Opinión

Ser humanos - 6 de Abril de 2019 - Nota vista 630 veces

Subestimar…

Un hombre que era considerado muy erudito por todos, un día debía cruzar un río. Cargaba con él varios atados de libros, así que contrató, para el cruce, a un canoero de la zona, que solía ganarse la vida haciendo entre trayecto de orilla a orilla, una y otra vez. Durante el cruce, viendo la mirada curiosa del barquero sobre su carga, le preguntó si sabía leer y escribir. El pobre hombre contestó negativamente.

Con un gesto de desprecio, el pasajero le dijo: “¡Ay, pobre hombre, qué será de ti!”.

De repente se levantó un fuerte viento que comenzó a zarandear el bote, amenazando con volcarlo. El canoero le preguntó al erudito si sabía nadar, a lo que el hombre instruido le respondió que no, lleno de miedo.

El canoero lo miró por encima del hombro y sin girarse le dijo: “Ay, pobre hombre, qué será de ti!”.

(Jorge Bucay)

SUBESTIMAR AL OTRO

El verbo “estimar” implica “dar valor” a una cosa o persona, reconocer el mérito que tiene; y cuando le anteponemos el prefijo “sub” que indica “inferior”, “por debajo de”, estamos hablando de atribuir menos valor a esa cosa o persona a la cual nos referimos; es un concepto negativo que tiende a minimizar su valor.

Cuando subestimamos a una persona, no valoramos sus capacidades, sus talentos, sus aptitudes y le quitamos importancia a su merecimiento. Al subestimar, esperamos menos de lo que esa persona puede dar, despreciamos su potencial, comparamos, marcamos una diferencia y la ubicamos en diferente nivel; el subestimado es el que tiene menos competencias o habilidades, según el que subestima.

Muchas veces, para destacarse, para sobresalir o hacerse valer, ciertas personas se sienten superiores y tienen la tendencia de desvalorizar a los demás.

¿Cuántas veces no dejamos que el otro haga una tarea, un mandado, un trámite porque no confiamos en sus capacidades y entonces, decidimos hacerlo nosotros mismos? ¿O tal vez le damos las tareas más sencillas minimizando sus destrezas?

¿Cuántas veces subestimamos al otro por su edad, su género, su apariencia, su clase social, por su discapacidad física o incluso, su personalidad?

SUBESTIMACION PROPIA

En este punto debemos resaltar la conexión con la autoestima. Una persona que se sub-estima es aquella que no se da, a sí misma, el valor que merece; por ejemplo, no sabe aceptar cumplidos, elogios, halagos, le cuesta recibir abrazos, palabras de afecto o de valoración porque siente que no lo merece; y seguramente se focaliza más en sus defectos o debilidades que en sus fortalezas o talentos.

La persona con baja estima no se permite pensar en sí misma, en su cuidado y gratificación; se inclina en complacer a todos, creyendo que los demás son más importantes y merecen mayor atención que sí misma, y por tanto relega sus sueños, sus intereses y hasta su propio bienestar.

Y en este punto, es necesario estar atentos: porque muchas de las personas que tienen el hábito de subestimar al otro, tienen baja estima con sí mismas, no se valoran; y la subestimación es una respuesta a su malestar interno.

“La gente con alma pequeña siempre trata de empequeñecer a los demás”

 (Carlos Ruiz Zafón)

ABRIRSE A CONOCER… Y CONOCERNOS

En el primer contacto con una persona, generalmente, hacemos una hipótesis sobre cómo es y nos creamos la primera impresión, ésta es una acción totalmente humana y lo hacemos con frecuencia, hasta en forma involuntaria; y no necesariamente es negativa o causa daño.

El problema nace cuando juzgamos a alguien antes de tiempo y no damos la oportunidad de conocerlo de verdad, de profundizar, y nos quedamos con esa primera imagen superficial, nos encerramos en ese paquete, y actuamos desde allí sin darnos la oportunidad de conocer, tal vez, a gente muy interesante.

Ralph Emerson decía: “Todo hombre que conozco es superior a mí en un sentido. En ese sentido aprendo de él”.

Asimismo, necesitamos darnos espacio y tiempo para el trabajo en nuestra propia estima (autoestima), y permitir el conocimiento de uno mismo, descubrir nuestras debilidades para transformarlas y nuestras fortalezas para potenciarlas. Nadie nos valorará si primero no nos valoramos a nosotros mismos.

Por eso: no te subestimes, no dejes que te subestimen y no subestimes a los demás… recuerda que, eres grande en algún sentido, que tienes un talento propio, único que necesitas valorarlo y expresarlo para tu mayor plenitud; … y recuerda también que, allá afuera, hay personas maravillosas que pueden hacer lo que nunca has imaginado o que te pueden aportar aquello que justo necesitas en este momento. 


María Inés Francisconi

Desarrollo humano

Abogada mediadora

Coach Ontológico

Contacto: Ine.francisconi@gmail.com

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