Ciencia

12 de Abril de 2019 - Nota vista 998 veces

Scott Kelly rejuveneció en el espacio y envejeció al volver

Un gran estudio que examina los efectos de los vuelos espaciales prolongados ha descubierto intrigantes cambios en los telómeros del astronauta.

La NASA publica en la revista «Science» un estudio pionero llamado «Twins Study» (Estudio de gemelos) que analiza los efectos sobre la salud de los vuelos espaciales prolongados. El informe compara las pruebas realizadas a Scott Kelly, astronauta de la NASA ahora retirado que pasó prácticamente un año entero a bordo de la Estación Espacial Internacional (ISS), con las de su gemelo idéntico Mark, también astronauta, quien se quedó en tierra. Entre los cambios fisiológicos que sufrió Scott durante su misión en la plataforma, en condiciones de falta de gravedad, una mayor radiación y confinamiento, hubo uno que ha llamado especialmente la atención de los científicos. Sus telómeros, las «tapas» protectoras en los extremos de los cromosomas y un importante biomarcador del envejecimiento, sufrieron unos cambios llamativos. Mientras estaba en el espacio, se alargaron, una señal de rejuvenecimiento, pero cuando regresó no solo volvieron a acortarse sino que lo hicieron aún más que antes. Si alguien pensaba que viajar al espacio supondría vivir como el protagonista de «El curioso caso de Benjamin Button» mejor que no compre el billete de vuelta.

Susan Bailey, investigadora de la Universidad Estatal de Colorado, reconoce que se llevó una gran sorpresa cuando en los resultados preliminares del estudio dados a conocer en 2017 descubrió que los telómeros en los glóbulos blancos de Scott se alargaron mientras estaba allá arriba. Era exactamente lo contrario a lo que ella pensaba que iba a ocurrir. Pero el astronauta no regresó más joven que su hermano. Una vez en casa, la mayoría de los telómeros recuperaron el tamaño de antes del vuelo y ahora Scott tiene más telómeros cortos que los que tenía antes de empezar la misión de 340 días en 2015.

Envejecimiento acelerado

Según Bailey, esto supone «un riesgo de envejecimiento acelerado», al tiempo que «incrementa el riesgo de sufrir enfermedades de la edad, como problemas cardiovasculares y algunos tipos de cáncer». Ahora, los investigadores tratan de averiguar la causa específica del vuelo espacial que provoca estos cambios. «Todos nos preocupamos por envejecer y queremos evitar las enfermedades que conlleva. Si sabemos qué cambia los telómeros, quizás podamos ralentizarlo», dice la investigadora.

El informe involucra a doce universidades, diez estudios independientes y 80 investigadores que recolectaron y analizaron muestras, datos fisiológicos y mediciones cognitivas de los hermanos antes, durante y después de la misión espacial, en un período de 27 meses. Los viales de sangre y otras muestras de Scott eran recogidos por cohetes Soyuz y procesados en menos de 48 horas. Una de las preguntas principales de los científicos consistía en si una estancia tan prolongada en el espacio podría modificar el ADN del astronauta, una cuestión clave para futuras misiones espaciales como un viaje a Marte en la década de 2030. La buena noticia es que en términos generales esto no ocurrió, pero los investigadores sí observaron cambios en la expresión de los genes, que es la respuesta del organismo al medio ambiente y el proceso por el cual nuestras células reciben las instrucciones para fabricar valiosos componentes como las proteínas.

«La expresión génica cambió dramáticamente», dice Christopher Mason, profesor de fisiología y biofísica en Weill Cornell Medicine. «En los últimos seis meses de la misión, hubo seis veces más cambios en la expresión genética que en la primera mitad». Si bien muchos de ellos se revirtieron después de que Scott regresara a la Tierra, el 7% persistieron después de seis meses en la Tierra, incluidos déficits cognitivos, daños en el ADN y algunos cambios en la activación de las células T. «Todavía no sabemos si estos cambios son buenos o malos», dice Mason. «Esto podría ser simplemente la forma en que el cuerpo responde, pero los genes están perturbados, por lo que queremos ver por qué y rastrearlos para ver por cuánto tiempo».

Microbioma

Por otro lado, la investigación también encontró que el vuelo espacial afecta al microbioma, la compleja comunidad de microorganismos incluidos virus, hongos y bacterias, que vive en nuestro tracto digestivo. Scott experimentó un cambio en la proporción de dos categorías principales de bacterias, aunque la diversidad de las mismas se mantuvo estable o no varió más que lo que ocurre en la Tierra bajo condiciones de estrés. Según los investigadores de la Northwestern University, quienes han dirigido esta parte del estudio, la salud intestinal es importante ya que afecta a la digestión, al metabolismo y a la inmunidad. Además, las alteraciones en el microbioma también han sido relacionadas recientemente con afecciones en los huesos, los músculos y el cerebro. Incluso hay estudios que lo relacionan con el alzhéimer, el parkinson, el autismo y la esquizofrenia. Los hallazgos podrían ayudar a los médicos e investigadores a identificar formas de proteger los microbiomas de los astronautas y futuros turistas espaciales, por ejemplo, utilizando probióticos. «No podemos enviar humanos a Marte sin saber cómo el vuelo espacial afecta al cuerpo, incluidos los microbios que viajarán con ellos», explica Fred W. Turek, de la Northwestern, quien considera, a falta de nuevos trabajos, que puede ser la microgravedad la causante de los cambios en las tripas de Scott.

Agudeza visual

Otras conclusiones indican que la vacuna contra la gripe funcionó exactamente igual que en la Tierra, un descenso en la masa corporal del astronauta y la detección de un aumento del ácido fólico, vital para la creación de glóbulos rojos, gracias a la nutrición y el ejercicio. Los científicos también encontraron que la forma del globo ocular de Scott cambió a lo largo del vuelo, incluido un nervio retiniano más grueso y pliegues en la capa coroidea que rodea el ojo. Estos cambios afectan a la agudeza visual y han ocurrido en otros astronautas masculinos, pero no en mujeres. Los científicos también observaron reducciones en las capacidades cognitivas y mayores niveles de estrés en Scott durante el vuelo. Sin embargo, muchos de estos resultados pueden no atribuirse al vuelo espacial, por lo que nuevos estudios con más astronatuas son necesarios.

                                                                                                                                                                   Los resultados tienen importantes implicaciones para la exploración del espacio en los años venideros. En general, según la NASA, «dado que la mayoría de las variables biológicas se mantuvieron estables, o volvieron a la línea de base, estos datos sugieren que la salud humana se puede mantener durante los vuelos espaciales». Una misión típica en la ISS dura unos seis meses, pero una al Planeta rojo implicaría de dos a tres años, lo que supondrá un desafío mucho mayor.


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