Opinión

LAS ANTIGUAS FARMACIAS DE CONCORDIA DESDE 1859 - 30 de Marzo de 2019 - Nota vista 1933 veces

La Farmacia Concordia

Esta farmacia fue fundada por Don Jacobo Pitashny en 1935 en la calle San Martín esquina Sarmiento (Tucumán en ese tiempo) aunque su ubicación cambió, ya que en sus comienzos estaba en la vereda de enfrente, donde antiguamente estaba el local de apuestas del Jockey Club, luego fue “El duende” de venta de colchones, estando actualmente desocupado.

El cambio de la farmacia a su nuevo local se realiza en 1939, a una propiedad que era de Sucesores de Gumersindo Villanueva, siendo el constructor el Sr. Luis Fonseca.

El Sr. Pitashny compra el local de la farmacia y la casa de calle San Martín 104 contigua al local comercial.

Conocí al Sr. Jacobo Pitashny siendo niño ya que yo vivía a media cuadra de la farmacia, por calle Sarmiento y lo recuerdo perfectamente, igual que a su señora y a su hija; además su hermano José, dueño de la Tienda Buenos Aires en Entre Ríos y A. del Valle vivía al lado de mi casa.

El Sr. Pitashny no era farmacéutico. Su regente era la Sra. Águeda Turco Vesta de Caputo y lo fue durante muchos años, incluso después que la vendió.

Siendo ya propietario el Sr. Jacobo Pitashny, en 1942 hace construir un amplio sótano obra que realiza el Constructor Ciliberto.

Este terreno fue originalmente un lote de los deno- minados “fundacionales” ya que se otorgaban a los primeros pobladores de la Villa de la Concordia en carácter gratuito o de “merced” como se denominaban.

Este título de propiedad fue otorgado a Fermín Antonio Duque en calidad de “merced” era un hombre de raza negra en razón de exponer ante el Juez de Paz que “habiendo poblado y cercado el terreno baldío” se le otorgue el derecho de propiedad. El documento está fechado el 23 de abril de 1855 o sea a solo 23 años de la fundación de la ciudad. El encabezado del documento dice “Viva la Confederación Argentina” en papel sellado de 4 reales para los años 1853 y 1854

La presencia de la Farmacia Concordia en un ámbito que ya he señalado con anterioridad, en lo referido a las placenteras costumbres y prácticas comerciales muy tradicionales, pero que hoy serían calificadas de arcaicas ya que había un fuerte movimiento de ventas en cuenta corriente, con grandes atrasos en la cancelación de esas cuentas. Era muy común surtir a las familias y a sus empleados y cobrar cuando se vendía la lana o la cosecha, pero en general, todo el comercio funcionaba así.

El cobro era seguro, pero había que esperar. Enviar un cobrador era de mal gusto y hasta se podía ofender el cliente y perderlo como tal.

Pero también los plazos de compra eran generosos, lo que le permitía a las farmacias desenvolverse sin dificultad y a sus dueños tener un buen nivel de vida y sin sobresaltos.

La estabilidad económica marcaba esas costumbres; recuerdo que inclusive en las librerías se compraba todo en cuenta corriente y se cancelaba al finalizar el año lectivo, claro está que en una ciudad en la que todos nos conocíamos y la inflación era muy moderada.

Decía que la presencia de la Farmacia Concordia transformó ese ambiente que antes describí, surtiéndose de las marcas que se anunciaban en la radio y en las revistas y al que las farmacias locales se habían resistido denodadamente, tratando de hacerles frente con sus preparados de fabricación local.

Jabón Lux, aquel de 9 de cada 10 estrellas de cine…Kolynos, Colgate, Max Factor, Helena Rubinstein, Palmolive llenaron sus estantes. Algunos fabricantes nacionales también compitieron con algún éxito como Jabón Federal y Manuelita, de claro sentido nacionalista. La Farmacia Concordia hizo grandes stock de marcas consagradas y además se convirtió en proveedor de medicamentos a las instituciones -algo no explotado antes-.

