Salud

26 de Mayo de 2019 - Nota vista 911 veces

Las huellas físicas del dolor emocional

Existe un fenómeno muy conocido y del cual poco se habla, que consiste en que algunas personas, ante un avasallamiento de angustia y al no encontrar respuestas o un escape ante ello, recurren a gillettes, cuchillos, tijeras o cualquier objeto filoso con el fin de cortarse la piel de brazos o piernas, para así sentir un dolor físico que los haga olvidar de la tristeza que sienten.

Este fenómeno, conocido como cutting, que implica provocarse a sí mismo lesiones en el cuerpo, se observa generalmente en jóvenes de entre 12 y 18 años, quienes se efectúan cortes en las muñecas, brazos, piernas o vientre, de manera intencional pero sin la intención de suicidarse, llevando en muchas ocasiones a hacer de esto una conducta adictiva, y que se repite con cierta frecuencia. Otra forma de lastimarse consiste en quemarse con cigarrillos o fósforos encendidos.

Ahora bien, más allá de las diferencias entre cada situación y las formas en que se lleva a cabo, podríamos postular que esta conducta de hacerse daño deliberadamente y a escondidas ante determinadas situaciones, es un intento de evitar, disminuir o extinguir la angustia. Quienes lo hacen suelen empezar a cortarse en la adolescencia y algunos siguen haciéndolo siendo adultos.

En cuanto al por qué de tales episodios, hay quienes postulan que lo realizan como un llamado de atención, o bien que es una moda de los adolescentes y que con el tiempo se pasará, lo que conlleva el riesgo de minimizarlo y no preocuparse al respecto.

El acto de autolesionarse es un acto impulsivo, no mediatizado por la palabra, o que aparece ante la imposibilidad de poder poner en palabras algo del orden del sufrimiento psíquico, y cuyo objetivo sería poder liberarse del dolor emocional, la angustia, la ira o la ansiedad, o bien como modo de protesta ante la autoridad o la injusticia, para jugar con comportamientos arriesgados o para sentir que quien lo practica de alguna manera puede controlar los sentimientos.

En cuanto a la frecuencia, algunos adolescentes se lastiman a diario, mientras que otros sólo en situaciones de estrés o tensión severa, generalmente luego de algún episodio que les genera angustia, bronca e impotencia. Cuando las lastimaduras, cortes o quemaduras cicatrizan, suelen dejar marcas que a veces ocultan y mantienen en secreto.

En su mayoría se trata de adolescentes mujeres, que por alguna razón no se encuentran conformes con su vida y se lastiman como una forma de canalizar la tristeza que les produce su relación con los otros. Si bien saben que es algo que está mal, que hace daño, no pueden evitar hacerlo ni controlarlo, llegando a convertirse en una especie de conducta adictiva. Y por el mismo hecho que sea en esa etapa de la vida en que suele aparecer con mayor frecuencia, no resulta para nada llamativo, ya que durante la adolescencia los cambios que se producen y los afectos en juego suelen ser muy elevados, configurando un ambiente propicio a este tipo de crisis.

Es por ello que se afirma que los jóvenes se autolesionan al no poder canalizar ni tramitar de forma adecuada los niveles de emociones y afectos que los invaden durante la adolescencia. El estrés emocional, la obligatoriedad de los estudios, el bullying o acoso escolar, abusos, los problemas con los padres o en sus relaciones de pareja, las emociones y sentimientos negativos, entre otros conflictos propios de la edad, cuando no son abordados de manera apropiada o bien no se cuenta con los recursos de afrontamiento adecuados para determinada situación, suelen ser factores causales de desequilibrio en la vida de las personas, y por esa razón el cutting otorga una sensación de control de las propias emociones, una descarga afectiva y un sentimiento pasajero de alivio. Parecería ser como si de alguna manera el dolor físico que se provocan conseguiría mitigar el dolor psíquico o bien localizarlo y hacerlo visible.

El problema que se plantea para los adultos es saber cómo poder ayudarlos. Para algunos padres, ponerse en conocimiento de que sus hijos están haciéndose daño les provoca una mezcla de tristeza, enojo y culpa. Y si bien la primera reacción suele ser apelar al castigo o al reto por su conducta, es muy importante tener en cuenta que los jóvenes lo hacen como consecuencia de un estado de angustia muy elevada, por lo que en lugar de actuar desde la bronca o la culpa, es conveniente tomarse un tiempo para tranquilizarse, analizar sus pensamientos, fijarse no solamente en las lesiones físicas, que obviamente es lo primero que hay que atender para no poner en riesgo la salud, sino en las causas y consecuencias que se esconden detrás de ese comportamiento y así poder ofrecer una verdadera ayuda al joven que la necesita.

De esta forma, conocer las razones que tienen los jóvenes para llegar a esas situaciones los ayudará a evitar juzgar, etiquetar o reprochar de antemano un comportamiento que por extraño que parezca puede llegar a ser recurrente y muchas veces incontrolable, lejos de la órbita de la voluntad de quien lo padece. Solamente con la comprensión, la paciencia y el apoyo profesional adecuado se podrá dar una ayuda a quien lo realiza.

Como decíamos al principio, la autolesión es más frecuente de lo que pensamos, y en internet existen foros y páginas que hablan de este comportamiento, en algunos para informar y en otros los mismos jóvenes que lo practican intercambian experiencias y formas autolesivas como forma de buscar ayuda, comprensión y permitir que otros expresen sus sentimientos sin ser juzgados. También existen páginas que refuerzan tales comportamientos, alientan a esas prácticas e incluso aconsejan cómo hacerlo, produciendo así una especie de efecto de contagio, con todos los riesgos que ello supone.

En definitiva, al ser una temática poco abordada, de la que se tienen pocos conocimientos y muchos prejuicios, miedos o ideas equivocadas, puede convertirse en un problema muy delicado. No mucha gente sabe de qué se trata, o por qué sucede y cómo puede ser tratada, sumado que al ser una práctica que se lleva a cabo a escondidas, al no ser detectada a tiempo podría acarrear consecuencias muy graves.

Escrito y confeccionado por el Psicólogo Gastón Fernández Montani, de la LINEA 102 “Teléfono del Niño”, de la Dirección de Políticas del Centro de Fortalecimiento Social de la Municipalidad de Concordia

Contenido Relacionado