Interés General

13 de Abril de 2019 - Nota vista 332 veces

En un nuevo aniversario de la muerte del General Urquiza

Palabras del presidente de la Asociación “Justo José de Urquiza”, en el acto de entrega y bendición de una bandera nacional al RC6 Blandengues Concordia

En primer lugar agradecer al Regimiento en la persona de sus autoridades el teniente coronel Antuña, y resto de la oficialidad y personal, su hospitalidad, al Sr. Párroco castrense su bendición de la bandera donada por nuestra Asociación, así como las palabras pronuciadas.

Coincide este acto con un nuevo aniversario de la muerte trágica del más grande de los entrerrianos: el capitán general y gobernador legal de la Provincia, Justo José de Urquiza, asesinado en su residencia del Palacio San José en el inicio de la Semana Santa de 1870. Viene bien entonces compartir con uds. algunas breves reflexiones.

LA PRIMERA “GRIETA”

Sabemos que cuando, a partir de 1810, se inicia el proceso de nuestra emancipación de España, los criollos no se ponen de acuerdo respecto a la forma que ha de asumir el nuevo Estado. Un sector dirigente de la ilustrada clase porteña, que promovió las históricas jornadas de Mayo, sostiene que, desaparecido el Rey de España, el pueblo reasume el poder. Pero como el pueblo no puede ejercerlo directamente ese papel lo tiene que asumir, al menos provisoriamente, la dirigencia revolucionaria porteña en su carácter de “hermana mayor”. Para otros, ese poder se trasmite a todos los pueblos, tanto a Buenos Aires como a las provincias del interior.

Simplificando un poco se les llama a los primeros “unitarios” y a los otros “federales”. Con esa incapacidad de los argentinos para el diálogo y el consenso ambos bandos no se ponen de acuerdo y comienza una larga y sangrienta era de guerras civiles. Se genera lo que hoy, con lenguaje moderno llamaríamos la primera “grieta” en la sociedad argentina. La anarquía y el caos que originan las guerras, traen un deseo de una mano fuerte que imponga orden. A la anarquía, entonces, naturalmente, sigue pues la dictadura. Todo este proceso insume cerca de medio siglo. Hacia 1850 todavía éramos un conglomerado sin organicidad.

LA REVOLUCION CONSTITUCIONAL

Es en ese contexto que aparece al figura de Justo José de Urquiza, gobernador de Entre Ríos y jefe militar y civil, que se pone al frente de una poderosa coalición de fuerzas tendiente a dar al país una organización constitucional.

Cuando en mayo de 1851, emite su célebre “Pronunciamiento” contra la dictadura de Juan Manuel de Rosas, todos los gobernadores, es decir los jefes de provincia “federales”, salvo el de Corrientes, se le ponen en contra. En duros documentos lo acusan de las peores cosas que se le puede decir a un hombre.

NI VENCEDORES NI VENCIDOS

Pero, producido el triunfo de Caseros , y la fuga de Rosas, Urquiza proclama “ni vencedores ni vencidos”, tiende la mano a los enemigos de ayer, invita a los gobernadores, hasta entonces sostén de Rosas a reunirse en San Nicolás, donde se firma el histórico Acuerdo, que da origen a la Convención Constituyente de Santa Fe, que dicta la Constitución de 1853.

LOS “LIBERALES” REBELDES

Entonces son los unitarios, ahora llamados “liberales”, quienes dicen “no”. No aceptan entregar sus jugosas rentas de aduana (el principal ingreso económico), y separan a la Provincia de Buenos Aires del resto. Así han de mantenerse cerca de diez años. La “grieta” parece definitiva.

CEPEDA Y PAVÓN

Al frente del Ejército de la Confederación Urquiza derrota militarmente las fuerzas porteñas en Cepeda. Pero él no quiere incorporar Buenos Aires por la fuerza: los invita a negociar “hay lugar para muchas estrellas pero no puede eclipsarse una sola”. En un nuevo enfrentamiento, ahora en Pavón, pudiendo ganar la batalla, prefiere retirar sus fuerzas y acordar con Bartolomé Mitre, jefe porteño, la vigencia de la Consitución federal: que las rentas de Aduana pertenezcan a la Nación y que Buenos Aires se haga cargo de las deudas del Estado nacional y, también, que se garantice la autonomía de Entre Ríos.

LA REBELION “FEDERAL”

Y ahora son los “federales” los que no aceptan: consideran a Urquiza un desertor que ha traicionado los ideales “federalistas” abandonando las provincias a su suerte. La visita a San José del presidente Sarmiento, es la chispa detonante de la rebelión.

Durante el Acuerdo de San Nicolás, Sarmiento, vocero entonces del sector “liberal”, atacó a Urquiza por pactar “con los caudillos brutos y semibárbaros”. Se formó en Buenos Aires una logia “unitaria” -los Juan Juanes- con el propósito de asesinar al jefe entrerriano.

Ahora, un grupo de jinetes en nombre de ideales que ellos creen “federalistas”, irrumpe en San José el 11 de abril de 1870, al grito de “muera el traidor vendido a los porteños” y asesinan al general Urquiza.

La rebelión que encabeza López Jordán no tiene perspectivas y fracasa no sin antes dejar su secuela de odio, muertes, ruina y atraso.

Incomprendido sucesivamente por unos y otros, la perspectiva del tiempo demuestra que Urquiza tuvo razón.

Mal o bien, y al precio del sacrificio de su vida, don Justo José consiguió cerrar la grieta que en buena parte del siglo 19 dividió a los argentinos.

Se salvó la unidad nacional, la organización institucional del Estado, superando la vieja división de unitarios y federales.

Al empezar el siglo veinte éramos el pais más avanzado de Sudamérica y la sexta economía mundial.

REABRIENDO LAS GRIETAS

Por distintas causas que no es el caso de recordar aquí, los argentinos nos apartamos del rumbo trazado. Volvimos a las divisiones, a la falta de respeto a la ley, a los odios entre hermanos. En suma, a la decadencia que habíamos logrado superar.

Hay una cita de la Biblia (Mateo 12.25) “Un reino donde hay luchas internas va a la ruina, Una familia dividida no puede subsistir”. Es lo que comprendió, y llevó a la práctica Urquiza, al precio de su vida. Mensaje que los argentinos de hoy debemos recoger y hacer realidad para las generaciones futuras.

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