Opinión

RAÚL ALFONSÍN Y LOS DERECHOS HUMANOS - 1 de Abril de 2019 - Nota vista 697 veces

En un nuevo aniversario del fallecimiento del “Padre de la Democracia”

Producido el golpe militar del 24 de marzo de 1976, ante la prohibición de actividades políticas impuesta por la dictadura, un grupo de personas de Concordia, provenientes de distintas vertientes políticas, buscamos canalizar nuestras inquietudes a través de un Centro de Estudios que, bajo apariencia cultural, hallara resquicios para el debate político.
Dr. RAÚL ALFONSÍN, disertando en Hotel Salto Grande, junio de 1980. Presentador: Dr. Carlos García. Entonces Presidente Juventud Radical de Concordia.

Así nació el CENTRO DE ESTUDIOS de la REALIDAD ARGENTINA (C.E.R.A.)

 

En las difíciles condiciones en que debíamos movernos, realizamos una serie de actividades en tal sentido, una de ellas la disertación de distintos actores de la vida nacional de entonces.

 

Tales como Humberto Volando presidente de la Federación Agraria Argentina (FAA);  el dirigente radical Dr. Carlos H. Perette, el presidente del PI Dr. Oscar Alende, el dirigente democristiano Dr. Frugoni Rey, el experto en temas energéticos Dr., Silenzi de Stagni entre otros.

Finalmente culminamos con la presencia en Concordia, en 1980, plena dictadura,  del futuro primer presidente de la democracia Dr. RAUL ALFONSIN.

 

¿DUROS Y BLANDOS?

Recuerdo que una constante de las conversaciones mantenidas con nuestros invitados al tratar de los hechos terribles que ocurrían en esos tiempos era, que, con matices, casi todos coincidían en una teoría: los secuestros, desapariciones, muertes violentas, que teníamos, por distintas vías informales conocimiento,  eran obra de grupos parapoliciales o paramilitares.

 

“Células locas” se les llamaba, actuando con relativa autonomía,  apoyadas por los sectores duros de las fuerzas armadas (se mencionaba a los generales Menéndez, Suárez Mason, Saint Jean).

 

Enfrentados con las fracciones “blandas” del Ejército, (Videla y Viola), que querían terminar con tales prácticas al margen de la ley y recuperar para el Estado el monopolio de la Fuerza y el Derecho.

 

La estrategia a seguir, obviamente, entonces: apoyar y respaldar a los “blandos” para que los otros no se adueñasen del poder e impusieran una dictadura tipo Pinochet que anulara por muchos años las posibilidades de una vuelta a la democracia.

 

Con las diferencias de enfoque lógicas, tal teoría era sostenida por gran parte del arco político. Desde la derecha conservadora,  al Partido Comunista.

Alfonsín fue la voz disidente.

 

LA TERRIBLE REALIDAD

En forma sencilla, pero elocuente, recuerdo, nos explicó lo incorrecto de tales apreciaciones: según información que manejaba se trataba de un plan orquestado desde las altas esferas del poder cívico militar.

 

Incluso gestado y puesto en práctica desde antes de la toma del gobierno por las Fuerzas Armadas.

 

Más propiamente, desde el interinato presidencial de Ítalo Luder por licencia de Isabel Perón.  

 

Oportunidad en que el general Videla,  entonces Comandante del Ejército, le llevó  al presidente interino un proyecto para “aniquilar la subversión”, en un plazo no mayor de dos años,  utilizando métodos “no convencionales”.

 

CONFESION CORROBORANTE

Impresiona la lucidez del análisis del Dr. Alfonsín, discordante con el pensamiento casi general de los políticos importantes de la época.

Siniestra realidad que, aunque pareciera, increíble por entonces, resultaría, años más tarde,  confirmada por el propio Videla en una  entrevista en la cárcel con el periodista Ceferino Reato:

 

“No había otra solución -dice Videla- estábamos de acuerdo que era el precio a pagar para ganar la guerra. Y necesitábamos que no fuera evidente,  para que la sociedad no se diera cuenta. Había que eliminar un conjunto grande de personas que no podían ser llevadas a juicio ni tampoco fusiladas, el dilema era cómo hacerlo para que a la sociedad le pasara desapercibido. La solución fue sutil  la desaparición de personas que creaba una situación ambigua en la gente: no estaban no se sabía qué había pasado con ellos, yo los definí  como una “entelequia” (declaración de Jorge R. Videla al periodista  Ceferino Reato en el libro  “Disposición Final”, Ed. Sudamericana, B. Aires 2016, pág. 73/74).

