Salud

11 de Mayo de 2019 - Nota vista 1174 veces

¿Pueden los niños dormir con sus padres?

“El colecho o cama familiar es una práctica en la que bebés o niños pequeños duermen con uno o los dos progenitores. Es una práctica normal en muchas partes del mundo. El colecho puede ser practicado en la misma cama, en camas continuas o cama y cuna unidas…” (definición de colecho tomada de Wikipedia)

En psicología infantil, el tema del colecho resulta ser bastante controversial, e indagando un poco en la temática encontramos posiciones muy diversas tanto a favor como en contra de dicha práctica.

En principio, aparece una primera discusión, es decir, plantear si se está a favor o en contra del hecho de que los bebés y niños duerman con sus padres. En este punto no hay un acuerdo, habiendo opiniones opuestas en torno a esta cuestión. Las posiciones a favor de que los bebés duerman en la misma cama que sus padres plantean como principal ventaja el hecho de que esta práctica favorece la lactancia materna, como así también una mejor calidad del sueño para el niño y un fortalecimiento de los vínculos afectivos entre padres y niños, lo que en su conjunto constituiría un ambiente adecuado y saludable para el desarrollo óptimo e integral del bebé.

Por el contrario, los detractores de esta práctica postulan que el colecho multiplica hasta por cinco las probabilidades de que el bebé padezca el síndrome de muerte súbita del lactante si es llevado a cabo antes de los tres meses de vida del niño, incluso aunque no existan otros factores de riesgo. También que atenta contra la intimidad de la pareja, que perjudica la futura independencia del niño y que es mejor que duerma en un espacio reducido, como un moisés o una cuna, que ofrecen mayor seguridad ante posibles caídas o asfixias con las mantas o los cuerpos de sus padres.

Sin embargo, como el colecho favorece el mantenimiento de la lactancia materna y a su vez ésta tiene un efecto protector frente a la muerte súbita, no se contraindica esta práctica, si bien no se recomienda ante ciertas circunstancias: lactantes menores de tres meses, prematuridad o bajo peso al nacer, padres que consumen tabaco, alcohol o drogas, situaciones de mucho cansancio (como el inmediato posparto), sobre superficies blandas o no apropiadas (sillones, sofás, etc.) o camas compartidas con otras personas.

Debido a todas estas cuestiones, se postula que, una vez que manejan toda esta información y tomando todos los recaudos necesarios, la decisión sobre la práctica del colecho debe ser de los padres. Ahora bien, al optar por el colecho, surge luego otra cuestión: ¿hasta cuándo practicarlo? Ahí comienza otro debate. Sobre este punto tampoco existe un consenso generalizado.

Más allá de algunas opiniones puntuales, la mayoría de expertos en el tema coinciden en que no hay un momento específico que se pueda indicar para todos los casos. No es algo que dependa de la edad del niño ni de otros hechos puntuales, como el final de la lactancia o de los despertares nocturnos, sino con una suma de elementos en cada situación particular.

El sueño es un proceso evolutivo, en el que están implicados factores fisiológicos, emocionales, sociales y culturales, y conviene tener en cuenta todos estos aspectos al momento de tomar la decisión. Hay que considerar, por ejemplo, que la capacidad de entender y expresarse a través del lenguaje hará más fácil que el niño comience a dormir solo. Es posible dejar de colechar de un modo natural, cuando el propio niño manifiesta su deseo de empezar a dormir en su propio cuarto.

Y también se puede optar por acabar con el colecho de un modo respetuoso, cuando la madre, el padre o ambos miembros de la pareja lo consideren necesario para el niño o para ellos mismos. Así como la decisión de colechar tiene que ser una decisión familiar, modificar esa situación debe serlo también y por lo tanto es necesario respetar los deseos de todos. 

¿Cómo procurar un final respetuoso del colecho? En primer lugar, hay que hablar con el niño e informarle de la decisión. Si es posible, es bueno que participe en la preparación de su propio cuarto y hacerlo de forma gradual. Se puede comenzar con las siestas del pequeño, para luego implementarlo en el sueño nocturno.

Hay que cambiar el lugar pero no la rutina, y si el niño se dormía con la compañía de alguno de sus padres, canciones, un cuento, etc., eso no tiene por qué modificarse. También hay que estar abiertos a la posibilidad de equivocarse, ya que podemos creer que es el momento justo, pero cuando lo llevamos a la práctica no resulta. El niño puede comenzar a sufrir despertares nocturnos, llorar mucho, tener pesadillas o angustiarse. En ese caso, quizá sea conveniente revisar la decisión y reprogramarla para más adelante.

En definitiva, para que el colecho realmente sea beneficioso para todos, debe practicarse de manera natural y consensuada por ambos padres. No puede ser utilizada esta práctica como recurso desesperado para que el niño duerma ni a disgusto de uno de los integrantes de la pareja, ni tampoco puede ser realizada como una manera de compensar una necesidad del adulto.

Si uno decide llevar a cabo el colecho, definitivamente debe realizarlo de una manera responsable. Entre las precauciones encontramos el no dormir en un colchón demasiado suave, evitar el uso de un acolchado pesado, no compartir la cama con el niño si eres fumador, tienes demasiado sobrepeso o consumes drogas, y  no cubrir la cabeza del bebé mientras él duerme.

El colecho no debería extenderse más allá de los cinco o seis años del niño de acuerdo a varios profesionales. Si esta práctica no los convence, se puede recurrir a algo intermedio como compartir la misma habitación pero el bebé en su cuna y el o los padres en su cama. Es un tema muy personal, pero si se decide practicarlo debe ser por las razones correctas y que sea lo mejor para el pequeño, sin acarrear inconvenientes en la pareja.




Escrito y confeccionado por el Psicólogo Gastón Fernández Montani, de la LINEA 102 “Teléfono del Niño”, de la Dirección de Políticas del Centro de Fortalecimiento Social de la Municipalidad de Concordia

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