Salud

13 de Abril de 2019 - Nota vista 234 veces

Entre lo interno y lo externo

Pocas personas tienen acceso al genuino interior de otras. A veces ni uno mismo es capaz de lograrlo en su totalidad. La trama interna está atravesada por las frondosas huellas que tallaron los afectos familiares, presentes desde antes del nacimiento, sumado a los aprendizajes de las experiencias de vida, que transitaron barrios, escuelas, trabajos, matizados con amistad, amores y decepciones. Todas son inscripciones imborrables. Se acumulan de tal manera que resultan invisibles o parecen ausentes. Sin embargo los archivos mnémicos y emocionales, se han guardados. Todos.

Desde las simples, gratas y placenteras vivencias hasta las penosas o traumáticas, quedan en archivos intactos, aun cuando no sepamos de ellas o no tengamos señales de su existencia. Este cúmulo de registros, espera la ocasión para mostrarse y emerger, generalmente sin autorización de la conciencia.

Esto es así porque el material de emociones y experiencias se archivan en las capas inconscientes del psiquismo, quien se ocupa de seleccionar aquello ligado al placer o a las circunstancias penosas. Lo hace a cada momento desde el nacimiento.

El Psicoanálisis centra su teoría en el amplio y profundo concepto del Inconsciente. Básicamente nos dice que es una instancia a la cual la conciencia no tiene acceso, sin embargo se revela en una serie de formaciones tales como, los sueños, los lapsus, los chistes, los actos fallidos y también en los síntomas. Lo que equivale a decir que lo inconsciente nunca solicita autorización para expresarse. Pero lo hace.

Conviene aclarar que para su comprensión, requiere estrictamente del abordaje terapéutico psicoanalítico, donde cada sesión se rige por una de las reglas esenciales del tratamiento, que es la asociación libre. La asociación libre es el método descripto por Sigmund Freud como la “regla fundamental” que consiste en que el analizado exprese, durante las sesiones del tratamiento, todas sus ocurrencias, ideas, imágenes, emociones, pensamientos, recuerdos o sentimientos, tal cual como se le presentan, sin ningún tipo de selección, ni estructuración del discurso, sin restricción ni filtro, aun cuando el material le parezca incoherente, impúdico, impertinente o desprovisto de interés.

Esto es el valioso material, junto a los lapsus, sueños, etc. que permite llegar a los planos inconscientes a través de la interpretación, el cual se origina en una obra de Freud, llamada “La interpretación de los sueños”, que dio origen al análisis de los sueños, actividad que su creador denominó, la vía regia hacia el conocimiento de lo inconsciente dentro de la vida anímica. ​

Como todos podemos reconocer en los propios sueños, estos se presentan de extraña manera, no son lineales y condensan imágenes borrosas o situaciones confusas. No siempre recordamos, pero al hacerlo y contarlo, descubrimos que no poseen argumentos lógicos, y sus personajes o entramado son tan sorprendentes que resultan difíciles de explicar, aunque lo intentamos, y con ello procuramos elaborarlos.

Una vez descifrado en el tratamiento, el sueño no aparece ya como una narración formada por imágenes, sino como una organización de pensamientos y discurso que expresa uno o varios deseos. ​

El acontecer psíquico, presenta otras características: es un lugar donde también habitan las contradicciones, las dudas o las ambigüedades. Todo esto se lleva muy mal con la lógica que la vida exige. Esta lógica es patrimonio de lo externo y en ocasiones, colisiona con lo interno. La lógica sigue el libreto que impone la cultura, que desde la escuela primaria exige certezas, no equivocarse, ser correctos, cumplir con lo ordenado y establecido.

Son atributos necesarios para la organización social, que no admite el caos que provocaría que cada cual haga lo que quiere. Por esta razón emergieron las reglas administrativas, jurídicas, sociales que establecen el conocido deber ser de las cosas. Son un conjunto de restricciones al deseo individual, que para sus logros, este debe ser reprimido. Es así como la cultura doblega la naturaleza.

Por supuesto que las personas que se ajustan de manera extrema a las normativas y reglas impuestas por la cultura, y que han postergado sus íntimos deseos, tarde o temprano ingresaran en zona de conflictos. Las crisis personales muchas veces dan cuenta de este enfrentamiento entre lo establecido por los deberes (lo externo) y lo querido o deseado (interno), que responde a otro orden.

Con el transcurrir de los años, la vida de las personas adquiere la necesaria sabiduría para administrar de manera adecuada los impulsos o enojos, lo cual permite un intercambio más armónico entre las demandas que surgen desde el exterior o interior. Los tiempos de corridas y apresuramientos juveniles o jóvenes adultos, ceden ante el cúmulo de experiencias que ya incluyen pérdidas de seres queridos, decepciones, logros materiales y emocionales, a lo que se suma el advenimiento de hijos o nietos, los que definitivamente, contribuyen de manera sólida a distinguir aquello que diferencia lo importante de la urgencia efímera.

Sin que se limiten los proyectos y entusiasmos por cambios y mejoras, la madurez le otorga a la psicología de las personas, un funcionamiento con mayor reconocimiento de las propias capacidades y debilidades, incidiendo esta condición, en decisiones y elecciones más cercanas a las posibilidades reales de cada uno. Al contar con abundancia de experiencia, deja pasar lo que antes enojaba, y puede reposar en aquellas situaciones que desconsideraba en el pasado. Estamos en presencia de un mayor equilibrio psíquico que sopesa los estímulos externos o internos, y da respuesta adecuada a los mismos. La impulsividad encuentra territorio menos reactivo y la paciencia, es decir, la invalorable capacidad de esperar, florece de tal manera, que casi se instala definitivamente.

En estas condiciones de saludables balanceos, los hombres y mujeres, independientemente de la edad, logran una mayor condición de salud mental, que va unida a la vivencia de satisfacción, plenitud y un abanico de deseos alcanzables.

Estas consideraciones descritas, se reflejan en el poema “Soneto” de Francisco Luis Bernardez, que si bien le escribe al amor, bien puede extenderse la poesía, al amor por la vida:

“…Porque después de todo he comprobado que no se goza bien de lo gozado sino después de haberlo padecido.

Porque después de todo he comprendido por lo que el árbol tiene de florido vive de lo que tiene sepultado”.

Lic. Mario Sarli

Psicólogo

psicosarli@gmail.com

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