 

Incluso el jefe golpista y presidente de facto admitía que sus objetivos no eran sólo, como se decía, la “lucha contra la subversión”.

 

Según sus propias  palabras, se buscaba:

 

“Disciplinar una sociedad anarquizada, volverla a sus cauces naturales. Con respecto al peronismo,  salir del populismo demagógico, ir a una economía de mercado liberal. Queríamos disciplinar al sindicalismo y al capitalismo prebendario” (REATO, op. cit. pág. 185).

 

LUCIDEZ Y COHERENCIA

 

Años más tarde, ya en retirada la dictadura, lanzado Raúl Alfonsín de lleno, en la campaña presidencial, volvimos a mantener una conversación, ahora más amplia sobre el tema:

 

¿Qué hacer con la violación de derechos humanos en el gobierno militar?

 

El candidato del Partido Justicialista Ítalo Luder propiciaba admitir como un hecho válido la “autoamnistía” dictada por los militares.

Quienes votaron esa fórmula -cerca de seis millones de personas- estaban de acuerdo con cerrar la cuestión y no se investigara ni se juzgara a nadie.

 

Alfonsín, por el contrario , sostenía:

 

“Las amnistías del pasado han sido un fracaso. No hay que actuar con espíritu de revancha, pero tampoco cerrar los ojos como si no hubiera pasado nada” ¿Entonces? “Que actúe la Justicia: investigación a fondo, juicios rápidos, no más de tres años,  y fijar niveles de responsabilidad: como se trató de un plan criminal, máximas penas a los de arriba. Menor responsabilidad a los de abajo que incluso pueden quedar libres de penas, salvo que cometieran hechos aberrantes”.

 

PALABRA CUMPLIDA

Aún el crítico más duro tiene que reconocer que el primer  Presidente de la Democracia cumplió a rajatabla: “Investigación a fondo” fue crear la CONADEP  (Comisión Nacional de Desaparición de Personas), sacarla del ámbito político partidista e integrarla con ciudadanos y ciudadanas  de reconocida solvencia y probados antecedentes éticos (Ernesto Sábato, Magdalena Ruiz Guiñazú, René Favaloro, Graciela Fernández Meijide).

 

Que realizó en poco tiempo la más formidable investigación sobre la desaparición forzada de personas, entregando su informe condensado en el libro Nunca Más donde se constatan 7,380 casos comprobados (cerca de mil son anteriores al gobierno militar).

 

Posteriormente se agregaron otras denuncias, con las que el número final de personas secuestradas y desaparecidas forzosamente en Argentina, ronda los 8.000. (7.954 es el listado que aparece en la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación).

 

“Actuación de la Justicia” , fue el juicio a las Juntas Militares, iniciado a pocos días de instalado el gobierno democrático. Y que terminó con duras condenas a los dictadores de las tres Juntas Militares que usurparon el poder entre 1976 y 1983.

 

Finalmente “juicios rápidos” y “nivel de responsabilidades”, fueron las leyes de Punto Final dictada por el Congreso, en 1986 y la de Obediencia Debida en 1987.   

La primera, buscaba dar término,  después de tres años de democracia,  a los juicios por delitos graves de la dictadura y el período inmediato anterior.

La segunda, fijar la mayor responsabilidad en las cúpulas militares e ir atenuándolas a medida que se descendiera en la cadena de mandos.

Pueden discutirse hasta lo eterno las deficiencias técnicas de uno y otro instrumento.

Lo que no puede desconocerse es que con ellas el Presidente Alfonsín daba cumplimiento a su promesa cien veces expuesta en tribunas públicas, declaraciones y conferencias a lo largo de su incansable periplo a lo ancho y largo del país.

Una de las cuales fue, sin duda la que, premonitoriamente,  desafiando prohibiciones, hostilidades y hasta agresiones más o menos veladas o abiertas, pronunció en el Salón de un céntrico hotel de Concordia, en junio de 1980 quien puede considerarse, en justicia, el mayor adalid de los Derechos Humanos en la Argentina.

Dr. Bernardo

Salduna

Concordia. 

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