo que nos gusta. Hasta en eso concordamos con “la tota” el gusto por el mismo tipo de tango que queríamos hacer, tradicional influenciado por los viejos milongueros, encima cuando nosotros arrancamos había aparecido toda la movida del tango que se le llamó “Tango Nuevo” y nosotros decidimos quedarnos con el tradicional.

Gabriel y Natalia, fueron nuestra inspiración, con ellos fue como si hubiéramos ido a la universidad a estudiar tango, íbamos tomábamos las clases, en la semana incorporábamos y la siguiente clase seguíamos despejando dudas.

Una particularidad que recuerdan de estas clases es que los profesores cada tanto invitaban a viejos milongueros para mostrar su forma y algunos pasos, lo que sostienen fue lo que inculcó en ellos la preservación de lo tradicional, la esencia, las raíces del tango, “si bien muchos ya no están con nosotros, las enseñanzas fueron quedando”.

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