Opinión

30 de Marzo de 2019 - Nota vista 772 veces

LA HONESTIDAD

Se cuenta que allá por el año 250 A.C., en la China antigua, un príncipe de la región norte del país estaba por ser coronado emperador, y por tanto, de acuerdo con la ley, debía casarse.

Sabiendo esto, decidió hacer una competencia entre las muchachas de la corte para ver quién sería digna de su propuesta y abrirse a la posibilidad de conocerla. Entonces, el príncipe anunció que recibiría en una celebración especial a todas las jóvenes solteras del reino y lanzaría un desafío.

Una anciana que servía en el palacio hacía muchos años, escuchó los comentarios sobre los preparativos; y sintió una leve tristeza porque sabía que su joven hija tenía un sentimiento profundo de amor por el príncipe. Esa noche, cuando llegó a la casa y le contó a la joven sobre la ce- lebración, se asombró cuando ella se propuso asistir. Sin poder creerlo le preguntó:

- ¿Hija mía, que vas a hacer allá? Todas las muchachas más bellas y ricas de la corte estarán allí. Sácate esa idea insensata de la cabeza. Sé que debes estar sufriendo, pero no hagas que el sufrimiento se vuelva locura.

Y la hija respondió:

- No, querida madre, no estoy sufriendo y tampoco estoy loca. Tal vez no seré elegida, pero es mi oportunidad de estar, al menos, por algunos momentos cerca del príncipe. Esto me hará feliz.

La noche de la celebración la joven llegó al palacio, esbelta, con la mirada alta y con la más bella sonrisa. Allí estaban todas las muchachas del reino, compitiendo con sus vestidos, peinados, zapatos, joyas y maquillajes. Finalmente, luego del ágape, el príncipe anunció el desafío:

- Daré a cada una de ustedes una semilla. Aquella joven que me traiga la flor más bella dentro de seis meses será elegida para que me acompañe.

La propuesta del príncipe seguía las tradiciones de aquel pueblo, que valoraba mucho la especialidad de cultivar algo, sean: costumbres, amistades, relaciones, etc.

 El tiempo pasó y la dulce joven cuidaba, día tras día, con mucha paciencia y ternura de su semilla, pues sabía que, si la belleza de la flor surgía como su amor, no tendría que preocuparse con el resultado.

Pasaron tres meses y nada brotó. La joven intentó todos los métodos que conocía, pero ningún brote había nacido; y así con el paso de los meses, su sueño se había desva- necido, aunque su inmenso amor la sostenía en el desafío.

Y pasaron los seis meses y… nada había brotado. Cons- ciente de su esfuerzo y dedicación, la muchacha le comunicó a su madre que sin importar las circunstancias ella regresaría al palacio en la fecha y hora acordadas, sólo para estar cerca del príncipe por unos momentos más.

Y en la hora señalada estaba allí parada en el salón principal con su frasco vacío. Todas las otras pretendientes tenían una flor, una más bella que la otra, de las más va- riadas formas y colores. Ella estaba admirada. Nunca había visto una escena tan bella.

Finalmente, llegó el momento esperado y el príncipe observó a cada una de las pretendientes con mucho cuidado y atención. Después de la meticulosa mirada, anunció su resultado.

Aquella bella joven con su vaso vacío… era la elegida.

Todas las presentes tuvieron las más inesperadas reacciones. Nadie entendía por qué había escogido justamente a la joven que no había cultivado nada.

Entonces, con calma el príncipe explicó:

- Ella fue la única que cultivó la flor que la hizo digna de convertirse en la futura emperatriz: es la flor de la honestidad. Todas las semillas que entregué eran estériles.

HONESTIDAD Y CORRUPCIÓN

La honestidad es un valor propio de los seres humanos, muy ligado a los principios de verdad e integridad. Una persona honesta es aquella que expresa la verdad en sus pensamientos, expresiones y acciones, que es transpa- rente, sincera y clara. La honestidad, no solo tiene que ver con la relación con los demás o el entorno, sino también con uno mismo, la mayor honestidad equivale a un completo equilibrio entre lo que se piensa, se dice y se hace, a un orden dentro de cada uno, a una coherencia.

La honestidad ayuda a cultivar la confianza, que es el combustible básico para profundizar en las relaciones humanas, y para que las mismas se desenvuelvan en un clima armonioso y pacífico.

Lo contrario de la honestidad sería la deshonestidad, que se la asocia con la hipocresía, el engaño, la mentira, la falta de ética e incumplimiento de las normas, en síntesis, con la corrupción; tema muy vigente en la sociedad actual; donde -parece- vivimos en el mundo del revés, dado que ser honesto es ser aburrido, desactualizado y ser corrupto es ser listo y estar a la moda.

LA FLOR DE LA HONESTIDAD

El principal instrumento para disminuir la corrupción es la formación, la educación en valores y en responsabilidad. Necesitamos un cambio de cultura, de hábitos, de actitudes; formar nuevas generaciones de líderes dando valor a la honestidad y a la integridad como personas.

La honestidad viene del corazón, es una condición fundamental para las relaciones humanas, para la amistad y la auténtica vida comunitaria. La honestidad respeta la vida, se caracteriza por la confianza, la sinceridad y la apertura, y expresa la disposición de vivir a la luz de la verdad.


María Inés Francisconi

Desarrollo humano

Abogada mediadora

Coach Ontológico

Contacto: Ine.francisconi@gmail.com

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