Salud

POR DARIO H. GARAYALDE PARA EL HERALDO - 19 de Mayo de 2019 - Nota vista 837 veces

Un gran descubrimiento

Mientras en Rusia lo llamaban “el mal polaco”, en Polonia se lo conocía como “el mal francés”, en Francia como “el mal italiano”, en Italia como “el mal de los españoles” y en España como “el mal de La Española”, la isla americana bautizada así por Cristóbal Colón.

A través de estos nombres se puede seguir el proceso expansivo de la sífilis, ya que la enfermedad era desconocida en Europa. Hasta el regreso de Colón del primer viaje a América, no existían referencias sobre el mal por eso se supone que fueron aquellos navegantes quienes lo llevaron a Europa, después de contagiarse de los indígenas. La enfermedad fue luego transmitida por soldados españoles al resto de Europa. Lo cierto es que el Renacimiento fue la época histórica de su aparición en Europa. La pintura renacentista retrató con singular precisión, los estigmas de la enfermedad en rostros y otras manifestaciones físicas con notable minuciosidad. El uso del antifaz en algunas pinturas por ejemplo de César Borgia, ocultan los estragos en su rostro bello de otros tiempos. El que a veces usaba le fue obsequiado por Isabel de Mantua.

Rastreando los datos históricos relacionados, podemos deducir que a partir de la batalla de Fornovo di Taro, el 6 de julio de 1495, fortificación ésta situada a 30 kilómetros al sur de Parma y el saqueo posterior con violaciones y vejámenes consecuentes, favoreció la aparición de múltiples contagios. Allí participaron mercenarios venecianos, españoles, franceses, suizos, napolitanos, milaneses y alemanes que luego de contraerla, a su vez se encargaron de difundirla con bastante rapidez.

En 1520 el médico Girolamo Frascatorius de Verona describió la enfermedad en un poema en el que aparecía Siphilo, un pastor víctima del mal y desde entonces fue llamada sífilis. Aunque al principio se la vivió como una plaga más, con el tiempo la sífilis, que se propaga básicamente por contacto sexual, entonces adquirió el carácter de enfermedad vergonzante y en las sociedades más cerradas constituyó un tabú del que ni siquiera se podía hablar. Así la ignorancia y el prejuicio contribuyeron a su expansión.

Recordemos que además ser hereditaria, la sífilis se difundía por las transfusiones de sangre, aunque en esa época todavía no se realizaban.

El primer tratamiento efectivo contra la enfermedad se realizó con un preparado a base de mercurio con resultados indudables en muchos casos, incluso asociado al bismuto, sin embargo tenía efectos secundarios importantes, pero era el único tratamiento efectivo en esta terrible enfermedad, infecciosa transmisible y hereditaria.

El mercurio tenía también otro inconveniente importante (además de sus efectos secundarios) que era lo prolongado del tratamiento de hasta un año de duración, lo que inducía muchos abandonos. Sin embargo, el cloruro de mercurio cumplió una importante etapa en el tratamiento de la enfermedad en la forma inyectable endovenoso. Como el riesgo de que la sustancia se filtrase fuera de la vena y ésta era muy corrosiva y hubo que diseñar una aguja especial para su aplicación, y esta tenía una forma de “L” para que su aplicación fuera paralela a la vena. Otro de los efectos secundarios del mercurio eran las estomatitis mercuriales por sus efectos abrasivos sobre las mucosas con lesiones en las encías, en todo el tracto digestivo hasta el ano. Esto hacía que el tratamiento fuera muy penoso para el paciente, a lo que había que agregar lo prolongado del mismo.

El Dr. Paul Ehrlich en 1910 desarrolló un compuesto con derivados del arsénico que tras 606 pruebas logró un preparado con real efectividad sobre el treponema palidum, al que denominó Salvarsán 606. Ehrlich fue un trabajador metódico, discreto y un hombre modesto, comía poco y fumaba mucho (unos 25 puros por día). Era frecuente verlo con una caja de cigarros bajo el brazo. Sus ayudantes y colaboradores lo adoraban. Su secretaria Martha Marquardt publicó una biografía que ofrecía detalles de su vida en Frankfurt. Hablaba siempre en alemán, aunque leía en inglés y francés, lo suficiente para leer decenas de trabajos médicos.

El Salvarsán 606 fue dado a conocer por Ehrlich en abril de 1910, en Wiesbaden, en el 27º Congreso Alemán de Medicina. Sin embargo, Farbwerke Hoechst que era quien respaldaba su trabajo, no quiso esperar más ensayos y distribuyó 65.000 dosis de forma gratuita entre los médicos. El producto en ocasiones presentaba efectos secundarios, lo que le afectó y desagradó mucho a Ehrlich ya que él sostenía que previamente se debía haber probado en centenares de pacientes. La policía alemana también estuvo en contra del Salvarsán debido a los problemas que planteaba la prostitución. Todos estos problemas provocaron el alejamiento del Dr. Ehrlich de la Farbweke Hoechst.

Luego del descubrimiento de Ehrlich, los tratamientos mercuriales se fueron reduciendo a solamente su uso local en forma de emplastos para las lesiones sifilíticas de piel. Se denominaba Calomel a esas cataplasmas y también como ungüentos que se preparaban en las farmacias.

El Dr. Paul Ehrlich siguió perfeccionando su investigación, aunque se hizo necesario el apoyo de un centro de investigación que le diera acceso a mejores y mayores elementos para perfeccionarlo y que se respetaran los protocolos.

    El Laboratorio de investigación que dio su apoyo al Dr. Paul Ehrlich fue la en ese entonces Farbenfabriken Bayer AG de Leverkusen, cuyo Centro de Investigación se encontraba, y se encuentra ubicado en Colonia, Alemania.

Allí desarrolló, luego de cuatro años de seguir experimentando compuestos hasta que Ehrlich sustituyó el 606 por el 914, o Neosalvarsán®, más soluble, fácil de usar y no perdía eficacia. Paul Ehrlich logró eliminar de esa manera los gérmenes causantes de la enfermedad sin lesionar el organismo haciendo un gran aporte a la ciencia de la época pre-antibiótica.

La aparición de las sulfamidas primero y la penicilina después, logró la curación definitiva de la sífilis, aunque no su erradicación. 

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