Los medicamentos de “venta libre” y propaganda masiva como Linimento Sloan, Mejoral, Lysoform, Emulsión Scott, Pildoritas Reuter, Geniol, Untisal los vendía con sustanciales descuentos y se hizo rápidamente de fama de ser una farmacia “barata.”

El moderno local mostraba a las claras su disposición a disputar el terreno comercial a todos. En su interior se leía “Farmacia Concordia, la mayor de Entre Ríos” y otro cartel que decía “En esta farmacia no se dice no hay, salvo que el producto falte en plaza o no se fabrique más”

Todos estos cambios, introducidos en un ambiente muy estable y de respeto profesional, como era de suponer, produjeron una verdadera convulsión con consecuencias desfavorables para quienes se afe-rraron a los viejos moldes.

Además, un hecho adicional entró a jugar a favor de la confusión general producida en el ámbito farmacéutico: comienza la Segunda Guerra Mundial y con ella, todo tipo de escasez y no sólo en el ámbito farmacéutico.

Sin embargo, Don Jacobo Pitashny había hecho contactos con importantes laboratorios y gracias a esos contactos, se proveía de drogas que en el Uruguay, por ser país partidario de los aliados nunca faltaron, mientras que en la Argentina por ser neutral dejaron de ingresar.

Reinvertía todo en su farmacia, a la que agrega una droguería mayorista (Droguería Concordia) de accesorios y de perfumería con clientela en toda la zona y en el sur de Corrientes, contando para ello con un plantel de viajantes.

Un recuerdo personal que me contó un farmacéutico, recién recibido en aquellos tiempos, al que Don Jacobo Pitashny le dijo que cualquier inconveniente que tuviera invocara su nombre en el Laboratorio Squibb, y al hacerlo, el mismo gerente lo atendió con total deferencia, tanta era su influencia.

El Sr. Pitashny hizo una enorme fortuna con la farmacia y la droguería y en 1956 vendió muy bien haciendo un formidable negocio, tanto la farmacia como la droguería a una sociedad, Cuesta Yáñez de Concepción del Uruguay y se radicó definitivamente en la Ciudad de Buenos Aires.

Los empleados de la farmacia “Concordia” también merecen un párrafo aparte, ya que no puedo dejar de recordar a Ricardo Schurlein, muy amigo de los niños. Era de los que nos daban de “yapa” un paquete de pastillas de menta o esas verdes de eucaliptus, igual que los hermanos Romero, un muchacho llamado César y una chica Elba, que era muy bonita y amable. Recuerdo también a Nilda Guerrico, también de gran amabilidad y que trabajó allí hasta hace algunos años. Demetrio que era quien estaba a cargo de las drogas y preparaciones. También el moreno Gervasio Da Silva desempeñándose en tareas menores, pero siempre presente y también amigo de los niños (que éramos nosotros).

También un recuerdo a la cajera de la farmacia durante muchísimos años, la Srta. Reibel que vivía a una cuadra de la farmacia, en Sarmiento casi B. de Irigoyen.

Los nuevos propietarios continuaron con la misma planta de empleados y contrataron un administrador, (Aarón Eskliar) que vivía en la casa de calle San Martín 104 y durante algún tiempo administró tanto la farmacia como la droguería. Sin embargo por cuestio- namientos importantes a sus manejos contables, su situación con los propietarios se volvió insostenible y debió dejar su cargo de una manera bastante abrupta.

