Opinión

28 de Marzo de 2019 - Nota vista 920 veces

VIOLENCIA: una feísima enfermedad

Realmente las imágenes que una y otra vez los noticieros u otros programas reproducen hasta el hartazgo, nos obligan a asumirnos como violentos, pendencieros, todos guapos del 900 dispuestos a copar la esquina con un cuchillo.

Esta violencia, latente en cada uno de nosotros, es una enfermedad propia de nuestro tiempo que no debería resultarnos una novedad y que, lamentablemente, se ha generalizado, incluso en los más pequeños.

Cuando a Einstein, le preguntaron con qué armas se lucharía en la tercera guerra mundial, él contesto: “No lo sé, pero en la otra guerra que le siga, si sé, seguro que se tendrá que luchar empuñando un cuchillo.”

Y quienes contemplamos las imágenes que muchas veces nos proyecta la televisión, tenemos la fuerte sensación de haber alcanzado nuestra propia cuarta guerra.

Las piedras, los palos, las fogatas, las bombas y demás elementos que brotan en lugares que sólo deberían ser para el esparcimiento o para el tránsito acelerado hacia nuestro hogar, nos retrotraen a nuestro más hondo primitivismo.

¡Qué pena que el hombre se haya tornado tan violento!

Y, justamente, leyendo algo muy interesante sobre reacciones violentas, supe que romper la guitarra, es un fetiche que a los músicos de rock les encanta, pero el primero fue el cantante de la banda inglesa llamada “The Who”.

Fue en septiembre de 1964, en el “Railaway Hotel”, en Harrow, Londres, cuando el líder de “The Who”, Pete Towshend accidentalmente quebró el mástil de la guitarra al golpearlo contra el techo del local donde estaban tocando. Al ver la respuesta del público, tomó la guitarra rota y la terminó de destrozar contra el escenario para luego agarrar otra y seguir con el show.

A partir de entonces hicieron lo mismo en todos sus shows como sello característico.

Algunos músicos prontamente los imitaron, entre ellos Jimmy Hendrix, quien, además les prendía fuego.

No me caben dudas de que el corazón humano se asemeja a un cofre. En él caben una infinidad de sentimientos, emociones y recuerdos, tanto buenos como malos.

El rencor o resentimiento es un sentimiento que usa el corazón como nido, apropiándose de él y ensuciándolo en demasía. No debemos olvidar que un corazón limpio es fuente de buena vida, mientras que un corazón sucio no conduce bien nuestro existir.

Por fortuna, nos enteramos a veces que también suceden acciones encantadoras. ¡Violencia, violencia, violencia! ¡Qué pena de ver al hombre arrastrado por ella! Reconfortante resulta enterarse de sucesos que no se encuadran en eso. Lástima que no son la mayoría.

Seguramente por esto y por más, el siempre recordado Víctor Sueiro en su libro “Milagros más que nunca”, nos dice:

“AMA

Por que la vida sin amor no vale nada.

La justicia sin amor te hace duro.

La inteligencia sin amor te hace cruel.

La amabilidad sin amor te hace hipócrita.

La fe sin amor te hace malhumorado.

La cultura sin amor te hace distante.

El orden sin amor te hace extraño.

El apostolado sin amor, te hace agresivo.

La agudeza sin amor te hace extraño.

La amistad sin amor te hace interesado.

La posesión sin amor te hace avaro.

La responsabilidad sin amor te hace implacable.

El trabajo sin amor te hace esclavo.

La ambición sin amor te hace injusto.

Y ama.... porque el amor es la vara con la cual Dios nos medirá cuando estemos frente a Él”.

Buen Consejo, ¿verdad? ¡Gracias Víctor Sueiro!


María Rosario Echeverría

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