Por sugerencia del antiguo propietario Sr. Pitashny, contrataron al Sr. Isaac Zipilivan, que era un antiguo empleado de confianza de la farmacia, aunque más vinculado a la “Droguería Concordia.” El Sr. Zipilivan, cuando se retiró de la Concordia, se había iniciado con una Perfumería a la que denominó “Vergel” en la ca-lle San Martín. Don Isaac Zipilivan aceptó el cargo en el que se desempeñó durante muchos años haciendo honor a la confianza que en él se depositó. Luego pasó a ser gerente de la Droguería Concordia. A cargo de la farmacia quedó la Srta. Dora Brodsky, también esta empleada de muchos años permaneciendo ambos en sus cargos hasta que tanto la droguería como la farmacia se vendieron a la Droguería Chajarí de Alberto Grand e Hijos.

La Droguería Concordia siguió operando durante un tiempo con la gerencia del Sr. Carlos Tamaño, pero ya su participación fue declinante hasta su cierre.

De la farmacia pasó a ser gerente un antiguo empleado, el Sr. José Chicco quien la supo llevar co- rrectamente, (pero los tiempos del predominio de la Farmacia Concordia habían concluido) hasta que contando con su experiencia adquirida en los muchos años en el ramo, José Chicco puso su propia farmacia.

Al decir de algunos farmacéuticos de Concordia, la de Jacobo Pitashny fue una verdadera escuela en cuanto a la forma de encarar los negocios ya que su modus operandi se trasladó a ex empleados, que abrieron sus propios locales. Ejemplo de ello fue Don Boris Petasne, primo de Jacobo Pitashny y con pocas di- ferencias de letras en su apellido, se debía a haber sido sus padres mal anotados por Migraciones y este trabajaba en la preparación de recetas en el laboratorio de la Farmacia Concordia y luego se asocia con el Sr. Rodolfo M. Nolé, farmacéutico de nuestra ciudad y abren una farmacia en (aquellos tiempos) Villa Fe- deral. Luego Boris Petasne regresaría a Concordia para abrir otra farmacia en la calle Güemes y San Luis a la que denomina Farmacia Güemes, teniendo como farmacéutico al Sr. Omar Alejandro Pusterla, luego se traslada a San Luis y Saavedra, ya con nuevo regente, en este caso su yerno, Germán Rafinet.

He mencionado a un antiguo y eficiente empleado de la “Concordia”, el Sr. Ricardo Schurlein, con una gran simpatía y delicadeza en el trato con los clientes. Se puede afirmar sin temor a equivocarnos que Ricardo Schurlein fue la cara visible de la Farmacia Concordia durante muchísimos años. Hasta que también él decide instalar su propia farmacia. En realidad, a mi manera de ver, tal vez sin proponérselo siempre estuvo trabajando para su futuro negocio. Y así fue que se llevó consigo los mejores clientes de la Farmacia Concordia. Se instaló en Vélez Sarsfield y Brown y su farmacia se llamó Vélez Sarsfield, siendo su regente el Dr. Carlos Siburu.

Ya he mencionado antes que el Sr. José Chicco, quien también fue gerente de la Concordia y resuelve intentar suerte con su propia farmacia, la que instala en la Av. Las Heras Nº 720 con el nombre de “Farmacia Las Heras”. Como se puede advertir, esa especie de escuela y modus operandi se trasladó a ex empleados de la “Farmacia Concordia” que ni siquiera conocieron al Sr. Pitashny, ya que por edad que tenían no pudieron haberlo conocido y sin embargo todos ellos emprendieron fortuna por su cuenta y se puede decir que todos ellos fueron exitosos.

                                                                                                                                                                      Hoy la Farmacia Concordia pertenece al Sr. Carlos Grand, distinguido profesional, hijo del Sr. Alberto Grand a quien tuve el gusto de conocer y tratar durante muchísimos años y me precio de haber cultivado una amistad con él, hasta su lamentado fallecimiento. Pertenecía a esa estirpe de hombres emprendedores e imaginativos, abiertos a todos los adelantos y además pionero en una actividad que solo era posible en las grandes ciudades, pero él logró hacerlo en una localidad como Chajarí y hacerla conocer y trascen- der en tres provincias.

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